FOTOS | Billy Idol en Chile: Todavía queda


Con casi 50 años de carrera, Billy Idol se transformó en una institución dentro de la cultura popular. Muchos lo aplauden por ser el nexo entre el punk británico de finales de los 70 y el rock mainstream con su llegada a Estados Unidos. Gran parte de toda esta historia fue posible de experimentar la noche del pasado martes en el Movistar Arena.

Una gran pantalla de fondo acompañó desde el momento en el que el primer músico puso su pie sobre el escenario. La banda tiene nombres conocidos, como el de Steve Stevens, técnico guitarrista que lleva décadas tocando y componiendo junto al británico, artífice de ese sonido que toma un poco de todos lados dentro de las corrientes americanas. Así, mientras se llenaba la tarima, también aumentaban los gritos en la espera por la leyenda de la música.

«Still Dancing» abrió la noche dedicada a Dream Into It, noveno disco del rockero lanzado recién en abril de este año. Con este reúne todo lo hecho en el pasado, yendo desde el punk hasta el dance rock. Además de una muy buena producción, muestra que todavía está vigente.

Cuando ya estuvo frente a todos, los casi 70 años de Idol desaparecieron para dar paso a un personaje que se comporta igual que como lo haría en un show hace dos o tres décadas. Nunca fue un frontman de grandes parafernalias, sino uno que sabe tanto cómo manejar al público como también a su propia banda. De aquella forma fue entregando espacio a cada uno de ellos, especialmente a Stevens, Jess Kav y Kittie Kuroi sus dos coristas, para que también sintieran el cariño del público.

De hecho, el primer solo de Stevens llegaría con el hit que es «Flesh for Fantasy» que sería acompañado por una de las mejores canciones de la noche: «Eyes Without a Face». Esta tuvo el primer gran coro masivo de la noche, siendo una de esas canciones que se pueden tararear incluso sin saber quién la canta debido al arraigo que tiene en la música popular. Tras esto, el guitarrista -vestido a la usansa del glam/punk que lleva hace años- entregó un largo solo que incluso incluyó partes de «Starway to Heaven» de Led Zeppelin.

Las proyecciones iban principalmente haciendo guiños a su historia. Desde clips de varios de sus videos musicales hasta los grandes edificios de Nueva York, ciudad donde el músico terminó de consagrar su estilo, se mantenían de fondo como un complemento, pero sin buscar ser protagonista. Ese papel lo tiene el blondo, quien se pasea de lado a lado del escenario como león enjaulado, visitando los espacios de sus compañeros y haciendo distintos gestos a la gente.

El fervor que despertó su presencia compensaba el segmento vacío que quedó en esta versión de «medio Movistar», algo que de ninguna forma apagó la energía que tanto él como el resto de sus músicos pusieron sobre la escena. En eso pudimos apreciar muchos gritos, notas altas, reverbs y otros tantos artilugios que daban sus características al rock de los 70/80.

Dentro de estos homenajes, Idol también tuvo un momento para Tommy James and the Shondells con «Mony Mony» y otro éxito como fue «Gimme Shelter» de los Rolling Stones. Ese nombre es importante dentro de su historia, incluso compartiendo después una anécdota de él tomando alcohol con los británicos, una de las miles que debe tener en su carrera. Esta última fue acompañada por la talentosa Kav, que junto a Kuroi estuvieron en gran nivel durante toda la noche, tanto en su voz como en el apoyo pidiendo aplausos del público y más.

Quizá fue «Too Much Fun» la que pegó menos con el público, pero se recuperó con un recuerdo de su anterior banda Generation X junto a «Ready Steady Go», seguida de «Blue Highway» y la clásica «Rebel Yell», canción que cerró la primera parte del espectáculo cuando ya corría más de una hora.

El regreso sería nuevamente con una de su paso por Generation X, quizá la canción que popularizó el dance rock a comienzos de los 80: «Dancing with Myself». Bailes, gritos y puños en alto dentro del que quizá fue el mejor tema de toda la noche, uno que nos llevó décadas atrás con un artista que en lo vocal se sigue manteniendo muy bien.

El trío final también fue de éxitos: «Hot in the City», «People I Love» y «White Wedding». Esta última llegó junto a una gráfica de un ventanal como spoiler justo cuando Idol preguntaba con qué canción cerrar. Múltiples respuestas aparecieron, mostrando tanto que sus seguidores nacionales son conocedores de su música como que también es imposible incluir todas las mejores canciones en un solo show.

Con casi siete décadas en el cuerpo, Billy Idol entregó una larga despedida acompada de créditos cinematográficos en la pantalla principal, dando también reconocimiento a todas aquellas personas que logran poner en pie un show, pero que no son vistas por ninguna parte. «Gracias por hacer mi vida fantástica», señaló en más de una oportunidad el británico. El ritmo lo llevó él, encabezando una fiesta que duró casi dos horas.

Es que para llegar a tantos años sobre los escenarios, el talento no es suficiente y el carisma muchas veces lo es todo: desde sus comentarios y bromas hasta sus cambios de vestimenta, donde vemos cómo el punk sigue dentro de su estética siempre. Dentro de ese ítem, el músico -y también actor- tiene un manejo descomunal, apropiándose del Movistar Arena como si fuera cualquier otro escenario del mundo y, sobre todo, dejando en claro que todavía le queda camino por recorrer.


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