Con solo entrar al Movistar Arena se sentía que era una generación en particular la que llegó a la procesión por Suede. Entre peinados y ropas se podía identificar rápido, quizá cayendo un poco en el prejuicio, a esas personas adeptas al pop británico y otros de esos sonidos que muchas noches se tomaron (y siguen tomando) la clásica Blondie.
Dentro de ese panorama, Suede casi siempre estuvo en una segunda línea. Si bien el britpop termina encasillando un montón de sonidos diferentes, fueron los de otras bandas las que terminaron abriendo las puertas para que luego otras pudieran llegar como parte de la ola. Y la banda de Brett Anderson supo aprovechar aquello completamente.
Un retraso en la salida de Canal Magdalena fue como un dominó que terminó provocando la salida de los británicos poco pasadas las 21:30 h., con muchos gritos y silbidos mostrando la pérdida de paciencia ante la espera. A nadie le gusta esperar mucho, en especial tras una espera de más de 10 años. En esa oportunidad, como parte de una gira de reunión, el quinteto se subió al escenario del Teatro Caupolicán. Ahora tenían cuatro álbumes más en su catálogo.

Y esa precisamente fue una de las misiones que se puso Anderson desde un comienzo, cuando apareció caminando muy tranquilamente por el escenario mientras sus otros compañeros ya estaban en posición. Acompañados por la proyección en la pantalla de fondo de la portada de su último álbum Autofiction, los europeos presentaron el primero de los cortes de este trabajo que se alzaría como el más representado en el setlist final: «Turn Off Your Brain and Yell».
Tomando aquella canción como consigna, nos encontramos con un frontman lleno de energía, sin miedo a acercarse al público y con un tono quizá más rockero que aquel que tenemos en nuestras mentes al pensar en Suede. Seguir con «Personality Disorder», también de aquel trabajo, fue la señal de que escucharíamos clásicos, pero que también tendríamos que aceptar que vemos a una banda que quiere mostrarse vigente y no nostálgica. Gran labor de Richard Oakes en ese sentido, con una guitarra que sonaba fuerte y pulcra como escudera de la voz de Anderson.
El primer clásico vino con «Trash», un regalo que prendió todavía más al público que ya había tenido una buena recepción de estas canciones que dentro de su «novedad» (ya han pasado dos años desde su lanzamiento) tampoco llegaron con tanta fuerza a quienes no son seguidores de la banda. Esta la terminó con el drama que tanto esperábamos, con Anderson tirado en el suelo tras haber cantado a coro con el público el «we’re trash, you and me«.

Con el paso de las canciones pudimos ver muchas facetas de Anderson: mucho movimiento de lado a lado del escenario, una que otra mirada cómplice con el público, los rostros de sufrimiento o la constante petición de hacer más ruido. Y también el baile, como vimos con «Animal Nitrate». Fue difícil no notar que la gente prendía y disfrutaba la música de Suede, pero nunca alcanzó ese fervor que despiertan otras que se podrían catalogar de similares. ¿Fue un show aburrido? Para nada, pero algo faltó. Esto incluso lo notó el líder de la banda, quien siempre solicitó un esfuerzo más ya sea con los cantos, los aplausos, los saltos y cualquiera de esas formas de expresión que tenemos desde la cancha.
Dentro de lo último lanzado también hubo un espacio para The Blue Hour (2018) con «Life is Golden», canción que salió hace menos de una década pero que también hace recordar a Pulp o Richard Ashcroft. Esto no es para nada malo, sabemos que en la música prácticamente está todo inventado, por lo que rescatar esos guiños y darle una vuelta más actual les da un valor especial. Ahí está la demostración de vigencia.
En esa misma línea también pudimos presenciar el debut sudamericano de «Antidepressants», canción que será parte de su próximo trabajo de estudio que probablemente salga este año y que mantiene la misma lógica anterior: un sonido rockero que no tiene edad con guiños a esos diferentes sonidos que durante los 90 llegaron a Sudamérica desde las islas.

Así como al comienzo del show con «The Drowners», uno de los caballitos de batalla de Anderson fue el bajar a compartir con el público. La falta de cámaras y pantallas laterales hacía que nos guiáramos en la posición del frontman solo por los focos que lo iluminaban con cada paso, siendo también testigo de cómo el público se comprimía en dirección al escenario como si el músico fuera un magneto. Así no solo choco manos, abrazó y cantó, sino que también logró fotos y videos que quedarán en la memoria de aquellos fanáticos que lo siguen hace décadas. Es difícil que Suede se vuelva un gusto de los últimos años, la mayoría de los ahí presentes -en la medida que la edad lo permita- lo conoce desde la adolescencia.
Tras un pequeño momento de Autofiction con «She Still Leads Me On» y «Shadow Self», se rescató «I Don’t Know How to Reach You» de Night Thoughts, cerrando así su etapa post-2000 sin ningún guiño a A New Morning (2002) o Bloodsports (2013). Desde ahí solo clásicos: a una emotiva versión acústica de «The Wild Ones» se le sumaron clásicos como «So Young» y «Metal Mickey», a las que les siguió la que debe fácilmente ser una de las obras cúlmines de ese movimiento catalogado simplistamente como britpop: «Beautiful Ones». Esta comenzó con un juego de voces con muchos «la la la » entre Anderson y el público, el que reaccionó rápidamente a aquello. Un himno, difícil no hacerlo.

Todavía con la sorpresa de la despedida tras esta canción con poco más de una hora sobre el escenario, la banda se fue. Como siempre, en un par de minutos volvieron al escenario, todavía con la emoción de aquel último temazo presente para tirar el último golpe: «New Generation», del exitoso Dog Man Star que se instaló dentro de los mejores álbumes de su género en el Reino Unido. Sin dudas.
Solamente quedaron las ganas de escuchar «It Starts and Ends with You» que aparecía en el setlist, pero no fue interpretada, probablemente por la demora en el comienzo del show. De todas formas, un detalle tras ver a un Anderson que a sus 57 años sigue siendo capaz de generar las mismas emociones que hace una, dos o hasta tres décadas atrás.
Muchos fueron por la nostalgia, pero eso quedó atrás muy rápido. Con un sonido en vivo ensordecedor, rockero y muy pulido, la visita de Suede fue una que no tuvo ni un poco de despedida o sensación de grandes éxitos. Probablemente con este nuevo disco anunciado tengan otra visita, esperamos que no demore más de 10 años nuevamente, porque de esa energía queda mucho y para rato.
Fotos: @Garygophoto

















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