Una de las mayores sorpresas que dejó esta edición de Fauna Primavera fue la inclusión de Otoboke Beaver. Con más de 10 años de carrera, pero una explosión que se alcanzó en los últimos años, las artistas de Kyoto mostraron que hay todavía gente haciendo música ruidosa tras prácticamente llenar la Blondie a poco más de un día de su presentación en la segunda jornada del festival que se realizó en el Parque Ciudad Empresarial.
Tras la apertura de Playa Gótica, aparecieron poco a poco las integrantes a ver el estado del escenario. Cada una reaccionóo a su manera a los gritos que acompañaban cada uno de sus pasos. Hiro-chan con más timidez, Yoyoyoshie con más estridencia y cercanía. Accorinrin, su líder, de frentón mantenía una fría distancia, mitad en el personaje y mitad desde la sorpresa de encontrarse con un público así.
Minutos después de las 20:00 h., horario maravilloso para un show en día domingo, volvieron a subir a la tarima de la clásica Blondie. Ese mismo espacio les llamó la atención, tanto entre el nombre como por la decoración con los cubos colgando en el cielo. La guitarrista lo llamó una «sopa de miso», señalando cada uno de los adornos como pedacitos de tofu.



Desde el comienzo fue arrollador. «YAKITORI» siempre es la seleccionada para abrir sus sets, tanto en esta gira como hasta en su presentación en el popular Tiny Desk. Siempre acompañadas de sus vestidos con colores casi institucionales para cada una, recibieron de inmediato el retorno del público en gritos y cantos.
Esto último ya se volvió tema. Ya en su presentación del día anterior, medio en broma y medio en serio la banda dejó ver que los gritos sin sentido del público (no cantos, no coros, no el clásico «ole, ole, ole») en medio de los silencios con los que preparaban sus canciones eran molestos, indeseables. A través de sus redes sociales incluso mostraron que le preguntaron a alguien que habla español sobre cómo decirles que se callaran.
Uno que otro podrá haber pensado que era parte del papel que cada una desempeña en la banda, pero hasta Yoyoyoshie -la más habladora de todas- tiró el comentario pasivo-agresivo de «podrían intentar dejarnos tocar«. Para qué hablar de tanta persona en las primeras filas gritando a cada una de las integrantes pidiendo fotos, entregando regalos y cuanto deseo egoísta más. Les importa tener el video para Instagram más que aprovechar uno de los shows más auténticos que han pasado por el país durante el año.



En un mundo donde bandas como Idles o Turnstile decidieron girar hacia un sonido menos agresivo como parte de su evolución, tener al cuarteto japonés entregando canciones de un minuto y con cambios de ritmo inesperados debería ser como un oasis en el desierto para quienes siguen la música del estilo que ellas proponen. Todo esto además en un momento donde bandas como The Adicts o The Exploited, sin las cuales no habría Otoboke Beaver, están dejando la actividad.
Accorinrin lleva años presentando las canciones de la misma forma. Seria, levantando el dedo del medio y tirando comentarios con aire indiferente. Cuando guarda silencio al centro del escenario como preparación de una canción se puede ver algo más allá del show, algo de simple coordinación en canciones que comienzan al unísono entre voz e instrumentos. Aburre, tanto arriba como bajo el escenario, tener personajes que intenten llamar la atención con gritos y comentarios que intentan ser graciosos. En un escenario como el de la Blondie se podía ver la reacción de la banda en esos momentos.
Triste tener que gastar texto en pedir un comportamiento más adecuado. No se pide silencio, sino respeto.



En lo musical, la complicidad y conocimiento del cuarteto se nota bien trabajado. Se apoyan en las voces y saben dejar brillar a cada una en su momento. Sin grandes parafernalias ni cambios de instrumentos entregaron un show sólido, limpio, con bastante conocimiento de cada uno de los géneros de los cuáles se han nutrido para crear este punk rock. Hay pop, rockabilly, surf rock, garage, j-rock, riot grrrl y más. Gran mérito de esto recae en su baterista Leo -reemplazo de KahoKiss por su maternidad-, quien llevó cada ritmo -desde los más cercanos al metal hasta los del punk- con excelente técnica.
Quizá es algo que ni ellas han pensado tan en profundidad, pero dándole un rato a su música se ve que toman lo que quieren de aquellos sonidos y desechan el resto. De ahí que su catálogo tenga canciones de un minuto como «Dirty old fart is waiting for my reaction» y otras con quiebres de ritmo que sorprenden en cada primera escucha. No siguen muchas reglas y les ha funcionado, ahora dejando Sudamérica para partir de gira por Europa con Foo Fighters.
Aprovechando de la mejor forma que pudieron su tiempo, entregaron prácticamente cada uno de los éxitos de la banda: «Don’t light my fire», «I am not maternal», «S’il vous plait» y «Love Is Short». Nuevamente se celebró el cumpleaños de la talentosa Hiro-chan y se entregaron tres (!) encore, cada uno con más tiempo usado en la preparación que en el golpe que significaba cada corta canción. Hasta tuvimos un castor inflable con Yoyoyoshie encima de él flotando sobre el público.
Cuando ellas dirigían el caos, la entretención estaba asegurada. Cuando el público -o pocos personajes dentro de él, para ser más certero- intentaba manejar el tiempo, se perdía ese momentum que se acumulaba entre canciones. No hay nada más importante en un concierto que lo que ocurre sobre el escenario. Ese es el espectáculo. Quedándonos con eso, este sideshow de Otoboke Beaver superó a su presentación en Fauna Primavera y dejó con ganas de más. Todavía sorprende todo lo que pueden hacer en poco más de una hora, batallando contra el calor y la barrera idiomática. Ni ellas ni nosotros olvidaremos esta primera visita.
Otoboke Beaver
Fecha: 09/11/2025
Lugar: Blondie
Productora: Fauna Prod.
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Periodista: ![]()
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