La noche del 28 de marzo, Santiago fue, por un par de horas, el epicentro del grunge. Una coincidencia de calendarios hizo que esa noche se presentaran en distintos escenarios dos bandas fundamentales para quienes crecieron con los sonidos de los 90: Mudhoney y Bush. Aunque las diferencias entre ambas son evidentes —el sonido crudo de los pioneros del grunge frente a la propuesta más melódica y accesible de los británicos—, más de uno quedó atrapado en esa elección. ¿Seattle o Londres? ¿Garage sucio o melancolía eléctrica?
En el caso de quienes optaron por ver a Bush, no debe haber muchos arrepentidos: el público que llegó al Teatro Caupolicán disfrutó de una experiencia breve, pero intensa. La banda británica aterrizó en Chile para inaugurar su gira mundial Loaded: The Greatest Hits Tour, un recorrido que prometía nostalgia, energía y una selección contundente de su repertorio más icónico. En ese sentido, cumplieron, pero también dejaron a la audiencia con ganas de más.

El show arrancó con potencia. Desde el primer acorde, Gavin Rossdale dejó claro que los años no pasan por él, desplegando una fuerza arrolladora sobre el escenario, acompañado de una voz que no ha perdido ni filo ni carácter.
El carisma de Rossdale se vive en carne propia. Su sola presencia bastó para encender al público, que respondió con entusiasmo desde los primeros minutos. El resto de la banda también tuvo momentos destacados. El baterista Nik Hughes, quien se unió al grupo en 2019, estuvo preciso y potente, ofreciendo una base sólida que permitió al bajista Corey Britz y al guitarrista Chris Traynor construir ese sonido tan característico de la banda. Y si bien el vocalista brilla con luz propia, el resto del conjunto también hizo vibrar al Caupolicán.
La selección de canciones fue digna de una gira dedicada a los clásicos, abriendo con «Everything Zen», un golpe noventero que definió el sonido de Bush desde el lanzamiento de su disco debut Sixteen Stone, que los catapultó a la fama en 1994. Le siguieron «Machinehead», «Greedy Fly» y «The Chemicals Between Us», todas recibidas con gritos de reconocimiento que hablaban de una conexión profunda y sostenida con su audiencia.
Uno de los momentos más emotivos fue «Swallowed», interpretada por Gavin Rossdale en solitario, dejando de lado la fuerza habitual de la banda para ofrecer una versión íntima y desgarradora que paralizó el ambiente por unos minutos. Aun así, se habría agradecido escuchar, aunque fuera parcialmente, la versión original con toda la banda. Pero, como todo en la música, eso entra en el terreno del gusto personal.

El resto del setlist también permitió que la banda desplegara todo su potencial, como por ejemplo durante las interpretaciones de «Flowers on a Grave» y «Little Things», esta última cerrando el set principal con energía en estado puro. En el encore, «Glycerine» volvió a poner a Rossdale en primer plano con guitarra eléctrica, esta vez en un ejercicio más melódico que dramático. El cierre definitivo con «Comedown» reactivó al público y selló el concierto con esa mezcla de tensión y liberación que tan bien maneja la banda.
A fin de cuentas, lo que Bush ofreció fue un set efectivo, cargado de emoción, ejecutado con profesionalismo y pasión. Ver a Gavin Rossdale en vivo confirma por qué sigue siendo una figura clave del post grunge. Su desplante, su conexión con el público, su forma de abrazar el escenario lo convierten en uno de esos artistas que logran sostener una carrera larga sin repetirse ni apagarse.
Sin duda, Bush mantiene su lugar en la escena rockera con una propuesta que aún resuena con fuerza. Quizás porque el tiempo no les ha quitado potencia. O quizás porque nos recuerda, aunque sea por un par de horas, lo que significó —y todavía significa— el grunge en nuestras vidas.
Bush
Fecha: 28/03/2025
Lugar: Teatro Caupolican
Productora: Free Fall
Fotógrafo:
@mario.delrioph
Periodista:
@

















0 Comments