FOTOS | Wilco en Chile: Recordando los años


Como si fuese una procesión, mucha gente avanzaba en fila por el costado del Parque O’Higgins en dirección a Avenida Viel. El camino por el Pueblito, que usualmente se sigue para dar con las luces de La Cúpula, estaba cerrado y el portón de tránsito también sirvió para que la gente llegara a la mini cúpula a (re)encontrarse con Wilco.

Antes de la aparición de los de Chicago pudimos ver a Niño Cohete, banda surgida en Concepción que se reunió con la promesa de nuevo material. Y cumplieron, ya que incluyeron material de su último disco Donde las serpientes toman el sol donde nuevamente vuelven a explorar ese sonido que mezcla el indie, folk y pop, siempre tomando una que otra cosa de otros lados.

La puntualidad con la que comenzó el show fue una señal de cómo se gastaría el tiempo de aquí en adelante. «Company in My Back» fue la primera de un set que pasó por gran parte de su discografía, entregando tiempo a los clásicos a la vez de darle espacio a sus creaciones más recientes.

Es entretenido ir reconociendo diferentes sonidos dentro de Wilco, quienes ya se han instalado como una de las bandas insignes al hablar del indie. Pero ese indie salió de algún lado, notando pequeños guiños, como descubriendo los ingredientes de una comida que se ha comido durante años. Si bien este es un ejercicio que se puede hacer al escucharlos en cualquier soporte, no hay comparación con la emocionalidad de verlo ahí mismo, en vivo, en especial en un recinto que ofrece una cercanía que no muchos tienen.

Así como rápidamente incluyeron una de su último disco Cousin (2023) –«Evicted»-, luego pasaron a un clásico como «Handshake Drugs», con una clara demostración de lo que aquel cuarteto ubicado en la primera línea del escenario era capaz de hacer con sus cuerdas. A ratos dos y a otros tres guitarristas ocupando todo el espacio sonoro posible en una mezcla de guitarras que siempre puede sonar similar a otra, pero que termina siendo una experiencia inédita.

Al centro de todo un Jeff Tweedy casi una década mayor que en su última visita, vestido casi como uniformado dentro de los que escuchan o siguen aquellos géneros. A ratos con la calidez y timidez de la guitarra acústica, tampoco tenía problema en abrazar la guitarra eléctrica en momentos que causaron un climax en más de alguno de los presentes en la noche santiaguina.

Y así, al final de cada canción podíamos ver como a la izquierda del escenario estaba Nels Cline rodeado de sus pedales, cambiando rápidamente su guitarra para seguir con la siguiente canción. No había tiempo que desperdiciar, en especial con esos momentos de improvisación en algunas canciones que no se saben realmente cuánto demorarán. Y nosotros tampoco sabíamos con certeza cuánto tiempo teníamos.

«I am Trying to Break your Heart» fue uno de los primeros karaokes de la noche, siguiendo con una selección que permitía disfrutar de las sutilezas de la voz de Tweedy acompañadas muchas veces por la de John Stirriat. En esa voz de Tweedy se podía escuchar a Velvet Underground, Neil Young o a los Beatles, una digestión de diferentes vertientes que en Chicago dieron vida a esta banda que ya lleva más de 30 años haciendo música.

Ese mismo recorrido lo podemos hacer con las guitarras. Tuvimos guitarreos que no habrían nacido sin antes haber escuchado a Harrison, así como otros nutridos de la psicodelia en las manos de Cline y mucho más. Mismo Cline que ocupó innumerables guitarras, buscando el sonido perfecto para cada una de las canciones junto a todos esos dispositivos de colores a sus pies.

El éxtasis logrado con ese jam al final de “Spiders (Kidsmoke)” fue otro de los puntos altos de la noche, con Wilco siendo una banda que no se tiene para qué ver saltando o gritando cada una de sus canciones, pero que sonoramente causa estragos en los oídos. Si lo quieren pueden dejarte sin poder escuchar nada más que a ellos, en otros con un cuidado lleno de cariño.

El cierre con “A Shot in the Arm” fue perfecto para cerrar más de dos horas de música, una calma dentro de una noche que nos llevó por un carrusel de emociones en formato de canción. Sin grandes frases para la galería, Tweedy se mostró feliz por lo conseguido con un público que se entregó desde la primera canción. Su nuevo material no desentonó, mientras que las antiguas se disfrutaron como quien lo pasa bien recordando buenos tiempos con amigos. Ojalá la máquina siga en marcha y podamos tener otra visita en la cual volver a visitar el pasado.

Fotos: Guillermo Salazar


Like it? Share with your friends!

0
agendamusical

0 Comments

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *