Chencho Corleone debe ser uno de los nombres más grandes de la música urbana de los últimos años, principalmente al tener canciones con grandes nombres del género -desde Don Omar a Bad Bunny– junto a una voz que lo ha consagrado en un puesto que ya muchos quisieran tener. Ese registro, con el que alcanzó la fama dentro del dúo Plan B antes de comenzar su périplo solista, es demasiado característico. Una marca personal, que consolida con un look siempre pensado.
Ese nombre volvió a Chile a más de un año de su última visita, ahora teniendo al Movistar Arena como escenario para desplegar su amplio catálogo de éxitos. Eso sí, aquel comienzo se vio dilatado durante más de una hora. Cuando llegaron las 21:00 h., con gente todavía ingresando al recinto del Parque O’Higgins, seguíamos escuchando una selección de grandes éxitos del reggaetón antiguo en compañía de un animador sobre el escenario.
Sin responsabilidad alguna por la demora del acto principal, recurrió a tácticas históricas como «dónde están los fanáticos del reggaetón old school«, «de qué parte de Chile vienen«, «de qué equipo son» y más. Cada ciertos minutos se acercaba a su celular para luego intentar calmar al público entregando información como que Chencho Corleone ya había llegado al camarín y otros. Así, recién pasadas las 22:00 h., se fue casi sin despedida después de aguantar la presión de los miles que ya querían al puertorriqueño repartiendo canciones.
Su salida al escenario calló todos los silbidos y gritos. Acompañado por cuatro músicos a sus espaldas, se empezó a pasear de un lado a otro tirando rápidamente éxitos como «Me Porto Bonito», la colaboración que tiene con el autor de DeBÍ TiRAR MáS FOToS. A pesar de tener una personalidad y una voz características, el fuerte de Corleone va en acompañar y potenciar a otros.
Ese ida y vuelta es el que le permite hacer suyas esas pegajosas frases, ese «en la calle ando suelto, pero por ti me quito / si tú me lo pides, me porto bonito» que se repitió más de una vez para escuchar qué tal estaba el público. Esa relación comenzó algo más lenta de lo que se podría pensar, quizá por la espera, pero no tomó más de 10 minutos para que el caribeño tuviera el control de todo.
Como muchos dentro de aquel género, el ex Plan B decide qué hacer con sus canciones pensando netamente en el espectáculo por sobre la integridad de la canción. Así es capaz de recortar temas en esos segundos precisos donde su voz brilla o donde está ese coro con el que luego jugará a «qué sector canta más fuerte». Es un showman, uno que ya se apoya en sus más de 20 años de carrera musical para caminar sin presión por todos lados, hacer uno que otro gesto hacia el público y mantener la ilusión de mirarlos a todos amén de sus lentes oscuros.
Este último grupo es donde tiene su fuerte. El dúo que formó con Maldy colgó una serie de éxitos desde la primera década del milenio, contando canciones como «Choca», «Mi vecinita», «Candy», «Zapatito roto», «La nena de Papá», «Es un secreto», «Si no le contesto», «Es un secreto» y varias más. Estas fueron trasnversales, desde los más jóvenes a los más grandes, alcanzando los coros más potentes de todo su set.
A ratos junto a un cuerpo de baile integrado por ocho artistas, el músico también tuvo la breve compañía de un nombre quizá no tan conocido mundialmente, pero que cuenta con su propio peso dentro de la escena puertorriqueña: El Master Joe. Quizá uno de los pioneros de fusionar el hip-hop y el reggaetón, tuvo su minuto para brillar dentro del Movistar Arena.
No alcanzamos los 90 minutos cuando Chencho Corleone se despide y se aleja. Su banda se quedó inmóvil al igual que gran parte de la gente, quizá esperando una salida que permitiera una o dos canciones más. Pero no. Los sets que suele presentar, tanto en solitario como en festivales, juega con esta sobrecarga sensorial de sorprender con una canción tras otra, en especial de esas canciones que suenan y mueven algo dentro de la memoria.
Corleone todavía está en ese terreno que le permite hablar con propiedad del pasado, pero sin perder la importancia dentro de la música actual. Un invitado obligado de todos los sub-30 que se quieren hacer un nombre en la industria. Este show fue una comprobación de aquello, una muestra de la forma en la que se maneja alguien que ya ha pasado por prácticamente todos los escenarios grandes del mundo y que se codea con todos de igual a igual. Quizá corto, sin duda con un atraso grande, pero la fiesta valió la pena.

















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