FOTOS | Helloween en Santander Arena: Cuatro décadas de calabazas


Por Vicente Flores

Hay bandas que sobreviven al paso del tiempo y otras que consiguen convertirlo en parte de su propia identidad. Helloween pertenece definitivamente a la segunda categoría. Cuarenta años después de comenzar a construir las bases del power metal, los alemanes regresaron este viernes 11 de septiembre al Santander Arena para demostrar que el tiempo puede ser inexorable, pero no necesariamente un enemigo. A veces también puede ser combustible, y en el caso de los europeos, lo tienen para mucho rato todavía. 

La noche comenzó con los nacionales de Polimetro, banda reconocida por su virtuosismo y que los ha elevado, desde la década de los 90, como unos imperdibles de la escena del metal progresivo. La agrupación nacional, que ya había compartido escenario con nombres como Stratovarius, Angra y Symphony X, dejó encendida la llama para lo que vendría después. 

Cerca de las 21:00 horas, llegó el momento de encontrarse con quienes, en 1978, pavimentaron los caminos de un tipo de metal enérgico y potente, y que ha influido a innumerables bandas por todo el mundo. Nuevamente, Helloween pisaba suelo chileno, y la fanaticada nacional no defraudó, porque el Santander Arena estaba casi repleto.

Cabe destacar que la formación actual de los alemanes está integrada por Michael Kiske y Andi Deris en las voces; Kai Hansen, Michael Weikath y Sascha Gerstner en las guitarras; Markus Grosskopf en el bajo; y Dani Löble en la batería

“March of Time” fue la encargada de abrir el espectáculo. La elección no pudo ser más apropiada. La canción pertenece a Keeper of the Seven Keys Part II de 1988, uno de los discos fundamentales de la etapa clásica y de la consolidación definitiva de Helloween como uno de los grandes nombres del power metal. Y desde sus primeros acordes quedó planteada la gran contradicción de la noche, porque mientras la letra hablaba precisamente del paso del tiempo, sobre el escenario una banda de cuatro décadas de trayectoria sonaba increíblemente bien, como si aún estuvieran en su época dorada de hace más de tres décadas. 

Luego vino  “The King for a 1000 Years”, perteneciente a Keeper of the Seven Keys: The Legacy de 2005, una composición extensa que sirvió para recordar que Helloween nunca quedó completamente atrapado en la nostalgia. La banda ha atravesado distintas etapas, formaciones, sonidos y crisis, pero siempre ha encontrado alguna manera de reconstruirse, y este tremendo tema lo reafirma. 

Pero todo se desordenó  con “Future World”, canción clásica de 1987, pues esta tema pertenece a uno de los primeros con Michael Kiske como vocalista y que ayudó a establecer las características que terminarían definiendo al power metal europeo. Y ahí estaba Kiske, con su inconfundible tono de voz que no decae, además de su constante aliento al público para cantar junto a él.

Su presencia sobre el escenario tiene algo que va mucho más allá de la nostalgia. Su regreso a Helloween junto a Kai Hansen en 2016, para la gira Pumpkins United, parecía en principio una reunión temporal. Sin embargo, la química entre los integrantes de distintas generaciones fue tan potente que terminó transformándose en una nueva etapa permanente para la banda. Desde 2017, la formación de siete músicos reunió a Kiske, Hansen y Andi Deris, mezclando pasado y presente de una manera que pocas bandas de su generación podrían haber conseguido. Y vaya que ha resultado bien. 

“Ride the Sky”, proveniente de Walls of Jericho de 1985, llevó la máquina todavía más atrás en el tiempo. Allí apareció el Helloween más emergente, veloz y cercano al speed metal, con Hansen recordándonos que antes de ser uno de los guitarristas fundamentales del power metal europeo fue también la voz de aquella primera encarnación de la banda. De hecho, Walls of Jericho fue el único álbum en el que Hansen ejerció como vocalista principal.

Pero había tiempo para todas las épocas de la banda. “Hey Lord!” (1998), y “Hell Was Made in Heaven” (2000), mostraron al Helloween de la época de Andi Deris, una etapa que muchas veces queda injustamente relegada frente al peso monumental de los Keepers. Deris, sin embargo, lleva más de tres décadas siendo la voz que sostuvo buena parte de la historia moderna de la banda. Y verlo compartir escenario con Kiske es extremadamente nostálgico y un regalo en vida para toda su fanaticada. 

Y eso caló aún más hondo cuando Deris y Kiske compartieron protagonismo y hasta se permitieron jugar con “Yesterday” de The Beatles. Por algunos minutos, la velocidad y los dobles bombos dieron paso a una atmósfera mucho más íntima, acompañada de las linternas de los celulares. 

Y si había una canción capaz de representar esa convivencia entre distintas épocas, era “A Tale That Wasn’t Right”. Kiske volvió a tomar el protagonismo vocal y el recinto entero respondió con una tremenda recepción y coro al unísono. 

También hubo espacio para sus más recientes composiciones, que evidencian que Helloween no vive únicamente de sus recuerdos: “This Is Tokyo”, “Universe (Gravity for Hearts)” y “A Little Is a Little Too Much”, canciones pertenecientes a Giants & Monsters, su último trabajo de estudio también fueron energía pura, y el público demostró que no solo llegaron para escuchar los clásicos, sino que también la música que mantiene viva a la banda. 

La propia banda ha presentado este trabajo como una manera de entrar a su quinta década manteniendo intacta su capacidad para experimentar y ampliar su sonido. No parece una banda que simplemente salió de gira para celebrar un aniversario. Parece una banda que utiliza el aniversario como excusa para demostrar que todavía tiene algo que decir.

La parte final del concierto fue, lógicamente, territorio de clásicos. “I Want Out” hizo estallar nuevamente la arena, con mosh y saltos por doquier. La canción, escrita por Hansen y publicada originalmente en Keeper of the Seven Keys Part II en 1988, tiene además una historia particularmente simbólica, ya que fue escrita en un momento en que Hansen estaba cada vez más desencantado con la situación interna y el agotador ritmo de trabajo de la banda. Finalmente abandonaría Helloween poco después. Décadas más tarde, la misma canción se transformó en uno de los himnos más reconocibles de su carrera.

Después llegó “Halloween”, otra pieza monumental de la primera época, antes de que el grupo abandonara momentáneamente el escenario. Pero el público sabía que todavía faltaba lo mejor.

La introducción de “Eagle Fly Free” fue suficiente para provocar otra explosión. Y aquí Kiske volvió a demostrar por qué su voz continúa siendo una de las más reconocibles de la historia del género. La canción es probablemente una de las composiciones que mejor sintetizan el ADN del power metal europeo, con mucha velocidad, melodía, virtuosismo y un estribillo imposible de olvidar.

“Power” y “Dr. Stein” culminaron la noche.  Y sí, el paso del tiempo  se nota en los rostros, en las décadas que separan las distintas fotografías de la banda y, naturalmente, en que ya no estamos frente a aquellos jóvenes que a mediados de los ochenta estaban intentando descubrir hasta dónde podían llevar su mezcla de heavy, velocidad y melodía. Pero sería injusto reducir la noche a la nostalgia por lo que alguna vez fueron.

Helloween hizo algo mucho más difícil, porque se reinventó. Perdió integrantes, incorporó otros, atravesó períodos de experimentación, vivió momentos de crisis, vio partir a sus dos vocalistas más emblemáticos de distintas épocas y, contra todo pronóstico, consiguió reunirlos nuevamente. Andi Deris y Michael Kiske no compiten por quién representa al verdadero Helloween. Kai Hansen tampoco parece estar ahí simplemente para reconstruir el pasado. Los tres forman parte de una misma historia que ahora puede ser contada simultáneamente. Y eso es lo más hermoso que queda para sus fans, un regalo único que pocas bandas se han permitido otorgar. 

El público lo entendió perfectamente. Los clásicos fueron coreados como himnos generacionales, las canciones más recientes recibieron una respuesta entusiasta y cada aparición de Kiske, Deris o Hansen provocó una reacción que dejaba claro que Helloween sigue teniendo una conexión especial con Chile. El recibimiento de esta nueva visita volvió a confirmar ese vínculo. Cuarenta años después, Helloween no parece estar intentando demostrar que sigue siendo la misma banda de 1988. Y quizás esa sea precisamente su mayor fortaleza.

Helloween

Fecha: 11/09/2026
Lugar: Santander Arena
Productora: The Fan Lab
Fotógrafo:    @Cqphotographer
Periodista:    @


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