Bad Bunny en Chile: Venimos a pasarla cabrón

Bad Bunny
Fecha: 11 de mayo de 2018
Lugar: Movistar Arena
Productora: T4F+Bizarro
Fotógrafo: Ramón eMe Gómez
Periodista: Samuel Fuentes

El viernes llegó uno de los fenómenos de la música latinoamericana de los últimos años: Bad Bunny. El joven puertorriqueño llegó a nuestro país avalado por millones en ventas, otros millones más en visitas en YouTube y un recinto prácticamente vendido completo.

Con tan solo 23 años, el exponente del trap se echó rápidamente al público al abrir con uno de sus grandes éxitos: “Tu no metes cabra”. El karaoke se formó inmediatamente en el público que repletaba el recinto del Parque O’Higgins, confirmado en su mayoría por jóvenes e incluso niños.

Minutos después, ya desplegando todo su arsenal de canciones, Bad Bunny ya estableció el funcionamiento de la noche: Canciones interpretadas con su mejor capacidad vocal –la cual no es la mejor del medio, algo sabido incluso por él–, bajos muy potentes e interacciones reiterativas con los asistentes, incluso dividiéndolos para algún tipo de competencia. Sabe que la mitad del show sale desde cada uno de los que va al concierto y lo explota de gran manera.

Lo único que necesitó para esto fue un escenario con grandes pantallas, un DJ a sus espaldas y las bases que ya lo han hecho popular. Su ropa asimilaba a la de muchos otros asistentes, con jeans rasgados, una polera negra y una chaqueta de mezclilla, lejano a lo mostrado en varios de sus videos y de otros músicos del género, quienes ostentan su poder económico a través de diferentes piezas de joyería.

Pero Benito Martínez, su nombre real, sabe que la conexión llega de otra forma, por lo que se muestra como uno más. Esto quedó plasmado cuando se bajó del escenario durante “Tú no vive así”, en donde eligió a uno de los miembros del público para que cantara las partes de Arcangel. El joven, de nombre Lucas, fue la envidia de los miles que repletaron el Movistar Arena, interpretando sin errores la letra del músico que acompaña al  Conejo  Malo en esa canción.

Lo mismo ocurrió con Tamara, una joven a la que subió al escenario a bailar con él. Todo era en el marco de una relajada atmósfera, transmitiéndose a un público que lo disfrutó a plenitud sin agolparse ni provocar grandes desmanes en la cancha general, algo que usualmente ocurre durante los conciertos masivos que incluyen gran cantidad de saltos y gritos.

Lo de nombrar la edad de Bad Bunny no es gratuito, ya que demuestra el potencial que tiene el músico. En la actualidad, es fácil pasar del trap al reggaetón o hip hop, ambos géneros que siguen en constante expansión, reinventándose y manteniéndose durante mucho más tiempo del que algunos pensaban. Y lo sabe, pasando del trap más “tradicional” a “Amorfoda”, canción que prácticamente es una balada romántica, pero que mantiene el sello intacto del músico.

Además, el manejo que tiene del público es sensacional. A veces con bailarinas, otras en solitario, Bad Bunny se apropia de cada rincón del escenario y de cada una de las personas que lo va a ver. Sabe hacerlos cantar, saltar o gritar. Incluso habla en sus códigos, haciendo alusiones a Intagram y Snapchat como uno más de los presentes.

Con la primera de estas aplicaciones es que el músico realizó una de sus primeras intervenciones, al llamar al público a tomarse una selfie junto a cualquier persona que estuviera a su lado, conocido o desconocido. Con esto buscó crear una sensación de comunidad en torno a “La Nueva Religión”, su movimiento filosófico-musical que lleva el mismo nombre de su gira.

En definitiva, lo de Bad Bunny fue una muestra del arrastre que tiene un músico todavía en ascenso. No necesita de música complicada o de una voz privilegiada, solo de energía y compenetración con el público. Eso sí, si llega a volver, deberá superar una vara muy alta establecida por si mismo.

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