FOTOS | W.A.S.P. en Chile: Un rockstar de la vieja escuela


Por Vicente Flores

Cuando se piensa en lo mejor de la música de los ochenta, algunos de los géneros que más se vienen a la memoria colectiva son el hard rock y heavy metal. Ambos con orígenes en los setenta dieron vida a la enorme cantidad de bandas que llegaron décadas más tarde. Por eso, el glam metal, un híbrido entre el hard rock y el heavy metal, gozó de tanta popularidad en la prodigiosa época ochentera. Bandas como Motley Crue, Poison, Ratt o Twisted Sister fueron de las más populares. Sin embargo, en este lote también puede entrar una de las agrupaciones más reconocidas de todo el rock, como Guns N Roses. Eso sí, lo que diferenció a los liderados por Axl Rose y Slash fue el estilo más sucio y callejero. Es decir, sin tanto maquillaje y vestuarios pomposos como los que lucían las bandas anteriormente mencionadas. Así fue como nació el sleaze rock, con bandas insignes de los ochenta, como Cinderella, Skid Row, y por supuesto, un conjunto que, quizás injustamente, no goza del mismo reconocimiento que otros de sus pares: W.A.S.P. 

Hablar de este grupo es hablar de Blackie Lawless. El histórico vocalista y guitarrista es el único miembro fundador que sigue en la banda, y es que él es W.A.S.P. Por eso, anoche 2 de mayo, la gente que llegó en masa al Teatro La Cúpula fue a verlo a él, uno de los más insignes rockstar de los ochenta. 

La cita con la historia viva del rock fue precedida por la banda nacional Engima, quienes venían de tocar en el Masters Of Rock, junto a un cartel con bandas como Judas Priest, Scorpions y Opeth, por lo que su status de estandartes del metal criollo se ha acentuado en el último tiempo. 

Álvaro Paci (guitarra), Nelson Montenegro (voz), Sebastián Bello (bajo) y Sebastián Vásquez (batería) tocaron cerca de 40 minutos, exhibiendo lo mejor de su heavy metal con reminiscencias al progresivo. Los solos de Paci y la agresiva voz de Montenegro llenaron de energía al público, que ya se hacía notar dentro del recinto. 

Casi 2 mil personas repletaron el teatro, que se hizo pequeño. Viejos rockeros vestidos con camisetas estampadas con el número 40 en la espalda, tal como sigue apareciendo en sus shows hasta la actualidad Lawless.

“The End”, la clásica canción de The Doors sonó cerca de las 9 de la noche. Las luces apagadas y la multitud vitoreando por ver a Lawless y compañía. Con 68 años, el frontman no se deja llevar por su edad, porque pese a sus problemas de salud (operación de dos discos herniados y una vértebra rota), que lo han llevado a tener que tocar en algunas ocasiones sentado, el vocalista morirá en el escenario. Eso, anoche, lo dejó muy en claro. 

La gira se enmarca dentro del aniversario 40° de su disco debut W.A.S.P (1984). Aquel homónimo tuvo gran éxito en la juventud estadounidense, pese a la censura que se atentó contra la banda, debido a las letras explícitamente sexuales y violentas, y sus controvertidas presentaciones en vivo. Con mujeres desnudas, Lawless escupiendo sangre y arrojando trozos de carne a la audiencia, la agrupación se ganó el rechazo de la sociedad conservadora de la época. 

Quizás por aquella censura no llegaron a tanta gente como Motley Crue o Posion, o tal vez por su mayor acento en el sonido crudo y menos importancia por el look. Como fuera, W.A.S.P sí quedó en la retina de miles de fanáticos alrededor del mundo, incluido Chile. 

“I Wanna Be Somebody”, el tema más exitoso y conocido de la banda también abre su álbum debut. Por eso, el inicio del show fue atronador.  Junto a Mike Duda (bajo), Doug Blair (guitarra) y Aquiles Priester (batería), Lawless y los suyos derrocharon talento y experiencia sobre el escenario. El coro del primer éxito de la noche fue gritado por todo el público, mientras las manos se alzaban en son de reverencia al músico homenajeado en vida por su fanaticada chilena. 

Como ha sido la tónica de su gira, la banda toca su álbum debut en su totalidad. 10 canciones ágiles y agresivas, sin lugar para pausas. “L.O.V.E Machine” también desató la locura, con un coro igual de pegajoso que la canción anterior. Y así, uno tras otro, todos los temas fueron ampliamente acompañados en la voz de la audiencia. 

Es sabido que Lawless usa pistas de apoyo en sus conciertos, pues él mismo ha defendido tan postura, al argumentar que así las canciones se asemejan más a las versiones en estudio. Aunque aquello fue evidente ayer, en la fría noche dentro de la Cúpula, se debe reconocer que aún le queda rebeldía a la áspera voz del cantante. Los clásicos agudos del nacido en Nueva York se escucharon con nitidez, así como también sus repetidos silencios en algunos momentos de sus hits, para apoyarse en sus compañeros de banda y el público.

B.A.D”, “School Daze” y “Hellion” sonaron como arsenal de guerra, con Priester demoliendo los platillos y los bombos. Lo mismo para Blair en guitarra, quien en su look y actitud se asemeja bastante a los músicos de la escena ochentera de Los Ángeles, California. 

Luego de 6 canciones interpretadas, los asistentes estaban deseosos de seguir saciando su sed de heavy metal clásico. Sin embargo, un par de fans traspasaron la línea de seguridad que la propia banda había dictaminado. Es más, previo al comienzo de show, la producción avisó al público que quienes traspasaran dicho límite serían expulsados del recinto. Dicho y hecho. Lawless, al parecer, vio que habían transgredido sus reglas del juego y, terminada “Hellion”, le comunicó a su banda que se marchaban. Cerca de 5 minutos estuvo en peligro la continuidad del concierto, pero Lawless escuchó a su fanaticada vitorear su nombre sin parar y volvió al escenario. 

Sleeping (In The Fire)” fue otro punto álgido de la jornada, con los más románticos alzando el puño en alto y eclipsando la voz de su ídolo. 

“Tormentor”, otro clásico de su viejo repertorio provocó uno de los momentos más eufóricos, con decenas de rockeros moviéndose con desparpajo y desenfreno. Gran parte de ellos escucharon a W.A.S.P en su pleno apogeo, pero no eran pocos los más nóveles, como es la tónica en los shows de este tipo. Amplias y diversas generaciones, unidas por la música atemporal.

 Finalmente llegó el encore. Con dos mix de canciones de sus discos posteriores Inside The Electric Circus (1986) y The Headless Children (1989), el frenesí ya era total. Más poleras en manos y los empujones por doquier, acompañados por grandes temas y muy valorados por los fans, como “I Don´t Need No Doctor” y “Scream Until You Like It”.

“Wild Child”, quizás su segundo tema más popular después de “I Wanna Be Somebody”, fue el momento ideal para observar detalladamente a Lawless. Solo con su guitarra y su voz, el estadounidense cantó los primeros versos del tema, como si fuera la prueba para evidenciar que aún tiene gritos y energía para rato. Luego, acompañado de su banda, dieron una excelente versión del clásico hit, para por último, cerrar el show con “Blind In Texas”. Así, con material de su segundo álbum The Last Command (1985), W.A.S.P se despidió de tierras chilenas.

Estamos felices de haber vuelto. Es probable que esto no vuelva a suceder, así que lo que acaban de ver es historia”, pronunció Lawless. De esta manera, en una de las pocas intervenciones que tuvo, el músico anunció lo que era muy probable. Con 68 años y varios problemas de salud, aún no cuelga la guitarra, pero sabe que más pronto que tarde pasará. Por eso mismo, tal como él sentenció, lo que vimos ayer fue historia pura. El repaso por completo de su álbum debut más otros clásicos fue más que satisfactorio para las cerca de 2 mil personas que asistieron al show. Porque W.A.S.P es una banda que marcó una época y no debería dejar indiferente a nadie que se reconozca como rockero. 

 


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