Kendrick Lamar se ha instalado entre los grande nombres del hip-hop de todos los tiempos. Eso es algo que ya se puede decir sin dudas a sus 38 años, ya con seis álbumes a sus espaldas. Entre ellos se encuentran ya clásicos de la música surgida en Compton, como To Pimp a Butterfly o DAMN, trabajo que incluso le otorgó un premio Pulitzer.
El norteamericano ahora llega de la mano de su GRAND NATIONAL TOUR, la que ha intentado llevar más allá de ser solo una serie de conciertos, transformando esto en una experiencia que ha logrado redefinir el género en los últimos años. Esto también ha sido reforzado por dos factores importantes de la última etapa de su carrera.
El primero fue su pelea con Drake, a quien ha acusado directamente de pedófilo y otros epitetos parte del beef, discusión que se da entre dos o más artistas y que lleva incluso a la publicación de canciones con indirectas y acusaciones. Esto da paso a la segunda, que fue la presentación de «Not Like Us» que logró incluso hasta tener coreografía en el último Super Bowl, el evento deportivo más visto de su país.



Esto puso nuevamente a Lamar en el foco, creando expectativa de lo que sería su posterior gira. Llamativo es que hace algunos años incluso publicó una canción con el canadiense –«Poetic Justice»-, pero con el tiempo se fue distanciando de aquella pose. Mientras Drake siguió explorando un mundo más pop, Kendrick Lamar hablaba de problemas de salud mental, la muerte, la relación con su familia, el racismo y mucho más.
Todo esto se condensa en el GRAND NATIONAL TOUR, donde despliega un show que no solo cuenta con clásicos como «Alright», «HUMBLE.» o «N95», sino que aprovecha de poner énfasis en palabras de forma que no lo hace en sus sesiones de estudio, todo acompañado por coreografías, juegos de luces, fuegos artificiales y otras pirotecnias que le dan más espectacularidad a todo lo que ocurre sobre el escenario.
Algunos incluso comentan que esta gira significa la coronación del músico de Compton en aquella discusión con Drake, quien ha tenido que ver como el rapero ha agotado entradas en prácticamente todas las ciudades norteamericanas donde se presentó, sumando éxito en otras partes del mundo que ha visitado. Esto incluso hace olvidar brevemente el lanzamiento de GNX a finales del año 2024, una publicación que -al igual que DAMN.– salió de forma sorpresiva.
De todas formas, lo que siempre termina brillando son sus letras. En sus últimos trabajos ha aprovechado de rescatar una faceta más íntima, explorando sus propios miedos y cambios dentro de su vida. Esa conexión que logra entre sus experiencias personales y la de sus seguidores, siempre permeada por la realidad social y política de Estados Unidos, lo han ubicado como uno de los mejores letristas de su generación.
Este tour es la consolidación de un relato que se ha construido por casi dos décadas, un repaso por gran parte de la carrera de un artista que ha confirmado que nunca ha olvidado sus orígenes, para bien o para mal. Esa versatilidad le ha permitido explorar canciones de corte más jazzístico -incluyendo colaboraciones de otros grandes como Thundercat– hasta el lado más pop -donde salta rápidamente «LOYALTY.» con Rihanna-, siempre logrando grandes resultados.
Es difícil generar intimidad y cercanía ante miles de personas, pero es esa esencia humana de Kendrick Lamar la que le da tanta potencia a sus canciones. Un artista en constante transformación, impredecible, con una pluma afilada que no se achica ante ninguno de sus pares. De ahí que en estos momentos sea, muy probablemente, el rapero más importante de Estados Unidos.
Así, Lamar se ha transformado en algo más que un músico, sino que en un cronista de la temperatura social y política -masiva y personal- de cada época. Un personaje que ha sabido caminar entre discusiones y éxitos sin perder nunca el horizonte, que ahora llega a Chile para seguir creciendo en su leyenda.
Las entradas se encuentran a la venta a través de Ticketmaster.



















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