Por Catalina Ruiz Rabello
Annie Clark, más conocida como St. Vincent, dio cátedra de lo profunda que puede ser la conexión entre un artista y su fanaticada durante su reciente presentación en nuestro país, realizada este 27 de mayo en el Teatro Caupolicán.
Tras una potente previa de la mano de Kim Gordon, cofundadora de la mítica banda Sonic Youth, la cantante estadounidense abrió los fuegos con Reckless, cuyo toque melancólico inundó desde el primer minuto cada rincón del recinto santiaguino.
Entre medio de vítores, aplausos y un entusiasmo en aumento por parte del público presente, St. Vincent continuó su performance interpretando Fear the Future para luego darle paso a la casi clásica Los Ageless, marcando así el primer punto alto de la jornada, tomando en cuenta las múltiples voces que corearon esta última.



El recorrido musical siguió con Broken Man, una de las canciones más populares de su más reciente trabajo de estudio y el cual la trajo de vuelta a Chile, All Born Screaming (2024), junto con un viaje al pasado, específicamente al 2014, con los sonidos de Birth in Reverse.
Y si bien desde el primer momento en que la intérprete subió a la tarima su conexión con la fanaticada fue palpable, durante Dilettante -la siguiente en lista- St. Vincent bajó para acercarse al público de las primeras filas, quienes no dudaron en abalanzarse para obtener algo más que un video o una fotografía.
Pay Your Way y Flea fueron las siguientes en la lista, junto a otra de las favoritas del público: Cheerleader. Posteriormente, sonaron Big Time Nothing, Marrow y su reciente colaboración con la artista chilena Mon Laferte (quien no estuvo presente en el espectáculo), Violent Times.
Probablemente uno de los instantes más esperados en la cancha del Caupolicán fue lo que ocurrió a continuación, durante la interpretación de New York. En ese momento, Annie decidió lanzarse a su fanaticada, dejándose llevar por el movimiento de los brazos de todos y todas quienes tuvieron la oportunidad de ser parte de ese frenesí, en el que la cantante incluso perdió el calzado. «Necesito mis zapatos», repitió en varias ocasiones hasta que la multitud se los devolvieron.



En la antesala del único descanso de la jornada, durante los últimos minutos de espectáculo, St. Vincent cantó Sugarboy, además de la canción homónima al disco que hizo posible su tercera presentación en nuestro país, All Born Screaming; mientras que el cierre de la noche fue con Candy Darling.
Cabe mencionar que, más allá del repertorio que dejó en claro su calidad artística, la energía y entrega de Annie Clark debería quedar plasmada en los libros de historia de la música. Su carisma es indiscutible, al igual que capacidad de conectar con el público casi desde la locura -positivamente hablando- que contagia sin excepciones. Su desplante en el escenario, sus comentarios en español y muestras de cariño, quedarán en la memoria de todos y cada una de las personas que disfrutamos de su show.
Fotos: @garygophoto






























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