Existía una alta expectativa en la espera del show de Kamasi Washington. La primera noche del Tiny Fest en el Teatro La Cúpula del Parque O’Higgins prometía no solo una nueva noche de jazz, sino que una cita con uno de los mejores de la actualidad.
La propuesta de Kamasi Washington excede la del jazz tradicional, ofreciendo una amplia gama de artistas acompañándolo en el escenario dejando de lado los tríos, cuartetos o quintetos que suelen poblar este género. No hay un aire de solemnidad, pero si de respeto por lo que está a punto de comenzar. Cada uno en su posición, con el saxofonista al centro, se preparaban para una clase de nuevo jazz.
Incluso teniendo la centenaria tradición del sonido presente, la mezcla que tiene con otros mundos como el gospel o el hip-hop hacen que cada canción se vuelva casi un ritual de algo nuevo, un camino dentro de una composición que combina la técnica y la fiesta.
La calidad de Washington y todos sus acompañantes estan fuera de duda. Cada uno de ellos perfectamente seleccionado para potenciar el sonido del saxofonista, cada uno teniendo además su espacio para brillar. El cartel habrá llevado un nombre particular, pero el juego era colaborativo.
Es verdad que el líder al centro, haciendo gala de todo su carisma, es quien lleva el ritmo del espectáculo. A pesar de eso, sus compañeros cuentan con toda la libertad posible de quien entiende su trabajo y disfruta haciéndolo. A esto se suman espacios de improvisación que marcan la diferencia con cualquier otra presentación de la gira, ese espacio de creación que nace y muere en el mismo escenario.
Claro que es difícil inventar algo en un género que ha conocido a muchos de los más grandes genios de la música. Sus guiños a la cultura popular, que rápidamente lo asocian a su también colaborador Thundercat, también lo traen rápido a esta generación. Recién en sus cuarentas, Washington tiene demasiado recorrido para seguir explorando los límites de su instrumento.
Parte de ese viaje lo pudimos ver sobre el escenario: desde momentos de introspección hasta otros donde se generaba euforia colectiva, con el público siendo otro de los instrumentos que se ponían al servicio del espectáculo. Así también pudimos sentir algunos momentos de soul y funk, otras dos fuentes de inspiración para el músico.
Siguiendo la senda de lo que fue la edición anterior del festival, que contó con BADBADNOTGOOD y Yussef Dayes, Kamasi Washington mantuvo intacta la esencia. Un lugar cómodo, de buena acústica e íntimo como La Cúpula es una buena elección cuando la idea es disfrutar de todas las capas posibles de una música de composición compleja.
El doble trabajo de Washington de mantener vivo el jazz clásico, a la vez de querer romper con lo tradicional, quedó plenamente representado en esta noche. Todavía tiene mucho por mostrar. Entre más seguido podamos ver su evolución, mejor.

















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