Durante más de una década, solo interrumpida por el periodo de pandemia, empezamos a despedir el verano de la mano de Lollapalooza Chile. Ya consolidado como el festival musical más grande del país, nuevamente agrupó a parte de lo más selecto de la música nacional e internacional con una selección que en esta edición ofrece mucho pop de diversas generaciones, rock en varias de sus vertientes y muchos otros espectáculos que son más de disfrutarlos que de catalogarlos.
Como ya se ha vuelto costumbre, además de lo netamente musical también hay una gran oferta de actividades. La rueda gigante llamó la atención de inmediato, siendo visible desde casi todos los puntos del Parque Bicentenario de Cerrillos. Y junto a ella, repartido por todo el sector frente a los escenarios principales, muchas de las llamadas «activaciones» con cooncursos, juegos y entrega de información.
Sobre estas últimas, por su ubicación no generan ningún tipo de impedimento visual con los shows, pero ya debería ser momento de poner atención al volumen del ruido que generan. En el Banco de Chile Stage se podía escuchar no solo la música del sector de venta de cerveza, sino que también otras actividades móviles como un astronauta gigante que hicieron caminar por la explanada del parque. Lo mismo con el DJ de un gimnasio, el que también chocaba con la música del escenario auspiciado por la misma empresa. Entendible que quieran llamar la atención, pero música sobre música solo genera ruido. Y uno incómodo.
Pero ya entrando en la música, el camino de AgendaMusical en este 2025 comenzó con Dante Spinetta, cantautor argentino que cuenta con un apellido de peso dentro de la escena trasandina, además de una gran fama noventera/dosmilera por su trabajo junto a Emmanuel Horvilleur en Illya Kuryaki and the Valderramas. Allí se encontró con unas primeras filas ya llenas de personas haciendo una vigilia por Olivia Rodrigo, quienes igual le dieron su apoyo en momentos de un calor que pasaba lso 30º.
Si hay algo que caracteriza al cantante desde sus inicios ha sido su capacidad de adaptar distintos sonidos. En esta oportunidad lo más rescatado fue un funk que también tuvo muchos guiños al rock, en especial cada vez que se colgaba la guitarra al hombro para mostrar que ahí también tiene un talento a explotar.

Fuera con temas como «Perdidos en el Paraíso» lanzado en ese ya lejano 2019 o «Starlight», parte del próximo disco que lanzará este año, la dirección de Spinetta era bastante clara: un minirepaso por su carrera, mostrar que ahí sigue, vigente y haciendo cosas. Y en esa revisión de su trayectoria claramente pasó por «Coolo», esa canción de finales de los ’90 cuando decir ciertas palabras todavía levantaba algunas cejas que se instaló en la cultura popular logrando que hasta los más jóvenes reaccionaran instintivamente con la letra. Tuvo menos de una hora, pero suficiente para instalar su nombre en un público quizá ajeno y que pronto lo buscará en Spotify.
Como dato: recientemente se reunió con su amigo Horvilleur para dar un show como Illya Kuryaki and the Valderramas. Si se mantiene el proyecto durante este año, no sería mal nombre para cualquier festival de estas latitudes.
Ahora al cambiar de lado hacia el Banco de Chile Stage nos encontramos con otro show de 45 minutos, esta vez encomendado a la cantante nacional Soulfía. Si bien no es una novata en este encuentro musical, sí lo fue el ubicarse dentro de los escenarios principales. Más espacio, también mayor vitrina llegando directamente a los oídos de cada uno de los que ingresaba al parque.
Ahí la Pantera, acompañada de una banda en vivo y un cuerpo de bailarinas, repasó varios de los temas que la tienen actualmente como una de las principales voces femeninas del país. Allí jugó con esa mezcla de timidez y sensualidad, incluso dándose un aplaudido beso con una de sus bailarinas durante «BOCA». Ser capaz de tener ese tipo de jugadas requiere de una personalidad forjada por años de trabajo y de confianza con su equipo. ¿Podremos ya hablar de su consolidación?

Seguida a esa apareció «BYEBYE», tema para el cual invitó al popular Kidd Voodoo, otro de los pesos pesados de la música urbana actual. El riesgo era perder el protagonismo, pero tanto la humildad del cantante como la potencia de Soulfia hicieron que eso pasara a un segundo plano. «Pantera» o «Diosito» fueron otras de las que sumó a su presentación, entregando una canción tras otra para provechar cada minuto entregado. Quizá su único desliz fue despedirse en su penúltima canción, incluso diciendo que todavía no se iba cuando la gente ya comenzaba a caminar hacia otros destinos. Detalles.
Como la música nunca se detiene, la caminata tuvo que ser rápida para llegar al Perry’s by Cenco Malls Stage, el más lejano desde la entrada del festival con un camino donde se puede ver toda la variedad de iniciativas que cuentan con su espacio como LollaLove y otros comerciales. Allí ya nos debía haber esperado Polimá Westcoast, otro de los pocos nombres urbanos que aparecieron en este cartel. Pero no estaba ahí todavía.
Recién unos 10 minutos después de lo estipulado aparece una mujer que luego se pudo entender que era una maga. Allí, con un rápido truco, aparece el cantante en una teñida cargada al patrón de camuflaje incluso en su durag. Si bien igual funcionó, se sintió como una salida algo apurada. «LACONE», aquel tema que tiene con Quevedo y Mora, fue de lo primero que sacó a relucir entre tantas canciones populares que ha conseguido en los últimos años.

El tema con el cariñosamente llamado Poli no va por sus canciones, sino por cómo las presenta sobre el escenario. Quizá no era un público tan ligado al género como le habrá tocado anteriormente, pero su manejo no tuvo el resultado de otras veces. Esas pequeñas frases entre canción y canción o sus mismos bailes en la pasarela no generaron el impacto pensado. Tras ver a un Kidd Voodoo que se mueve hasta con timidez en el escenario o un Young Cister que se dirige a la gente con otro tipo de soltura, ¿será el momento de darle una vuelta a los espectáculoso de trap?
También llamó la atención que prácticamente no contó con invitados en su set, algo que parecía de manual para este tipo de shows. Así escuchamos «Cu4tro» o «ULTRASOLO» en su voz y lo grabado de apoyo. Sea por el motivo que sea, ya es normal esperar que algún invitado salte al escenario y provoque algunos gritos más. Incluso tomó tiempo para que fuera acompañado por cuatro bailarines en la pasarela. No fue un mal show, solo que era el momento para mostrar algo más. Incluso el meter parte del clásico «El teléfono» de Héctor el Father con Wisin & Yandel o el hacer una competencia entre lado y lado del escenario funcionaron a medias.
El cierre fue un homenaje al fallecido Galee Galee con «Lo malo», con mucho del público quedándose para L-Gante mientras el resto se dividía entre Michael Kiwanuka o girl in red. Esta última apareció sobre el Banco de Chile Stage vestida con una vestimentas de las más casuales (y probablemente cómodas) de todo el día: jeans, polera y jockey azul. A pesar de ser noruega, la cantante se mueve en códigos bastante similares a los del pop norteamericano tradicional, llegando directamente con «DOING IT AGAIN BABY».
Esa, junto con «bad idea», sirvió para que se moviera por todo el escenario y lograra generar esa cercanía necesaria dentro de música que llega no solo por cómo suena, sino que también por el contenido. Ya con la guitarra sobre sus hombros mostró un pop no tan tradicional, incluso con sus músicos haciendo headbanging en guitarreos que fácilmente podrían pertenecer a The Hives.

Dentro de ese mensaje está el de defender a toda la comunidad LGBT+, movimiento Black Live Matters y otros, ocupando su tarima para también entregar su carta de declaraciones. Ella, autodenominada como «lesbiana orgulloosa», no tiene miedo alguno en compartir este tipo de experiencias y mensajes. Ese sí es quizá uno de los puntos que la ubican en otro lugar del pop, similar a lo que hace su coterránea Aurora, pero que tampoco le impide tener canciones con artistas como Sabrina Carpenter.
Con un carisma envidiable, se echó al hombro al público al recibir con una divertida soberbia los cánticos de «mijita rica», un clásico también del público nacional. Lo mismo cuando pidió cerveza en un español sorprendentemente bueno. Lo negativo de aquel momento no vino por su parte, sino que externo: en las canciones menos potentes, se colaba el ruido de las «activaciones» de ciertas marcas, por lo que la gente que quedaba lejos del escenario sí o sí debía aguantar esas interrupciones de fondo. Así tuvimos un ruido acomplándose a su interpretación de «I’m Back», quizá una de sus canciones más emotivas. El tramo final con «we fell in love in october», «Serotonin» y «i wanna be your girlfriend» fue un buen cierre para un show contundente, uno de los puntos altos del día.

Si es por puntos altos, lo de Benson Boone ya debe estar en el top10 de Lollapalooza Chile 2o25. Llegó bajo el cartel de tener una canción inmensamente popular en redess sociales, ocupando apenas un par de segundos de ella al recién entrar al escenario, solo para llamar la atención. Por el número de personas que corrieron al escucharlo, funcionó.
Usando un ceñido traje rojo, color que también vistió a todo su equipo, mostró inmediatamente sus credenciales como estrella del pop actual: mucho contacto con el público, una demostración de su amplio rango vocal y mucho movimiento sobre el escenario, el que incluso se tradujo en backflips y frontflips desde su piano hacia el escenario. No había momento alguno donde estuviese quieto, sonriendo o haciendo algo para aleonar al público. Con 22 años ya tiene un manejo más que avanzado, aprovechando muy bien el fervor de la gente que ahí se acumulaba,.
Incluso aprovechó de hacer un guiño a la fanaticada de Olivia Rodrigo, a la vez de hacer sutiles bromas sobre que cada una de sus canciones era su favorita y dando introducciones cortas, pero que sí sumaban a cada una de ellas. Coloquialmente hablando, le sacó el jugo al único disco de estudio que ha lanzado, repasando también cosas de sus anteriores EP e incluso de «Death Wish Love» que escribió para la película Twisters.
En la misma senda, también tuvo el momento emotivo con «In The Stars», llamando a disfrutarla sin el uso de teléfonos, lo que sorprendentemente sí se cumplió en las áreas cercanas al escenario. Tras uno que otro juego de voz con el público que recordó a los «eo» de Freddie Mercury, el norteamericano entregó lo que muchos querían: «Beautiful Things». Aquí aprovecha la oportunidad en vivo para hacer ciertas variaciones mínimas para lucir más su voz, creando un final apropiado para un show que pasó muy rápido. Aplausos también para su guitarrista, cuya complicidad también ayudó a mostrar que la buena onda no era solo con el público, sino también con quienes le daban vida a su música.
En la pequeña ventana que quedaba hasta el show de Olivia Rodrigo, pasamos al escenario donde debía aparecer JPEGMafia. Como fue la tónica en aquel lugar, hubo algunos minutos de retraso hasta que apareció el JP en las pantallas, desatando gritos y muchos empujones en la parte cercana a la reja mientras surgían gritos de «Hendricks», su apellido.

En aquellos minutos, aprovechados para interpretar canciones como «Lean Beef Patty», se demostró por qué es uno de los principales nombres del hip-hop alternativo. Eso sí, no pasó colado que estaba solo, siendo él mismo el que debía coordinar la base de sus canciones. Entonces cantaba, salía, cantaba y así, cortando un poco el show que se sustentó principalmente en su estampa, su potencia. Una lástima la caída de su sideshow, aquel rato sobre el Perry’s by Cenco Malls Stage dejó sabor a poco.
Ya volviendo a los escenarios principales, nos encontramos con un Cenco Malls Stage repleto. Con un gran número de padres y madres acompañando a menores de edad, se dio inicio a uno de los shows más esperados de esta edición del festival: Olivia Rodrigo.
Tras un video de introducción, «obsessed» fue la primera en interpretar, encontrando un coro de inmediato. Lo mismo con «ballad of a homeschooled girl», entregando un espectáculo que tiene su fuerte en el dramatismo, en generar esa empatía con lo que popularmente en internet se conoce como las girls. Después de otro éxito como «vampire», llegó un clásico negativo de los cierres de Lollapalooza Chile: el anuncio de que hay personas aplastadas cerca del escenario, instando al público a dar pasos al costado.
Debe haber alguna forma de poder prever eso, ya que aquellas indicaciones apenas se cumplen, con la gente simplemente silenciando sus molestias para que el show pudiese continuar. Tal como pasó en otros años con conciertos como el de Billie Eillish, el autocuidado no es un elemento que se conozca mucho en los lugares cercanos a la reja. Tras algunos minutos, la norteamericana siguió sacando a relucir todos sus talentos y no solo los que tiene con su voz. Sus gestos y sus comentarios le daban otra fuerza en vivo a sus canciones, logrando esa conexión que muchas veces tiene como límite el idioma.

La primera vez de una artista en el país siempre tiene un sabor diferente. En esta oportunidad no era solo eso, sino que también la primera vez en Latinoamérica y encabezando un festival de este tamaño, enfrentando todos estos retos con un manejo que ya lo quisieran otros artistas más curtidos. Olivia Rodrigo se movió para todos lados, jugueteó con su cuerpo de baile, interactuó con su banda -completamente compuesta por mujeres- y mucho más. Ocupó cada rincón del escenario, incluso con coqueteos frente a las cámaras que la seguían para todos lados. Una energía propia de sus 22 años.
Incluso se dio el lujo de, guitarra en hombro, hacer un cover de «Don’t Speak» de No Doubt, una de sus claras referencias en estilos vocales. Y es ahí uno de los puntos donde brilla la artista: puede pasar de cantos muy dulces a gritos e incluso especies de spoken word en pocos minutos, casi como si fuera lo más normal del mundo. El pop no tiene por qué ser siempre dulce.
Tras más de una hora, el cierre con «deja vu» parecía definitivo para muchos, pero la mayoría decidió quedarse al ver que tampoco había movimiento en el escenario del frente. Así pronto volvió para entregar un nuevo set de hits donde brilló «all-american bitch» -donde también se provocó una de las lluvias de gritos más fuertes de toda la jornada- y «get him back!«.
Un acierto haberla puesto en esa posición, tanto por la masividad lograda como por el espectáculo propuesto. No se necesitó gran parafernalia, sino un equipo cohesionado y una propuesta coherente de comienzo a fin, donde brilló tanto por su forma de cantar como por todo lo que transmitió en miradas, comentarios y acercamientos al público. Si es así ahora, solo queda la curiosidad de saber con qué más podrá sorprender en una próxima oportunidad. Desde ya, un Movistar Arena quedaría chico.

















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