FOTOS | The Exploited en Chile: Crudo, no añejo


Hablar de despedidas siempre es complicado. Muchas veces afloran cuestionamientos a los motivos, la duda sobre qué llevó a tal decisión, algo que incluso tiene más impacto cuando hablamos de una banda emblema del punk como lo es The Exploited, la misma que canta a todo pulmón frases como «fuck the system».

Pero antes de llegar a eso, algunas palabras para Moratory, banda rusa que se encargó de recibir a los fanáticos que llegaban poco a poco al Teatro Caupolicán. Un Caupolicán que solamente funcionó en cancha, por cierto, con algunos guardias rodeando los asientos que componen las plateas del recinto de San Diego como las únicas personas en aquel piso.

Con letras tendientes al anarquismo, el anti-militarismo y otros temas sociales, los rusos venían de diversas presentaciones en el underground nacional, incluyendo más de alguna casa okupa. Ahí mostraron su música que nace del punk, pero también se nutre del crossover thrash, la que entrega mensajes crudos sin grandes innovaciones en el género. Y sí, tampoco es algo simple innovar en algo como el punk, por lo que mantenerse fieles a la esencia es algo completamente deseable.

Encabezados por Ilia Moratory, la banda intentó motivar a un público que parecía estar guardando su energía. A pesar de eso, y que también gran parte de la gente todavía estaba en los exteriores del recinto preparándose para el plato principal, igual lograron generar más de un circle pit con sus guitarras rápidas que a ratos incluso emanaban algunos sonidos cercanos al heavy metal. Finalmente, poco más de media hora que tuvo muy buena ejecución, pero lamentablemente poco público para disfrutarla.

Tras una espera corta, y con un público que ya ocupaba prácticamente todos los rincones del Caupolicán, The Exploited sale al escenario. Una pantalla de fondo tirando diversos logos de la agrupación era el único elemento de ornamentación. La idea era mantenerlo simple, ir al hueso, dar lo que la gente esperaba de una fecha que se esperaba memorable.

Volviendo a lo anterior, presenciábamos a uno de las bandas más emblemáticas del movimiento con su líder Wattie Buchan ya llegando a los 70 años. Sin tener nunca la necesidad de contar con una voz completamente pulcra, el hombre de la cresta roja tenía espacio para poder gritar en medio de sus «fuck off» y cortes de manga. Finalmente aquella es la condición del punk, un tipo de irreverencia algo violenta, tolerable e incluso aplaudible.

Los clásicos aparecieron pronto. Además de «la apertura con «Let’s Start a War (Said Maggie One Day)», rápidamente llegó «Dogs of War» o la legendaria «UK 82», canción que le dio nombre a un movimiento de punk más agresivo que se tomó muchas zonas del Reino Unido. Con «Chaos Is My Life» el circle pit ya se había instalado en el centro de la cancha, lugar donde chaquetas de cuero y poleras negras giraban mientras el coro con el título de la canción retumbaba en cada persona.

Con el paso de las canciones, quedó claro que en el propio Buchan existía un tipo de discusión interna. Por una parte, el punk -y una de las bandas que mejor lo expone, como The Exploited– necesita rapidez, un golpe tras otro, canciones afiladas que corran más rápido que en las grabaciones de estudio. Una ráfaga de disparos con la mayor cadencia posible, pero aquello ya no era posible. Si bien se mantiene en gran estado para sus 67 años, aquel ritmo ya no lo puede seguir. Era un punk con un cambio menos.

Así, entre canción y canción, el líder se daba un momento para ir por agua y tomar un respiro. Sus compañeros, algunos años más jóvenes, lo apoyaban dando rienda suelta a sus impecables conocimientos con la guitarra y el bajo. En ese aspecto, el trío que entregaba compañía a Buchan se veía impregnado de lo que la agrupación representa. El más «longevo» de ellos, Irish Rob en el bajo, lleva cerca de 20 años en la agrupación. Los otros dos, menos de cinco.

La presencia en este show fue una declaración política. Aun cuando existían algunas versiones que vinculaban la banda a movimientos de extrema derecha, la presencia de mensajes anti-nazi y anti-racistas fueron los que predominaron. Una polera con una esvástica tachada, así como parches de movimientos como el RASH y otros movimientos skinheads, se vieron regularmente. Importante señalar lo último: no todos los skinheads son pertenecientes a movimientos fascistas.

Y así aparecían y aparecían éxitos del punk, incluyendo canciones como «I Believe in Anarchy», «Beat the Bastards» o «Cop Cars». A estas se sumó, ya cerca del final de la primera etapa, el himno «Fuck the System» y «(Fuck the) U.S.A.», temas que dejan en claro el mensaje de la banda.

Este mensaje cuenta con una rabia propia de las épocas en las que nacieron, donde el militarismo y las diferencias sociales no tenían solución alguna. Desgraciadamente, la inexistencia de soluciones a estos problemas a más de tres décadas de su creación han hecho que sigan siendo interpretadas con rabia y disfrutadas con caos. Ese mensaje en contra de Estados Unidos tiene tanta cabida en los seguidores del género hoy con Donald Trump a la cabeza como en los 80 cuando tenían otro papel en la Guerra Fría.

Ese malestar no es algo que se quiera explotar, pero sí es algo que sirve para movilizar. Toda esa potencia se mantuvo a flote cuando dejaron el escenario tras esa canción dedicada al gigante norteamericano. Como era de esperar, la gente no se movió de sus lugares en la espera de una nueva salida de los de Edimburgo. Pocos minutos pasaron antes que Wattie Buchan y compañía aparecieran en el escenario, uno que contó con mucha gente rodeando los pasos hacia backstage como sabiendo lo que se vendría.

¿Y qué era eso? El llamado de la banda a interpretar «Sex and Violence» junto a ellos en el escenario, subiéndose masivamente al saltar las barreras, inundando la tarima y dejando casi desierta la cancha. Ahí, entre empujones y gritos, el cuarteto contó con cientos de gargantas dando el coro a una canción que se mantiene simple, pero contundente, durante toda su interpretación.

Luego fue el turno de la clásica «Punks Not Dead», una de las canciones que se ha vuelto un ícono tanto musical como también de mensajes en las paredes. Esa señal que dice que por mucho que no sea una música altamente popular, mientras exista el descontento, seguirá sonando con fuerza.

Y esto se coronó con «Was It Me», una que bajó las revoluciones y entregó un gran cierre a un repaso de parte de la historia de la música. Porque sin The Exploited no existirían un montón de bandas más como Slayer, Napalm Death, Sepultura, Ratos de Porao, Bad Religion, Agnostic Front y un largo etcétera que incluso se aleja del punk. El adios de Buchan fue certero, saber decir adiós para que la imagen que queda sea la clásica y no una en decadencia.

 


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