FOTOS | Incubus en Chile: Ya no es lo mismo


Finalmente llegó el día. Tras varios meses de espera, que incluyeron una participación en el Festival de la Canción de Viña del Mar, llegó Incubus para dar el primero de sus tres shows en el Movistar Arena. Llamativamente el que fue anunciado al final fue también el primero en ocurrir, dándole un pequeño regalito a aquellos fanáticos y fanáticas que quedaron fuera en la caótica compra de los primeros dos anuncios.

Eso sí, antes de su salida al escenario tuvimos un número chileno para calentar los ánimos: Los Tetas. Ahora en formato dúo, con los reconocidos Rulo y C-Funk al frente, hicieron un repaso tanto de sus clásicos históricos (no faltó «Papi, ¿dónde está el funk?»), así como otras de las composiciones más nuevas.

Con una alineación que contó con lentes oscuros como detalle institucional -accesorio solo abandonado por su corista- dieron una contundente media hora de espectáculo. Por un tema generacional, muchos de los asistentes también conocían las canciones más antiguas de la agrupación, entregando ritmos bailables que tuvieron bastante buena acogida para soportar esa espera que se hace más larga cuando menos minutos quedan.

Y así como tuvimos media hora de show, luego vino otro bloque más de preparación del escenario. Algunas pantallas grandes y focos acompañaban un escenario predominantemente negro, asomando por ahí algunas plataformas y rampas que le dieron otra profundidad también a la disposición de los músicos.

Llegó la hora, pero las luces no se iban. Después se apagaron, pero ahí los minutos se hicieron todavía más largos. Los silbidos, fruto de la ansiedad, se hacían más y más fuertes con un público que siguió llegando por sobre la hora al recinto del Parque O’Higgins. Sea por trabajo, por la seguridad de contar con un asiento designado o el motivo que sea, ya se está haciendo costumbre que la gente ingrese incluso después de la hora señalada como inicial.

Hasta que aparecieron los cuatro, sin su líder Brandon Boyd. La música empezó de menos a más y la gente comenzó a apretarse. Y es que se sabía que comenzaríamos con el repaso de Morning View en su versión Morning View XXIII, con un listado de canciones que ha acompañado por décadas a los fanáticos. Eso sí, los gritos por Boyd también se dividieron para la nueva bajista Nicole Row. Pocas veces una nueva adición a una banda tiene tal nivel de aplausos.

No fue una sorpresa comenzar con «Nice to Know You», tampoco escuchar a la gente sumarse al scat característico del californiano al abrir esta canción, pero sí la potencia con la que sonó. Desde la entrada Incubus te muestra que esa fuerza sigue presente, logrando que la gente saltara y gritara igual que como sonó hace casi 20 años en su primera visita a Santiago.

De lejos la magia se mantiene en todo su esplendor. Boyd generando gritos y suspiros desde el primer minuto, vestido con el mismo estilo que lo ha acompañado desde que se hizo conocido a comienzos del milenio. Lo mismo del resto de su banda: Mike Einziger ubicado a su izquierda haciendo ver simple todo lo que logra con su guitarra, la ya nombrada Row a su derecha con mucha personalidad, el querido DJ Kilmore a sus espaldas y histórico José Pasillas en las baquetas.

Dentro de los cambios que se pueden escuchar en sus canciones se puede ver un poco más de protagonismo para Row y algunos guitarreos más de rock tradicional, ambos presentes en «Circles». Allí donde Boyd podría jugar con la nostalgia, prefiere hacer una actualización y no caer en una parodia de si mismo. Es darle el espacio a cada uno para que pueda jugar con sus labores, dándole una vida fresca a canciones que ya eran clásicos. Arriesgado, pero funcionó tanto en el álbum como en vivo.

Ese riesgo de cambiar algo conocido también lo tomaron con uno de los estandartes de Incubus: «Wish You Were Here». Los scratches de DJ Kilmore al comienzo le dieron una sensación de familiareidad a la música, quizá en una de las que menos cambios se pueden apreciar, aunque son detalles que sus seguidores igual pueden notar. Ese coro se cantó a todo pulmón en gran parte del Movistar Arena con una banda que ya apreciaba lo que podía causar.

Lo mismo ocurrió al pasar por «Just a Phase» o «11am», aceptando esas pequeñas modificaciones mientras veíamos cómo lentamente empezaban a poblar todo el escenario. Nada era completamente estático, incluyendo hasta un gong para sumar y sumar nuevos sonidos con los cuales sorprender. Porque esa fue una de las misiones: lograr sorprender y encantar con algo ya conocido, como preparar el plato de comida estrella con un giro que lo haga sentir diferente. No completamente, no es necesario, pero lo suficiente para que se sienta la diferencia con el pasado.

«Blood on the Ground» la enfrentaron de forma acústica, con Boyd sentado tirando esas enojadas frases de «I don’t want to talk to you anymore, I’m afraid of what I might say«. Esto va incluso diferente de lo presentado en Morning View XXIII, por lo que tampoco tenían la obligación de serle completamente fiel a lo nuevo. Todo en movimiento, todo cambiando, nada estático, casi como un mantra para la vida.

Uno de los momentos emotivos llegó con «Mexico», incluso cambiando su letra para sumar el «Santiago», guiño a una ciudad que nunca les ha fallado en términos de convocatoria. De ahí a otro clásico: «Warning». Si uno daba vuelta la cabeza, además de muchos jóvenes también se veían muchas cabezas con canas poniéndole emoción a un tema que explotó en tiempos donde MTV todavía marcaba pauta, video que ya superó las dos décadas de vida.

De a poco Brandon Boyd y Nicole Row, los dos más atentos al público, se empezaron a soltar. Él sacándose primero su camisa para tener mejor movilidad, ella respondiendo con corazones coreanos y otros gestos al público que le gritaba a cada espacio de silencio. El carisma y seguridad de la bajista sobre el escenario es algo a lo que se deben aferrar, realmente entrega nuevos de los cuales nutrirse pensando a futuro.

De todas sus visitas, esta fue recién la segunda vez que suman «Echo» a sus setlist. En esta nueva edición, donde la bateria también tiene un papel más protagónico, se generó también otro lindo karaoke entre la banda y el público. Y también una que tiene uno de los más grandes cambios, entregando casi una catarsis al final. Y es que Brandon Boyd tenía un ojo muy puesto en cómo se disfrutaban las canciones, alentando los gritos y la participación en general de la gente.

«Have You Ever» fue un pequeño respiro para luego disfrutar otro de los clásicos de la banda como es «Are You In?» con toda esa atmósfera que se crea, momento en donde aprovecharon de mezclarla con «In the Air Tonight» de Phil Collins. Un detalle similar ocurrió con un Brandon Boyd arrodillado para cantar brevemente «Umbrella» de Rihanna como previa a «Under My Umbrella».

Uno de los momentos más entretenidos de la noche llegó gracias a un inconveniente menor: un fallo en la pipa de Einziger, clásica en la introducción de «Aqueous Transmission», llevó a Brandon Boyd a cantar timidamente en la espera. Row lo notó y siguió inmediatamente con su bajo en una jugada que también terminaría involucrando a Pasillas, alargando la improvisación. Al parecer el fallo no permitió usar aquel instrumento, llevando a Einziger a tocar el track final de Morning View con su guitarra. Igual fue llamativo escuchar aquellas notas en otro instrumento, un pequeño detallito que genera algo único.

Terminado el segmento dedicado al Morning View XXIII, venían las sorpresas. No dieron mucho tiempo como para digerir el haber escuchado completo uno de los álbumes más queridos por sus seguidores para lanzar rápidamente «Anna Molly» en otro de los grandes momentos de karaoke en el Movistar Arena.

«The Warmth» y «Vitamin» dieron paso a uno de los momentos más llamativos de la noche, con un Brandon Boyd sin polera cantando «Glory Box» de Portishead en su propio estilo. Funcionó súper bien, para lo corto que fue.

Tras esto llegamos a la parte final con «Pardon Me» y «Drive», con un «whatever tomorrow brings, I’ll be there» que fue acompañado por prácticamente todos los que asistieron a esta primera noche con Incubus. Y lo que parecía ser la rutinaria escena de despedida, lanzamiento de uñetas y baquetas y luego encore quedó solo en lo primero. Varios esperaban que salieran nuevamente, pero cuando la música envasada sale por los parlantes quiere decir que ya no hay vuelta.

De todas formas, habían pasado casi dos horas con un repaso por una gran selección de canciones, pero era difícil no quedar con ganas de más. El show de Incubus no fue lo mismo que antes. Fue mejor. Fue saber entender que pasan los años, que evolucionamos, que las cosas cambian sobre y bajo el escenario. Conocer las limitaciones de energía, de voz, pero también de lo que quiere el público.

La inclusión de Nicole Row fue un acierto, entregando una nueva capa de sonido que incluso podría sonar más pesada y cercana a géneros como el sludge, pero que se acopla muy bien a los otros miembros que ya llevan largos años juntos. Si bien el trabajo previo con Ben Kenney siempre será valorado y querido, Row es una brisa de aire fresco que permite pensar en un Incubus a largos años más. Quizá sea una reinvención de otro de sus grandes discos, como Make Yourself, o con material nuevo, pero ya hay varios miles (y otros miles más en sus shows siguientes) que esperarán esta nueva etapa con ansias.

 

Fotos: Guillermo Salazar / Lotus


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