Por Andrés Panes (Rockaxis)
Fotos: Sebastián «Manson» Jiménez – http://instagram.com/mansonchile
«Lion», el excelso disco que Peter Murphy editó hace un par de meses, comienza con un sonido que se parece al de las naves espaciales de «La guerra de los mundos», versión Tom Cruise. Y así partió también el concierto que el inglés dio anoche en Blondie: como una invasión de otro mundo. ‘Hang up’ fue la primera de varias embestidas guitarreras en las que el grupo acompañante, menores que Murphy en edad y herederos de los aspectos estrafalarios que patentó antes de arrugarse y convertirse en dueño de una coronilla franciscana, ayudó a rejuvenecer al barítono de aura viperina que el año pasado vino a recordar a Bauhaus, y que ahora llegó a celebrar su propio resurgimiento.
Menos texturadas que en estudio, las canciones de «Lion» a las que se echó mano en el set aun así descollaron por su variedad, desde el pulso casi Devo de ‘Low tar stars’ hasta la espectral ‘Eliza’. Pero tal vez podrían haber sido más: el revisionismo bienintencionado del set nunca dio la impresión de ser apreciado lo suficiente: hubo aplausos tibios y mucha conversación entre medio. El primer coreo masivo llegó recién en ‘A strange kind of love’ (puños y voces en alto cuando la letra plantea si «to love or to hate»), la canción que logró que varios de los que estaban en la barra, pendientes de la fila y dándole la espalda al escenario, tuvieran el sensato gesto de poner en segundo plano su trago y escuchar al maestro. Ni siquiera ‘Deep ocean vast sea’, también del clásico «Deep», concitó tanto entusiasmo como el hecho de que Murphy se sacara la chaqueta para cantarla.
El propio cantante se vio algo mecánico, como si estuviese tacañeando en la liberación de energía, aunque su piloto automático supera largamente la entrega apasionada de muchos. Su voz profunda sedujo en la viscosa ‘Low room’, otro bocado noventero; en la oreja ‘Memory go’, probablemente la mejor canción de «Ninth», y en ‘Peace to each’ del mismo álbum. Todas de pulso rockero que se asemejaba a ratos a The Mission o Echo and the Bunnymen, aunque el highlight musical de la velada al final terminó siendo ese reggae de ultratumba, con solo de melódica a lo Augustus Pablo, llamado ‘She’s in parties’, que vino después de otro clásico de Bauhaus, ‘Silent hedges’. Para el bis, lo que la mayoría esperaba: ‘Cuts you up’, clásico provocador de un momento de auténtica solemnidad y mancomunión entre los presentes, a pocos minutos de un final que se sintió algo abrupto porque a Peter Murphy, como a todo clásico que se precie, dan ganas de escucharlo toda la noche.







































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