Por Samuel Fuentes
De los CD importados y el rock japonés a una trilogía conceptual inspirada en los videojuegos, la banda china encontró su lugar en el Midwest emo sin limitarse a reproducir sus códigos.
La historia de Chinese Football tuvo un comienzo similar al de un videojuego: cuatro músicos de Wuhan que buscaron seguir la misma aventura de sus referentes y terminaron construyendo una trayectoria propia, a miles de kilómetros de los lugares donde nació la música que los inspiró, en lugares como Illinois o Wisconsin. Formada en 2011, la banda llegará por primera vez a Chile el próximo 25 de octubre a Santiago con un show en el Club Chocolate, pero su historia merece ser contada más allá de esa presentación: es también la de una generación que descubrió el emo a través de internet, discos importados y una escena musical que no siempre tuvo las condiciones para crecer.
Xu Bo, guitarrista y vocalista del grupo, fue el primero en acercarse al rock durante su adolescencia, escuchando también el popular pop punk y siguiendo la música que acompañaba los videos de skate que llegaban a la red. A comienzos de los años 2000, acceder a discos extranjeros en China no era tan sencillo como abrir una plataforma de streaming. En una entrevista con Washed Up Emo, Bo recordó que conseguía CD importados y descubría bandas a partir de los nombres que aparecían en los agradecimientos de otros álbumes. Así llegó a discos como Clarity, de Jimmy Eat World, y Through Being Cool, de Saves the Day, además de una larga lista de grupos que terminarían formando parte de su improvisada educación musical.
En ese recorrido también aparecieron Cap’n Jazz, The Get Up Kids, Mineral, Fugazi y Bright Eyes. Muchos de esos nombres nos acompañan hace décadas, pero aquí eran flamantemente nuevos. De todas formas, reducir las influencias de Chinese Football al emo estadounidense sería dejar fuera una parte importante de su identidad. Bo también ha mencionado su interés por Yo La Tengo, Belle and Sebastian y The Sea and Cake, mientras que entre las referencias japonesas compartidas por los integrantes aparecen Supercar, Number Girl, toe y Envy. El resultado es una música que combina guitarras entrelazadas, cambios rítmicos y melodías luminosas, con una sensibilidad que se mueve entre el indie rock, el math rock y el pop punk.
El nombre de la banda es una referencia directa a American Football, uno de los proyectos fundamentales del midwest emo. Según explicó el mismo guitarrista, la idea original era reemplazar las nacionalidades simplemente porque era chistoso. El resto de los integrantes también encontró humor en la asociación con la selección china de fútbol, y el nombre terminó quedándose. Lo que comenzó como una broma se convirtió en una conexión que años después los llevaría a compartir escenario con sus referentes en Beijing, Shanghái y Hong Kong, en 2019, además de convertirse en un conjunto de palabras que abría la curiosidad de quienes lo vinculaban a la banda encabezada por Mike Kinsella.
Sin embargo, el vínculo entre ambas bandas no significa que Chinese Football haya construido su carrera a partir de una imitación. Sus canciones incorporan elementos de distintas tradiciones musicales y, con el tiempo, desarrollaron una identidad propia y compleja gracias a los matices adquiridos del math rock asiático. La influencia japonesa resulta especialmente interesante: no se limita a las guitarras, sino que también aparece en la sensibilidad melódica y en un imaginario visual cercano al manga, el anime y los videojuegos.
Esa dimensión se hizo especialmente evidente con Here Comes a New Challenger! (2017), Continue (2019) y Win&Lose (2022), tres trabajos conectados por una narrativa conceptual inspirada en los videojuegos. Las portadas, realizadas por el ilustrador y colaborador de la banda Space Layout, remiten a la estética de los juegos de pelea y a personajes que parecen avanzar por un mundo de obstáculos. La referencia a Street Fighter II no es un detalle decorativo: funciona como una extensión visual de las canciones y de sus preguntas sobre el crecimiento, la frustración y la posibilidad de volver a intentarlo. Es parte de una generación que comparte códigos de forma internacional gracias al internet.
El concepto adquiere otro sentido cuando se observa el lugar que ocupa el fracaso en las letras. En vez de presentar la trayectoria de una banda como una sucesión inevitable de triunfos, el cuarteto ha escrito sobre la distancia entre lo que una persona espera conseguir y lo que realmente ocurre. En una entrevista con NME, Xu Bo abordó precisamente la tensión que rodeó a Win&Lose, un disco que apareció después de varios años de sequía musical y en un momento de cambios profundos para la vida cotidiana en China.
La música, mientras tanto, no se queda atrapada en esa melancolía. Las guitarras mantienen una energía casi juguetona, las melodías se abren paso entre estructuras complejas y las canciones pueden resultar cálidas incluso cuando hablan de incertidumbre. La dualidad entre lo confuso y lo hermosa de la vida. Esa contradicción es una de las características más interesantes del grupo: el sonido invita a moverse, pero las letras vuelven una y otra vez a las dudas que acompañan el paso del tiempo.
Wuhan y una escena sin fronteras claras
Para comprender el recorrido de Chinese Football también hay que mirar a Wuhan, una ciudad del centro de China que cuenta con una historia musical propia, aunque su circuito independiente no tenga la misma visibilidad internacional que el de Beijing o Shanghai. El grupo ha hablado bastante del mundo donde surgieron, una escena underground pequeña, con pocos grupos y audiencias limitadas. Wuhan había sido conocida como una ciudad punk durante los años noventa, pero el panorama había cambiado considerablemente.
La masificación del internet borró las fronteras. Las redes sociales estaban modificando la manera en que las bandas se relacionaban con sus públicos, los nuevos y los que se pasean por los perfiles día a día. Los músicos podían encontrarse y descubrirse en línea, pero eso no significaba que existiera una escena local unificada. La frustración estaba a la vuelta de la esquina, viendo que existían buenos grupos en Wuhan, muchos nacidos entre estudiantes universitarios, pero que se disolvían cuando sus integrantes terminaban sus estudios.
Esa realidad también ayuda a explicar por qué Chinese Football desarrolló una relación particular con la música independiente. Sus integrantes no pertenecen a una escena definida únicamente por el emo, sino que comparten referencias y públicos con bandas de otros estilos. Bo hablaba de una importante diferencia respecto de los circuitos occidentales: la convivencia entre seguidores de distintos géneros. Más que una comunidad delimitada por una etiqueta, el underground aparecía como una red todavía en formación.
La trayectoria internacional del grupo demuestra, además, que compartir un lenguaje musical no exige necesariamente compartir el mismo contexto cultural. En su sesión para KEXP, Chinese Football presentó canciones como “Rafting in the World”, “Awaking Daydream” y “The Last Emo Boy on Earth”, tracks que permiten reconocer esa combinación de melodías ya depurada, una complejidad rítmica muy cálida y esa sensibilidad emo que reconforta en base a un sentimiento tranversal. La banda pudo llegar a esa audiencia sin abandonar las referencias que marcaron sus primeros años ni intentar convertir su música en una representación deliberada de China.
Quizás ahí esté una de las claves de su historia: Chinese Football no necesitó inventar una identidad nacional para diferenciarse de sus influencias, ni renunciar a ellas para construir un lenguaje propio. Encontró un punto de encuentro entre la música que descubrió durante su adolescencia, las referencias culturales que compartía con sus compañeros, las coincidencias inesperadas con otras partes del mundo y las experiencias que acumularon desde Wuhan.
Su llegada a Chile es una nueva escala en ese recorrido, pero la historia de la banda no depende de un concierto ni de una etiqueta. Lo que comenzó como una forma de acercarse a sus grupos favoritos terminó convirtiéndose en un proyecto capaz de conectar escenas que parecían distantes. Se transformaron en aquel aventurero cuyas hazañas veían lejanas. Como en los videojuegos que inspiraron su trilogía, avanzar no significa necesariamente ganar: a veces consiste en aprender a jugar de otra manera hasta lograrlo.



















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