ESPECIAL | La experiencia Taemin


¿Qué vuelve al cantante coreano tan atractivo y digno de asistir una y otra vez a sus conciertos?

Por Gerty Oyarce

Este 2 de noviembre, el cantante, compositor, bailarín y uno de los referentes más importantes del K-Pop, Taemin, regresa a Chile a su segundo concierto en formato solista, como parte de su nueva gira mundial titulada <LiMiNaL>, presentándose este 2 de noviembre a las 20:00 horas en el Santander Arena.

Si bien ya había pasado por Chile con su grupo SHINee y en instancias como el Music Bank del año 2018 y el SM Town en 2019, este es su segundo concierto como solista en nuestro país. A su regreso lo antecede una presentación realizada en febrero de 2025 en el Teatro Caupolicán, con entradas agotadas en apenas unas horas.

En esta ocasión, el furor es similar, y Taemin vuelve al país siendo un artista distinto al que nos visitó el año pasado. Cambio de compañía discográfica, un nuevo disco bajo el brazo titulado “PHASE 1 : Soft Violence», estrenado a fines de agosto, y un exitoso paso por el festival Coachella, que lo acercó aún más al público occidental.

 

Hace unos años, leí un comentario muy curioso en YouTube: “Once you Taemin, you cannot Taemout”. Como fan de SHINee y Taemin de hace ya bastante, me pregunto constantemente por qué. No porque dude de ello, es más bien porque la respuesta es continua y va cambiando una y otra vez mientras pasan los años, volviendo cualquier explicación que haga más confusa.
Pasar a ser el menor de su grupo a iniciar una carrera solista el 2014 suena a un riesgo si nos quedamos en el prejuicio. “Ace” fue el EP que lo puso en el radar, destacando el sencillo “Danger”. Es un videoclip con una partida más agresiva, una alerta (literal) de que el hermano menor que debutó a sus 15 años tomaba otro camino.

De ahí vino Press It (2016) con el exitoso sencillo Press Your Number (escrita por Bruno Mars) y su debut japonés Sayonara Hitori (2016). Ambas desplegaron una vez más una estética más atrevida, videoclips enfocados en elementos muy visuales e historias que estaban lejos de ser un cuento de hadas.
Su disco MOVE (2017) con el single del mismo nombre, vino con una historia distinta. El mismo artista eligió el sencillo, porque quería mostrar su verdadera identidad. Esa identidad era un baile que tuvo a todos los idols de la época intentando imitar icónicos, sensuales y sutiles pasos que sólo Taemin podía ejecutar de forma perfecta, dando justo en el punto medio entre fragilidad y habilidad.
Fue ese mismo año en el que Taemin hizo su debut en su primer concierto solista en Japón, titulado The 1st Stage Nippon Budokan, que atrajo a alrededor de 29,000 fans alrededor del mundo. Paradójicamente, el show inicia con la versión en japonés de Danger. Pero quizás ninguna advertencia era suficiente para un escenario que parecía más un ring, el artista sin polera, bailando atado y con los ojos vendados, una performance con un punto de partida digno de terapia de shock.

Desde ahí, Taemin construyó su carrera como un sofisticado vaivén entre sensualidad y curiosas referencias cristianas, presentaciones en plataformas, sencillos con icónicos pasos de baile que atrajeron más challenges de artistas de K-pop e incluso inspiraron fanarts de series de anime, y una estética que juega constantemente con la androginia, el dramatismo y el erotismo. El contrapeso de todo este trabajo es la personalidad encantadora y una genuina relación con sus fans, que, a cierto punto, y dada la propuesta del artista, las y los TAEMates ya se reconocen como parte de un culto, comparan sus conciertos con una misa y tienen icónicos memes respecto a su propuesta artística.
Mientras escribo este texto, constantemente siento que estoy diciendo demasiado, pero, al mismo tiempo, quedo con la sensación de que no estoy hablando lo suficiente. Podría hablar de su paso por el supergrupo SuperM de su ex casa discográfica SM, podría también mencionar sus 19 premios que lo destacan como bailarín, cantante y artista. Podría también decir que se le conoce como el idol de tu idol. También podría mencionar que fue el primer artista de K-Pop en tener un espacio en el GRAMMY Museum. Podría decir que una parte importantísima de su carrera solista está íntimamente relacionada con su grupo de origen SHINee.
Podría decir muchas cosas más de un artista que ha atraído a fans que sólo lo conocen por ser solistas y que además mantienen a Shawol (fanbase de SHINee) pendiente de cada paso que da. Pero la conclusión siempre es la misma: sólo Taemin puede, en más de diez años de carrera, crear y mantener una propuesta hipnotizante, atractiva, magnética, que despierta curiosidad, instinto y, por algún motivo, adicción. No por nada muchos lo consideran el Rey del K-Pop, y si a ese título le quitáramos la K, seguiría recordándonos que artistas como él aparecen pocas veces en la historia de la industria musical y que deberíamos ignorar las fronteras del idioma para apreciarlo.

Si me pusiera en el lugar de cualquier fan de Taemin que se considera parte de un culto que es además un callejón sin salida, la respuesta a mi pregunta inicial se vuelve mucho más personal. Cada creencia de la que profesamos viene de un relato íntimo y una relación (con la deidad que sea) que es única e inexplicable. Si tuviera que confesarme, admito mientras miro mi Blu-Ray del Nippon Budokan y me dispongo a terminar este texto, que fue Taemin (y por consiguiente, SHINee) el artista que me hizo apreciar un concierto y entenderlo como algo tan valioso como un álbum de estudio, que además puedo desarmar, analizar y disfrutar una y otra vez de formas diferentes.
Es así como concluyo que sí podríamos considerar la experiencia de Taemin una misa, pero donde la adoración se basa en cómo la música puede convertirse en una muestra artística interdisciplinaria, compleja, inolvidable y a la que no importa cuántas veces asistas, porque siempre saldrás con una respuesta diferente. Y de eso debería, al final del día, tratarse el arte.


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