FOTOS | Masters of Rock, día 2: El romance del rock y el metal


Por Jaime González

Llega la segunda jornada que invoca a 4 nuevas agrupaciones de alto nivel internacional  y nacional. Enigma jugando de local, Queensrÿche desde Estados Unidos, Europe desde Suecia y Scorpions desde Alemania, que con solamente esos nombres, ya podemos hacernos una idea de lo que será la experiencia.

Son 35 años de carrera que respaldan a Enigma como una de las bandas de heavy metal más importantes del país. Han sido soporte de bandas como Hammerfall, Helloween, Blind Guardian, parte del Metal Fest y próximamente abriendo a W.A.S.P. Un merecido honor ser la carta de apertura a la nueva jornada de Masters of Rock. Álvaro Paci, su líder y guitarrista en su senda como periodista, siempre recuerda el momento emotivo vivido en el rescate de los mineros, en el año 2010, lo que inspiró la canción “Los 33” con la que abrían oficialmente el esperado evento. 

Un regalo para sus fans primigenios sería la continuación con “Sirvientes del dinero”  de su EP “Espacios Vacíos” 1995, bastante coreada por los primeros asistentes que llegaban al recinto, dejando en claro que su fanaticada tiene años de seguimiento y que su cantante Nelson Montenegro, tiene capacidades de interpretar todas las etapas. “Niebla” y “Laberinto” del disco con su mismo nombren van activando a la gente con buena recepción, hasta que llega la hora del invitado especial. 

Sube a escena “Toño” Corvalán, conocido por ser baterista de Chancho en Piedra y Los Mox, además cantante del primer demo y EP de Enigma, para acompañar las voz de “Voces Disidentes”, en un emocionante momento para los seguidores. Culminan su presentación con “Lo que va a venir” de su última producción en estudio, destacando el trabajo de Sebastián Bello en las 4 cuerdas y aprovechan de mostrar algo de su nuevo disco futuro con “El camino del dolor”. Redonda performance, que a juzgar por las cámaras en el escenario, probablemente cuente con algún registro oficial próximamente para el recuerdo. 

Queensrÿche es indudablemente una de las bandas más influyentes del heavy metal progresivo. Cientos de cantantes vieron su inspiración en la voz de Geoff Tate como un profesor del agudo y la afinación con potencia. 43 años desde su creación, los tenemos en nuestro país por segunda vez, luego de 17 años. ¡Y qué manera de comenzar! “Queen of the Reich” es la elegida, para que el impactante Todd La Torre hiciera gala de toda su impresionante voz con un grito de apertura que hasta los vendedores del recinto tuvieron que darse vuelta a mirar lo que pasaba en el escenario. 

Luego de eso todo fue regalar clásicos, en esta ocasión muy cargado a su disco insigne: “Operation: Mindcrime” (1988), con su canción homónima, más algunos calados como “I Don’t Believe in Love” o “The Needle Lies”. Si bien, venían girando con su primer LP íntegramente, ahora solamente entregaron para el deleite auditivo “Warning” y “Take Hold of the Flame”, que tenían al público cantando sus coros cálidamente. 

Chile es siempre lugar para momentos únicos y esta vez la elegida fue “Jet City Woman” que no había sido tocada en sus últimos shows y que provocó un muy buen momento de cantos con su pegajoso coro. Un lujo ver a Michael Wilton entregarnos toda su destreza en la guitarra con su entrada musical a “Empire”, para culminar una espectacular presentación con “Screaming in Digital” y por supuesto, la infaltable e imperecedera “Eyes of a Stranger”. Si bien, porcentualmente el público era de las bandas que vendrían, absolutamente nadie quedó indiferente e impresionado por el nivel apoteósico presentado por los americanos, que se titulan como uno de los mayores lujos de todo el año 2025.

Con nueve visitas al país, en 16 presentaciones a lo largo Chile y 2 salidas al mundo en el Festival de Viña del Mar, siendo legendaria su aparición del año 1990, Europe se erige como una de las bandas más queridas por nuestros coterráneos. Con Movistar arena lleno, hacen aparición con su clásico “On Broken Wings” de 1986, para comenzar los cánticos que no pararían más, en todo el resto de jornada. 

Es que era imposible parar, si continuarían con “Rock the Night”, avisando que traían una presentación más rockera, poniéndose a tono con los anteriores nombres del festival y que no tienen nada que envidiarle en rudeza. Incluso “Walk the Earth” de su más reciente producción, era cantada sin parar, confirmando que no importan los años para su fanaticada. La adrenalina y velocidad, llegarían nuevamente con “Scream of Anger”. 

Claramente el momento en que se provocó la mayor algarabía, llega con “Carrie”, su balada más querida e imperecedera, que traspasa las leyes del tiempo, como un clásico infaltable, en donde las luces de los celulares iluminaron completamente el recinto, en un son de amor, respeto y emocionalidad. 

Pasaban hits sin descanso, “Stormwind”, “Open Your Heart” con Joey Tempest comenzando a tocar la guitarra en formato acústico y proseguir con la banda en su totalidad, un momento realmente hermoso y su voz gozando de un momento grandioso. Hay que destacar el sonido logrado, perfecto, muy alto, pero definido y que se hizo notar muchísimo con los teclados de Mic Michaeli en la potentísima y densa “Last Look At Eden”, que hacía recordar los trabajos de Rainbow, en su etapa más oscura, con unas proyecciones del árbol de la vida quemándose de fondo y las secuencias entrando para armonizar con Joey, un espectáculo realmente grandioso que dejaba los pelos parados de excitación. 

Sus mayores clásicos fueron el cierre de la jornada, con una performance llena de energía, personalidad y tanto John Norum como Joey Tempest robándose el show espectacularmente, en donde no dejaban dudas de la importancia que han tenido en la historia del rock internacional, con una huella imborrable de su música que influye cada día a más personas y bandas, llegaron “Superstitious”, “Cherokee”, culminando, por supuesto, con “The Final Countdown”, canción que los puso en el mapa y de donde jamás volvieron a ser borrados. 

Los alemanes precursores del hard rock y heavy metal desde principios de los 70’ estaban nuevamente en Chile. Se han despedido muchas veces, pero los amamos tanto que pueden seguir viniendo y regresando las veces que quieran. Los reyes Scorpions entraron pateando fuerte, con la introducción sentida de “Coming Home”, pero que explota de forma colosal para activar el recinto completo que coreaba sin parar y a todo pulmón. “Gas in the Tank”, “Make It Real” avisaban que se venían con todo. 

Rudolf Schenker y Matthias Jabs constantemente jugando con el público con energía y animosidad, delante de todos en la explanada, que mantenían todo el rato sin puntos bajos de energía. Klaus Meine un poco contenido esta vez, pero igual de correcto, hacía cantar igualmente en el clásico “The Zoo”,  en una máquina de hits sin parar. Hacían tanto vibrar con canciones muy rockeras, como también cantar y amar con sus baladas imperecederas. Por un lado, “Bad Boys Running Wild”, por otro “Send Me an Angel”, coreando con “Wind of Change” y haciendo headbangging con el puño en alto “Blackout”. 

Momentos inolvidables que marcaron constantemente la jornada. Para qué hablar de la puesta escénica, no solamente los músicos mostraban su cantidad de experiencia en el escenario y cómo manejar a su público, sino que las imágenes de fondo eran increíbles, algo que pudo usar el siempre querido, inmenso y carismático Mikkey Dee, en su solo que tenía a todos con las manos sobre la cabeza por el poder de sus batacazos, cuando con imágenes de tragamonedas y con cada golpe salían las imágenes ganadoras, logra sumar un homenaje muy especial a su ex banda Motorhead, logrando una ovación completa, y de pie absoluta del recinto.

 Y realmente lo más impactante, es cómo comienza a emerger desde detrás del escenario un completo monstruo en tres dimensiones, que poco a poco va formando un colosal escorpión que cubre todo el escenario, mientas la banda seguía entregando hard rock sin parar. 

Still Loving You” dejó el momento más romántico vivido en todo el festival, con parejas abrazadas por doquier, sin importar su edad. Ojos cerrados y manifestaciones de amor por la pareja a destajo, donde, probablemente muchos de los más longevos, recordaron su primer beso, bajo la danza del lento en su adolescencia. El cierre final, no podía ser más que “Rock You Like a Hurricane”, con saltos a diestra y siniestra, muchas caras sonrientes por lo vivido y completamente agradecidos por el nivel de entrega que se pudo experimentar.

Masters of rock 2025 quedará escrito como una de los festivales más intensos que hemos podido tener en Chile, que pudo juntar mundos del rock y del metal por igual, saliendo victorioso por el nivel de sus exponentes y la respuesta del público. Nadie que quisiera ver a su banda favorita se fue defraudado, lo que habla muy bien de que tanto en el mundo, como en nuestro producto nacional, existen herramientas para jamás dejar morir esta senda de la música, que nos hace desaforar emociones sin parar, ya sea desde el romance, hasta la violenta adrenalina.


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