Ad portas del fin de las vacaciones, y con casi 30 minutos de retraso, este domingo 24 de febrero, los australianos de RÜFÜS DU SOL hicieron vibrar el Movistar Arena con una presentación que cruzó sensaciones y la barrera tradicional de los shows electrónicos, convirtiéndose en una experiencia emocional e inmersiva.
Desde que las luces bajaron y los primeros pulsos de Inhale / Brighter comenzaron a inundar el recinto, quedó claro que no sería una noche más: se trató de un recorrido cuidadosamente construido, que entrelazó sus clásicos más celebrados con material de su último álbum Inhale / Exhale.
Sin una producción excesiva, el trío integrado por Tyrone Lindqvist, Jon George y James Hunt, logró que cada canción resonara con fuerza y claridad. El sonido profundo, lleno de texturas electrónicas y beats progresivos empujó a todos los presentes a moverse al ritmo de los sintetizadores, convirtiendo el espacio capitalino en una gigantesca y repleta pista de baile.
El setlist de la noche fue un balance entre lo antiguo y lo reciente, satisfaciendo no sólo a sus fanáticos de siempre, sino también a nuevas generaciones que probablemente forjaron su relación con la banda tras su presentación de 2025 en Lollapalooza Chile.



Dentro de la selección de canciones. RÜFÜS DU SOL combinó pistas de su último álbum con clásicos que ya forman parte de su historia musical. Desde la apertura con Inhale y Lately hasta la mezcla emotiva de Sundream / Make It Happen, pasando por melodías como Breathe, You Were Right, On My Knees y Pressure, en el Movistar Arena se generaron momentos de intensa energía; mientras que Desert Night, Edge of the Earth y Levitating encendieron al máximo la pista.
Junto con lo anterior, la banda incluyó también piezas más introspectivas como Alive, Always e Innerbloom, equilibraron la potencia del show con instantes de reflexión. El cierre llevó consigo la explosión colectiva con Break My Love, No Place y Music Is Better / Be With You.



A raíz de todo lo anterior, el show de RÜFÜS DU SOL en Santiago fue más que un concierto, fue un encuentro colectivo de beats hipnóticos, atmósferas envolventes y una potente puesta sonora, reafirmando por qué los australianos se han transformado en uno de los actores más influyentes de la música electrónica contemporánea.



















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