Festival SUE 2018: Con Radiohead celebramos la melancolía

Sue 2018
Fecha: 11 de abril de 2018
Lugar: Estadio Nacional
Productora: DG Medios
Fotógrafo: Kena Luppichini // Jaime Valenzuela DG Medios
Periodista: Samuel Fuentes

La noche del miércoles 11 de abril fue una esperada por muchos fanáticos durante casi una década. Radiohead volvía a los escenarios nacionales, nada menos que acompañados por Junun –proyecto paralelo de Jonny Greenwood– y Flying Lotus, uno de los números electrónicos más celebrados de los últimos años.

Este último, ubicado entre dos telones que proyectaban diferentes piezas de arte en la medida que el músico mezclaba en vivo, sorprendió a más de una persona que no lo conocía. Steve Ellison, nombre detrás el seudónimo artístico, presentó un set de pocas pero potentes canciones cuyos bajos hicieron vibrar hasta el último rincón del Estadio Nacional.

Muchas veces parecía como si fuesen dos o tres canciones las que sonaban al mismo tiempo en el recinto de Ñuñoa, cada una apreciable de forma muy clara, pero que juntas entregaban una experiencia totalmente diferente. Esta se disfrutaba a diferentes niveles. Por una parte estaba la música más clara, más suave que llegaba directamente a los oídos, mientras que los bajos hacían que el tacto jugara un importante papel.

A pesar de ser su primera vez en el país, con lo que se podría haber esperado un setlist más diverso, el listado estuvo enfocado en su última y celebrada placa, You’re Dead (2014). Con versiones más rápidas y algo de fresca improvisación, Flying Lotus se ganó cada uno de los aplausos de un show que algunos no querían que terminara. Un aperitivo que calmó el hambre antes de la llegada del plato de fondo.

Posteriormente, casi exactamente a las 21:00, el quinteto llegó al escenario. Eso sí, en la práctica fue siempre un sexteto, al contar con la participación de Clive Deamer, quien ya los ha acompañado desde los tiempos de la gira de The King of Limbs y que cuenta con pasos por Hawkwind y Portishead.

De entrada golpearon con dos canciones de su última producción, A Moon Shaped Pool (2016), responsable de traerlos nuevamente a esta parte del mundo después de un año de descanso de la primera parte de la gira. El público reaccionó inmediatamente a la melancólica melodía de “Daydreaming” y con algo más de cautela con “Ful Stop”.

Luego llegó el primer clásico: “Airbag”, la primera en repetirse de su primer paso por nuestro país en el año 2009. “Myxomatosis” y “Where I End and You Begin”, ambas de Hail to the Thief, fueron las siguientes, siendo la última una sorpresa del setlist, aunque ya había sido adelantada al ser parte de la prueba de sonido.

Con el público ya entregado completamente a la voz de Thom Yorke, apareció “All I Need”, aunque con un comienzo en falso luego de que el propio líder de la banda diera señales de que había algo malo con el sonido. Eso no importó, pues fue solucionado rápidamente y la celebración pudo continuar, aunque para seguir con una emoción que derrocha solemnidad y emotividad: “Pyramid Song”, lo único interpretado del disco Amnesiac (2001).

Si bien el show tuvo momentos altos en prácticamente toda su duración, aquel track tuvo un algo especial, considerando lo profundo de su significado: Una alegoría de la muerte, una especie de auto-encomio desde la vista del protagonista que se enfrenta con el final de todo.

Con “Everything In Its Right Place” la fiesta subió nuevamente la temperatura, aunque los británicos nuevamente lo llevaron al terreno que los hizo más conocidos con otro clásico del disco que dejó su marca a finales de los 90: “Let Down”, del OK Computer.

El tono siguió la misma dirección con “Street Spirit (Fade Out)”, cuyos coros se escuchaban desde la última persona en la galería hasta el primero frente a la reja con una gran intensidad, la que claramente se podría esperar luego de nueve años de espera.

“Bloom” junto con “Identikit”, esta última en una versión notablemente diferente a la del disco, sirvieron de respiro ante otra de las canciones de In Rainbows que presentaron en aquellas dos noches en la Pista Atlética, “Weird Fishes/Arpeggi”.

Ya cerrando la primera parte del set, Radiohead interpretó la última de las canciones de la noche de A Moon Shaped Pool, “The Numbers”, quizá una de las más relajadas de aquella producción que dio un aire fresco ante el demoledor grupo de canciones que vendría.

El trío final fue arrollador: “2 + 2 = 5”, “Bodysnatchers” junto con uno de los grandes cortes de Kid A, “Idioteque”. Los gritos y saltos aparecieron en masa, imposible quedarse completamente inmóvil ante algunas de las canciones más movidas de los de Oxford. Quizá por eso mismo dolió -sí, dolió- el notar que el concierto ya había avanzado bastante y que el final estaba cerca, lo que se marcó aún más con la salida de los músicos del escenario.

Los silbidos y aplausos no tardaron en llegar, esperando generar presión para que salieran nuevamente a entregar otros de los hits que tienen en su extenso repertorio.

Las plegarias fueron escuchadas rápidamente, con la aparición de un track que también fue omitido durante sus primeras dos presentaciones en Chile: “Fake Plastic Trees”, coreada por los miles que llegaron hasta el Nacional.

De ahí vino otra de las sorpresas de la noche con la canción que da título a su segundo disco: “The Bends”. Si bien algo se notó durante todo el show, en esta canción fue aún más llamativo: La guitarra de Jonny Greenwood se escuchaba demasiado baja, especialmente en los solos de aquel track que suelen ser muy potentes y caóticos.

En “Feral”, canción prácticamente instrumental, se pudo ver una postal casi calcada de aquel show que quedó grabado en la mente de los fanáticos. Ed O’Brien -guitarrista- en el costado izquierdo, teniendo a sus espaldas a Phil Selway -baterista- y Colin Greenwood -bajista-. Al centro, el maestro de ceremonias Thom Yorke y a su izquierda, la otra mitad creativa de Radiohead, Jonny Greenwood. Una imagen en la que se veía la forma en la que todos disfrutaban de aquella música, quizá tanto como los que estaban mirándolos desde el público, un lujo que no todas las bandas se pueden dar.

Seguida llegó el primer track conocido de The King of Limbs -álbum cuya gira omitió un paso por Sudamérica-: “Lotus Flower”, seguida por la historia de dolor contada en “Exit Music (for a Film)” y la siempre apreciada “Reckoner”.

Con estas seis canciones, terminó el primer encore. Seis canciones que pasaron muy rápidamente, casi volando, aunque el reloj dijera lo contrario, ya alcanzando más de dos horas de duración hasta ese momento.

Al volver, en medio de gritos y aplausos, Radiohead entregó tres canciones de gran peso para cerrar el show: “Nude”, la imprescindible “Paranoid Android” y el final con una que ya se convirtió en himno, “Karma Police”.

Una vez sonó el último acorde de esta canción, la banda dejó el escenario. Las luces aún no se apagaban y los gritos seguían pidiendo que salieran de nuevo, pero lamentablemente no se dio. Aquel fue el final con “Treefingers” de fondo, tras dos horas y veinte minutos de un grupo que demoró casi una década en volver.

Ahora habrán discusiones de cuál de los tres shows fue el mejor y otros incluso se quejaran –totalmente en vano– de la elección de canciones del setlist, pero la conclusión final fue otra: Vimos a una de las bandas más importantes de las últimas décadas, disfrutando (o sufriendo) junto al público con cada una de sus propias canciones, mostrando un repertorio que da muestra de su evolución musical y apropiándose del que quizá es el escenario más grande del país. Un lujo. Ojalá no tener que esperar otros nueve años antes de su próxima visita.

 

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