Iban algunos minutos de atraso para el comienzo del show de Garbage cuando un comentario se repitió en la cancha del Movistar Arena: «Ojalá no sea tanto como Suede«. Afortunadamente no pasó ni la mitad del tiempo de la noche anterior para que ver a la banda escocesa-norteamericana apareciera sobre el escenario mientras sonaba la popularmente conocida como «canción de Laura Palmer» de Twin Peaks, el clásico del recientemente fallecido David Lynch.
Y así como las obras de Lynch pueden tomar cierto tiempo en ser entendidas, el mazazo que significó la llegada de Shirley Manson y compañía también tomó algunos minutos para asimilar. Ante un espacio casi completamente negro, la respuesta de la cantante fue un vestido de muchas texturas con detalles en verde, otros que brillaban bajo la oscuridad y muchos otros que hacían mucho más atractiva la idea de seguirla con la mirada. Junto a ella, luces de colores que borraban los límites del espacio visible.

A cada lado tenía a un multiinstrumentalista: Duke Erikson a su izquierda, Steve Marker a su derecha. El primero más extrovertido, cercano al límite de la tarima, dándole un aire de cool a sus guitarreos que coquetean con el noise. Y atrás, otro histórico tanto sobre los escenarios como dentro del estudio: el baterista Butch Vig. No falló ni un golpe con las baquetas, transmitiendo esa sensación de que sabe precisamente cuándo y cómo golpear para conseguir el sonido que deseaba.
Junto a los cuatro estables, tuvimos otra invitada que anteriormente ya había visitado este recinto. Hace más de una década, Nicole Fiorentino llegaba al espacio del Parque O’Higgins junto a Billy Corgan como parte de una alineación de los Smashing Pumpkins que no duró tanto, pero más por designios del calvo músico que por su talento. En silencio y a un costado de Vig, cumplió tanto con las cuatro cuerdas como con las segundas voces. Una gran adición al equipo.
Volviendo al show como tal, con «Queer» pudimos disfrutar a Manson al centro del escenario lista para ser admirada por los cientos y cientos que cada vez se acercaban más al público. Con «Fix Me Now» ya empezó a moverse con la particularidad de llevar su mirada por el público con la intención de conseguir contactos visuales con la gente, penetrando con sus ojos azules para ya hacer sentir todavía más especial a gente que ni esperaba los mensajes que llegarían.

Tras un arranque bastante intenso, llegaron las primeras palabras. Parecían ser las clásicas de buena crianza, con lindas palabras para Santiago y su gente, pero luego llegaron a la parte de los detalles donde se pudo ver que había una conexión especial con el país. A pesar de no haber visitado hace bastantes años, tenían vínculos que volvieron a aparecer y despertaron esos recuerdos Garbage/Chile que alentaron bastante a los presentes. Después de eso se hizo mucho más creíble el que dijera que nuestra capital está entre las ciudades favoritas de Manson.
De hecho, de uno de sus pasos por Chile -según la vocalista- nació la canción «The Men Who Rule the World» que terminó con varios puños en alto cantando el «hate the violator, destroy the violator» mientras el escenario se teñía de verde, quizá como guiño al color tomado por el movimiento feminista durante la última década. Y todo esto bajo un sonido que mezcla lo potente del rock y lo pegajoso del pop, con una estridencia que querría cualquier banda neoyorkina.
Siempre es agradable sentir que el show está preparado, pero no maqueteado. Es decir, que todas las canciones están preparadas y hay coherencia en lo que se va mostrando, pero con partes móviles y mucho espacio a la espontaneidad e improvisación. Entre varias cosas, esto se traduce en no repetir setlist entre uno y otro show. Parte de esos espacios de liviandad lo vimos con el falso inicio de «Blood fot Poppies» que terminó provocando más risas que preocupaciones.

Recién a estas alturas del show apareció la pantalla de fondo, que hasta ahora se mantenía en un negro que solo ayudaba a potenciar la imagen de Manson en el primer plano de todo. Y no solo hubo novedades sobre el escenario, sino que también en la gente que repletó el Movistar Arena prendiendo las luces de sus teléfonos durante la presentación de «Cup of Coffee» para resultar en un gesto de sentirse conmovida por parte de la frontwoman.
Aquí vino una seguidilla de éxitos sin pausas que generó largos minutos de karaoke: «Vow», «Special», «Stupid Girl» -incluyendo bailes de Manson-, «Only Happy When It Rains» y «Milk». Una selección de grandes éxitos como un regalo para la gente que no dejó de cantar ni saltar durante ya más de una hora.
Y siguiendo la historia de Garbage, claramente Shirley Manson envió un mensaje de apoyo a la comunidad LGBT+ entre tanto embate de la extremaderecha en todo el mundo, haciendo énfasis en lo que ocurre en Estados Unidos con las políticas retrógradas impulsadas por su actual presidente. Así también pudimos disfrutar éxitos como «I Think I’m Paranoid» y «Cherry Lips (Go Baby Go!)», incluyendo en esta última uno de los tantos juegos entre Manson y el público para los coros. El público no falló en ninguno, provocando más de una sonrisa en la cantante. Una sonrisa muy cálida, genuina y contagiosa.
Para hacer más especial el espectáculo, la cantante tuvo palabras especiales para Pilar, a la que reconoció como una de las mayores fans de la banda de todo el mundo. Y sus palabras tienen mucha verdad: entre tantos grupos, artistas y cosas de las cuales una persona puede demostrar fanatismo, agradece haber sido la elegida como recipiente de ese amor y apoyo. Como regalo para ella, le envió con su marido el par de guantes que estuvo utilizando durante la noche. Incluso siendo un detalle para una persona en particular, el Movistar Arena entero repartió aplausos por el reconocimiento. Nunca olvidamos que vivimos casi al final del mundo.

Ya con las dos horas muy de cerca, el cierre de «You Look So Fine» llegó con una Shirley Manson con guitarra al hombro apoyando al potente sonido de la agrupación. Es real que el rock que despliegan no tiene nada que envidiar a otras bandas que se podrían considerar como más «pesadas», con dos guitarristas que también cuentan con los conocimientos de producción que parecieran entregarles todas las herramientas para sonar fuerte y pulcros a la vez.
La despedida duró nada, volviendo para dos temas que enfrentaron con las energías que quedan tras casi dos horas de show sin pausas: «No Horses» y «When I Grow Up». Como todo lo anterior, rápido y sin dar respiro, las terminaron para despedirse ahora definitivamente.
Si bien se puede sentir como pesimista, el mensaje de Manson es real: nunca sabemos lo que puede pasar en el futuro, por lo que solo queda disfrutar, cuidarse y cuidarnos entre todos. Muchos estrecharon todavía más su relación con Garbage, un grupo que debería volver mucho más seguido a Chile y que entiende que la música va mucho más allá que solo los discos, canciones e instrumentos. Quedó la vara alta para el resto de los shows de su tipo.

















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