Lollapalooza Chile ha tenido jornadas memorables que han puesto la vara súper alta en temas como puestas en escena como la de Lil Nas X, karaokes de miles de personas como durante el show de Feid o voces increíbles como fue con SZA, solo recordando el pasado cercano. Tras un viernes que no decepcionó, pero que tampoco brilló como otras jornadas, llegó el segundo día con un puñado de nombres que van a la segura.
La vuelta de AgendaMusical comenzó con Lasso, cantante venezolano que hace honor a la tradición musical de su país con un pop de tintes románticos bastante pegajoso, coqueteando también con varios de los sonidos urbanos que han aterrizado en la última década.
Tras dos años de ausencia, recordando el show que repletó en el Movistar Arena el 2023, el músico basó su espectáculo no solamente en todos los éxitos que ya acumula tanto en la radio como a través de redes sociales, sino que también en un carisma que lo llevó a jugar reiteradas veces con el público, incluso con temas que podrían considerarse sensibles como alusiones a la «izquierda y la derecha».
Pero Lasso sabe lo que hace, manteniendo un tono que permite tomarlo siempre con el humor. Lo mismo al hablar sobre sus propias canciones, preguntándole al público si querían seguir escuchando de las «depresivas» para recibir gritos de aprobación rápidamente. Esta misma inteligencia le hizo leer muy bien el escenario al que llegaba, aprovechando de tener un par de guiños a la música nacional con covers de La Ley y otro muy coreado de «Tren al sur» de Los Prisioneros.

En lo que hubiese sido una muy buena colaboración en vivo, el cantante también rescató otro de sus vínculos con el país: «Odio que no te odio», canción junto a Cami. De todas formas, incluso solo en su voz, se convirtió en uno de los primeros karaokes de la jornada en momentos donde el sol nuevamente era implacable con los presentes en los escenarios principales. Aprovechó súper bien la hora que tenía, recorriendo la pasarela y bromeando con el público. Entendió la tarea perfectamente.
Apenas se bajó del escenario, la gente empezó a comenzar a caminar hacia el lado contrario para ver a otra sudamericana: Nathy Peluso, una de las principales voces femeninas del otro lado de la cordillera que venía nuevamente a presentar su último trabajo Grasa.
A pesar de ya llevar algún tiempo manejando su carrera desde España, el sonido porteño nunca abandonó su trabajo. Eso se pudo ver rápido en «Corleone», la canción con la que saltó al escenario en medio de los gritos de la gente que seguía llegando a cada minuto. Dueña de una personalidad muy atrapante, aprovechó de llevar su música a casi miniobras teatrales apoyada en un equipo de bailarines que fueron desde a apuntarla con pistolas hasta besarse en la mitad del escenario. Quitar los ojos del escenario era difícil, incluso con gran parte del espacio desocupado.

Y así como le salía natural la influencia del tango y otros ritmos bonaerenses, Peluso también explotó su fuerte en el hip-hop, la bachata y sus colaboraciones con otros queridos nombres de la escena como C. Tangana, Ca7riel y Paco Amoroso e incluso la sesión #36 que tiene con Bizarrap. Si bien Grasa era lo central, también entendió la temática festivalera para sumar canciones que pegaran rápido.
«Vivir así es morir de amor» es un clásico de la música en español que traspasó generaciones, convirtiéndose en una gran forma de cerrar sus conciertos tanto solistas como siendo parte de estos eventos masivos. Allí no solo hizo homenaje a sus raíces, sino que también provocó un canto masivo intergeneracional que fácilmente está en el top de momentos del día de Lollapalooza Chile. Siempre es un acierto contar con la argentina.
Lo que seguía en el horario también llega desde el otro lado de la Cordillera: Babasónicos. ¿Qué tanto más se puede decir de Dárgelos y compañía que no se haya dicho antes? Dueño de una extraña sensualidad, el vocalista apareció de blanco caminando lentamente para ubicarse al centro de todo el escenario para presentar el primer corte de la tarde con «Tajada».
De ahí en adelante, fue éxito tras éxito, respondido con cánticos desde prácticamente todos los sectores cercanos al Cenco Malls Stage. De «Fizz» pasó a «Sin mi diablo» y de ahí a «Irresponsables», cerrando esta última con uno de esos característicos bailes del vocalista surgido de Lanús. El guion está clarísimo desde un comienzo, pero otra cosa es poder ejecutarlo con la presición necesaria para no solo satisfacer a aquellos que te conocen, sino que también atraer a esos que no te tienen en su radar.

«Hazme el amor hasta el amanecer y después bye bye» canta coqueteando Dárgelos en una de las pocas canciones de Trincera, el último de sus disco que este año ya cumple tres desde su lanzamiento. Después volvieron dos décadas para «Risa», así como si nada, aprovechando ese hilo conductor de seducción que tienen gran parte de sus canciones. Así logramos ver un poco de todo el arsenal de los argentinos: el baile con liviandad de «Microdancing», esa casi balada que es «Putita», esa transición increíble que realizan entre «Carismático» y «Yegua» o la fuerza que le ponen en «La lanza».
Quienes han visto anteriormente a los Babasónicos probablemente no se encuentren con nada nuevo. De hecho, fueron parte de otro festival en el último tramo del año recién terminado. El tema es que la ejecución siempre es impecable, partiendo desde la ecléctica elección de vestimentas de cada uno hasta los roles que toman con solo el vocalista y Diego «Uma» Rodríguez a su izquierda siendo los que interactúan con el público. Eso, para quienes los ven por primera vez, es para volarles la cabeza. No por nada se han mantenido en lo más alto del rock en español de las últimas décadas.
El cierre con «¿Y qué?» fue preciso para hacer cantar a todos y, como siempre, dejar pidiendo más en un setlist que fácilmente podría haber incluído otros éxitos como «Rubí», «En privado» o «El ídolo».
Los argentinos se tomaron gran parte de la jornada de la tarde en este segundo día. Ahora, mientras Parcels empezaba su espectáculo, muchos otros seguían de largo para llegar al Smart Fit Stage, el único techado de todos los escenarios del festival. Sabiendo lo que se venía, muchos llegaron con largos minutos de anticipación. Otros, algo más escepticos, se quedaban más en los bordes en vez de meterse entre la masa de gente que se comprimía más y más en búsqueda de cercanía con el dúo que pronto llegaría: Ca7riel y Paco Amoroso.

Está complejo abordar un show así. De fondo, dos lienzos enormes con sus rostros haciendo muecas ya marcaban más o menos el camino a recorrer. El que les sirvieran whisky antes de llegar al escenario también fue otro gesto de que esto noo sería algo común, todo ubicado en una mesa al centro con dos sillas. La propuesta no es fácil de definir, aunque sí hay elementos que cruzan todo lo que hacen: el extraño sentido del humor, no tomarse tan seriamente a sí mismos, divertirse y hacer bailar. Ahora, hay que hacerlo encajar. Ahí está el trabajo.
Incluso con eso en mente, uno no sabe muy bien qué esperar del show. Sus presentaciones previas en diversos escenarios, incluido el Tiny Desk de NPR, dejan en claro que no siempre uno puede anticipar lo que van a hacer en la parte visual. Lo primero fue ver a todo su equipo de músicos vestidos de blanco, llevando su espectáculo un paso más allá. Habría sido muy fácil el simplemente utilizar bases grabadas, no contar con coristas y solo centrar el espectáculo en sus figuras, pero dentro de este proyecto no hay espacio para ideas pequeñas.
Ya con solo poner sus pies sobre el escenario los gritos se volvieron ensordecedores. La apertura con «Dumbai» y «Baby Gangsta» nos encontró con el dúo sentado, solo limitándose a girar en sus sillas. Lo de moverse y saltar se lo dejaban a la gente bajo el escenario. ¿Sus vestimentas? Tracksuits con músculos impresos, pero ocupados de diversas formas. Ca7riel con la chaqueta abierta, Paco Amoroso con el cierre hasta arriba. Cada uno tiene una propia personalidad, una forma de cantar y de moverse que transmiten distintas cosas, pero siempre con la propia química entre ellos al centro de todo. Ni siquiera tuvieron que cruzar palabra entre sí para saber cómo se iba a desarrollar todo.

No había pasado ni la mitad del show y ya había gente empapada de sudor. Más o menos en esa marca es que también dejan sus asientos para empezar a moverse por todo el escenario, momento en donde también tuvieron momentos para sus interpretaciones en solitario sobre el escenario. El otro salía de ahí para no quitar protagonismo, algo que como buenos amigos que son no tuvieron problema en compartir.
En ningún momento uno quiso brillar más que el otro ni ganar aplausos fácil, todo fue respuesta a un show que contó con muchos juegos de luces, interpretaciones muy llamativas de canciones que muchas veces rayan en la parodia. El combo cerca del final de «#TETAS» con «El día del amigo» fue clara muestra de esto último, siempre con el respaldo de su banda en vivo.
Este show no hubiese desentonado en uno de los escenarios principales, es verdad, pero para lograr el nivel de compenetración con el público y de cercanía, el Smart Fit Stage fue perfecto. Solo una hora que pasó volando.
Ya de vuelta a los escenarios principales, el Cenco Malls Stage estaba en el tramo final de Foster the People, mientras muchos otros ya se estaban acomodando en el Banco de Chile Stage para esperar a Alanis Morissette. Así, avanzando a pasitos pequeños debido a toda la gente que se agolpó, loo primero con lo que nos encontramos fue un video recopilatorio de su carrera y de su vida, mezclando material de archivo con entrevistas, entregas de premios y más.
No sé qué tan necesario sea que la headliner de un festival tan grande como Lollapalooza tenga que repasar tanto de su carrera cuando su propio nombre ya es conocido por diversas generaciones. De hecho, sacó bastantes gritos la aparición de Olivia Rodrigo hablando sobre Morissette en una entrevista, enseñando muy directamente aquella influencia que pudimos ver la noche anterior.
El arranque fue con un clásico: «Hand in My Pocket». Desde ahí fue una demostración de su capacidad vocal aguantando notas muy largas y diversos apoyos visuales, los que iban desde su postura política a favor de las mujeres en temas como trabajo o tráfico de personas hasta otras con fotografías de shows pasados en diversas ciudades del mundo. Era prácticamente una fiesta en torno a su propia obra, un homenaje a sí misma.

Y lo de su video inicial era real, ya que al verla en vivo uno va encontrando diversos patrones que otros y otras artistas pop han ido adoptando con el paso de los años. Esa capacidad de hacer pop con una guitarra al hombro no es nueva, pero sí se consolidó de una nueva forma durante los 90 con la canadiense, quién siempre fue empujando el cerco un poco más allá también de la mano de algunos de sus videos musicales. Pues ahora fuimos testigos de un repaso a todo eso, tocando casi en su totalidad las canciones del exitoso Jagged Little Pill.
Con esas mismas canciones aprovechó de improvisar y cambiar letras, en especial en aquellas que hacían referencia a su propia familia. En la misma línea, también dejó con un poco de ganas a más de alguna persona al no ser la versión completa de cada una de ellas. Pero Morissette sabe que el tiempo es limitado, entonces el repasar lo mayor posible del disco que marcó tanto su carrera como una generación fue una jugada inteligente.

Para los que no son fanáticos de su música, fue mucho rato entre clásico y clásico. Viéndolo solo desde la mirada de ser headliner, la trayectoria es importante, pero finalmente a lo que vamos es a la música. Para aquellos que sí llevaban la polera de la cantante desde hace años, fue un repaso casi mágico por esos temas que demoraron más de dos décadas en volver al país.
Morissette no te hace bailar ni saltar en cada canción, pero sí provoca que despierten recuerdos, que fluyan emociones y que se canten las canciones con todos los sentimientos involucrados. Un bálsamo al corazón de muchos, sea con ella caminando por todo el escenario o en compañía de su grupo de músicos, quienes tuvieron dos estaciones de trabajo durante el show: una más ruidosa, otra más íntima. Ambas funcionaron.
Tras un cierre que contó con famosas canciones como «Ironic» o «You Oughta Now», la cantante y la banda se fueron del escenario. Las señales de una vuelta no fueron tan claras como otras veces, haciendo que muchas personas se devolvieran una vez que salió nuevamente al escenario para el último bloque de su presentación. Aquel encore tuvo a «Uninvited» antes de otro de sus más grandes clásicos: «Thank U». Este provocó un coro enorme con muchas personas siendo captadas en medioo de su emoción por las cámaras de la producción, todo sumando a una de las canciones más conmovedoras de su catálogo. Un cierre diferente, sin la estridencia de otros momentos, pero con una calidez que quedará marcada en esta edición.
Así llegamos al cierre de la segunda jornada de Lollapaloooza Chile con tres espectáculoso en simultáneo que repletaron con cada uno de sus públicos. Mientras al fondo del parque se encontraba Charlotte de Witte y en el Smart Fit Stage se encontraba Mon Laferte, un norteamericano se apoderaba del Cenco Malls Stage: Justin Timberlake.

Acompañado de muchos músicos, coristas y bailarines congregados en los Tennessee Kids, el norteamericano prendió inmediatamente con dos éxitos que también llegaron a esta parte del mundo: «Mirrors» y «Cry Me a River». Desde ahí me levantó la interrogante de si sería capaz de llenar sus 90 minutos de presentación con canciones así de conocidas o con un show muy pensado para un público norteamericano.
Y efectivamente el show contó con algunas lagunas donde Timberlake hacía su trabajo de muy buena forma, pero sin conseguir la respuesta arrolladora de otros que han estado en su posición. A estas alturas tampoco es que exista una barrera idiomática tan dura con el inglés, es que simplemente no causaba tanto fervor como otros ni con sus gestos, comentarios y otros dispositivos, como cuando señaló a una niña de entre el público para firmarle una hoja de papel.
Fue una montaña rusa donde a veces se sentía todo en un valle y en otros momentos, como con «My Love» o «Señorita«, que levantaron gracias a su carisma y un grupo de personas pegadas a la reja que sí o sí gritaban ante cada intervención. Y es que acercarse al escenario era una misión casi imposible de desarrollar si es que no llegabas temprano, pero también fue posible ver gente que abandonó ya desde cerca de la mitad de su show.

En ningún momento se pone en duda su calidad tanto como bailarín ni como cantante, siendo uno de los músicos que más éxito ha conseguido internacionalmente en su mezcla de pop con soul, R&B y otros sonidos surgidos de comunidades afrodescendientes, tal como la mayoría de los músicos que lo acompañaban. Es solo que, a pesar de ser un debut, le faltó ese algo que hiciera conectar con el público en general, incluso aquellos que no son tan familiares con su música. Ese algo que Olivia Rodrigo logró en base a sonrisas y miradas aquí estuvo algo ausente.
En más de una oportunidad fueron muchas cosas ocurriendo en el escenario, uno que de lejos ya se pierde más o menos la vista con los humos y juegos de luces. Se agradece que un artista de su talla no sea tan egocéntrico para llevarse todo el show, pero tampoco hay que perderse. Él era el nombre en el cartel. Incluso aquel momento de emoción donde recordó que hacer este tipo de shows era su sueño, aprovechando de derramar un par de lágrimas, logró un aplauso y gritos cerrados, duraderos, Le faltó ese «algo».
Tras un medley con su DJ que sumó varios otros hits, llegó lo que parecía el cierre con el exito mundial «SexyBack». Algunas decisiones, como el estirarla casi al final, hicieron que esta despedida fuera algo más larga de lo que debió haber sido. Más de una cámara esperaba los fuegos artificiales o el papel picado, pero no ocurrió nada. Fue raro, por decirlo de alguna forma.
Aunque la gente ya se iba, el ver que se transportaba un piano al centro de la pasarela hizo que varios se detuvieran. Allí apareció para interpretar una última canción: «Until the End of Time». Con esto calcó a la perfección el mismo set mostrado en Argentina, pero ni siquiera con eso en mente fue una sorpresa real. Quizá fue el desconocimiento o el no seguir su carrera tan cerca, pero se esperaría que un cierre de festival fuese a lo grande y no con una canción así de -usando un término coloquial de internet- chill.
Sin decepcionar, pero tampoco sin brillar en demasía, Timberlake y su equipo abandonaron en escenario en una jornada marcada principalmente por la irrupción latina en shows de alta convocatoria. También palabras para el show de Mon Laferte, que merecía un escenario más grande, aunque también valorable que sea considerada como un nombre de cierre de un escenario.

















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