A días de haberse presentado en el Festival de Viña del Mar, The Cult aterrizó en el Teatro Caupolicán con un show mucho más extenso y en el que pudo hacer gala de su destacado rol en la historia del hard rock de mediados de los 80, así como de sus inicios cercanos al post-punk gótico.
Con casi dos horas de duración, los liderados por Ian Astbury y Billy Duffy evocaron el misticismo y frenesí del rock de fines de los 70 y principios de los 80. Por eso, llegaron en masa los viejos rockeros que, quizás, los vieron en su debut en Chile 2017. También pudo haber alguno que se repitió el plato y observó en vivo cómo la Quinta Vergara, casi vacía, rendía un homenaje sincero a The Cult, pero que no era digno de semejante banda. Pese a que su bullada participación en el certamen viñamarino dio más para hablar sobre la entrega de premios y la forma en que se terminó su show, el mismo Astbury declaró posteriormente que “es algo muy único de Chile, increíblemente particular y muy ecléctico. Me gustó mucho”.

Así, el recinto ubicado en San Diego 850 se preparó para recibir a cientos de góticos y rockeros más tradicionales. Previo al show de fondo se presentó Dead Christine, artista nacional que rinde tributo al rock oscuro y melancólico. Con temas como “prisión” y “What If It All Goes Down?”, la desolación sonora de la banda liderada por Cristina Forno logró atrapar a los presentes, quienes comenzaban a empaparse de la atmósfera negra y mística.
Con casi 20 minutos de retraso, “Ride of the Valkyries” de Wagner abría los fuegos para la nostálgica velada. En penumbras y con el aroma tibio de los inciensos sobre el escenario, The Cult se mostraba a los suyos.
El riff atronador de Duffy en “In The Clouds” puso a saltar y agitar las cabelleras al público. De inmediato Astbury cautiva con su innegable magnetismo visual. Agita su pandero enérgicamente y da saltos como si estuviera en medio de una rutina de entrenamiento. Entero de negro y con su clásico pañuelo sobre su cabeza, es imposible no recordar el tiempo en que acompañó a The Doors of the 21st Century, donde junto a Ray Manzarek y Robby Krieger revivieron a la legendaria banda del rock psicodélico. Al más puro estilo de Jim Morrison, el británico no camina sobre el escenario, sino que pareciera flotar como si aun fuera un veinteañero. Su agilidad intacta e impredecibilidad de sus movimientos lo sitúa de un lado a otro, alentando a su fanaticada a gritar más fuerte que él.

El cuarteto, integrado también por John Tempesta (batería) y Charlie Jones (bajo) repasó lo mejor de su discografía. A lo largo de sus más de 40 años de trayectoria, The Cult mutó de un sonido gótico y representativo de principios de los 80 al hard rock. Junto a bandas como Echo & the Bunnymen o Siouxsie And The Banshees supieron catalizar las tristes letras y sonidos de una generación huérfana del punk, pero sedienta de un aura existencialista.
Temas clásicos como “Wildflower” o “The Witch” se entremezclan a la perfección con parte de su repertorio más nuevos, como “Mirror” del Under the Midnight Sun (2022).
Las breves pero eufóricas palabras del frontman no hacen más que enardecer a sus fieles seguidores, quienes en tono burlesco pedían “Gaviota”, aquel premio de plata que se les otorgó en el Festival de Viña, pero donde no se les quiso entregar la de oro.
Los puntos más altos de la noche fueron con hits como “Edie (Ciao Baby)”, donde el coro alargado al máximo por Astbury marcó un emotivo momento. Algo similar ocurrió con “Revolution” y “Sweet Soul Sister”, donde la beatería de Tempesta se luce.

Al interpretar “Rain”, el infaltable tema del disco Love (1985) fue cuando más se pudo evidenciar el culto a la etapa darkwave del conjunto inglés. Los melancólicos rasguidos de guitarra de Duffy y la sufrida performance de Astbury son los elementos de The Cult que más enamoraron a su séquito chileno. Ese álbum, en particular, es una oda a las melodías más oscuras que surgieron en los 70 y 80.
Pese a que su era más liga al hard rock con álbumes como Electric (1987) y Sonic Temple (1989) también impactó en el público nacional, es ineludible que gran parte de la convocatoria de The Cult en Chile tiene su base en aquellas que vibran y se maquillan como Siouxsie Sioux, así como quienes se identifican con las letras escritas por Ian Curtis.
El reflejo de lo anterior fue la música escuchada previo al concierto, donde temas insignes del post-punk como The Killing Moon (Echo & the Bunnymen) o Atmosphere (Joy Division) pavimentaron las sensaciones que se vivirían después.
Por eso, cuando sonó el acorde inicial de “She Sells Sanctuary” fue cuándo más se movió el suelo del Teatro. Los saltos y empujones se notaron más que en todo el concierto, mientras Astbury y compañía se despedían del escenario.
El encore partió con otro clásico del Love, porque “Brother Wolf, Sister Moon» prendió aún más al público que no quería tener que esperar otros 8 años para ver a The Cult.

Los últimos dos temas representan lo mejor de la época más fiel al hard rock del cuarteto, con “Fire Woman” (Sonic Temple, 1989) y “Love Removal Machine” (Electric, 1987).
Los inconfundibles movimientos de Duffy, así como los gritos rejuvenecidos de Astbury evocan la época de oro de The Cult. Con el vocalista arrodillado y agradecido del público chileno, la banda británica se despedía de una multitud que pedía por tener de vuelta cuanto antes. Incluso, el propio Astbury parecía implorar por aquello, por lo que no sería raro que regresen pronto.
Un ritual del rock más puro y fiel a sus raíces fue lo ofrecido por The Cult, desde sus orígenes góticos hasta su transformación al rock más crudo. Eso sí, en Chile pareciera que el culto por ellos es más inclinado por lo primero.
The Cult
Fecha: 09/03/2025
Lugar: Teatro Caupolican
Productora: Bizarro
Fotógrafo:
@cqphotographer
Periodista:
@

















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