Andrés Suárez: «No pienso parar hasta que me vaya bien en Chile»


Andrés Suárez es un cantautor español que ha revolucionado la escena de la balada en la península ibérica, rompiendo récords que lo han llevado a internacionalizar su carrera.

En este camino de descubrimiento, el español agendó una gira por Sudamérica que lo trajo a Chile para presentarse en el Club Amanda.

A pocas horas de su espectáculo, Suárez conversó con Agenda Musical sobre su carrera, influencias y cómo ha llegado al lugar donde está actualmente.

Agenda Musical: Ya llevas 20 años de carrera, empezaste desde abajo y ahora estás en Chile, ¿cómo miras hacia atrás lo que has construído?

Andrés Suárez: Con mucha lentitud. Presumo del fracaso y es un honor. Debería haber cantado en Chile para tres personas, si hay más es un éxito rotundo. Si nunca he venido a Chile y hay 10.000 personas, no sé si cuando vuelva habrán más. Canté durante muchos años para los camareros, después entraron otras personas, fueron cinco y luego diez. El boca a boca es el mayor poder de la música, el convencer a las personas de que traigan otras personas porque le hayas dicho que has visto el mejor (show en) directo. Esa bola de nieve luego es imparable. El resto son elementos del marketing que no tienen que ver con el futuro.

Yo miro para atrás con determinado orgullo, porque nadie me ha regalado nada. He sido muy ayudado, por los maestros, estoy muy agradecido. A Serrat, Víctor Manuel, Ana Belén, Pablo Milanés, Iván Ferreiro… grandes nombres, pero fue una carrera profundamente lenta. Muy poca gente, fueron 50, luego 100 y después 150. Por eso agradezco y valoro tanto a esas 100 personas, porque sé lo que es cantar para dos. Lo miro con una profunda normalidad.

Le contaba antes a un compañero, en mi país hay una persona que tocaba en un bar para 50 personas y se volvió estúpido al final, por creerse conocido. Un día vi un escritor que le ofreció la respuesta perfecta: vete a la Plaza de Madrid, vete a la Alameda de Santiago, a Corrientes de Argentina y di tu nombre y ve quien te conoce. El mundo es muy pequeño, somos muy pequeños y tenemos que trabajar muchísimo para que nos conozcan. Y aquí estoy, para trabajar para dos, 20 o para 100. No pienso parar hasta que me vaya bien en Chile.

AM: Una pregunta igual difícil: ¿Por qué se aprende más en el fracaso que en el éxito? Al menos para ti.

AS: Entiendo que es normal venir aquí y, repito, por una figura de marketing y estrategia que no tienen que ver con las canciones o modas. Yo lleno un estadio de fútbol o lleno Viña del Mar entera, sin haber venido antes, mi cabeza entonces entiende que si canto para 100 es un fracaso. ¿Sabes lo que es cantar para 100 personas? ¿100 personas que eligen su tiempo, dejan al niño en casa para ir a verte o gastan su dinero en ti? ¿Que compran tu disco? Ese es el mayor éxito. Eso es un triunfo. Nacer en el triunfo te puede llevar a eso, a pensar que si no cantas para 5.000 es un fracaso. Lo digo porque a veces sucede, ves a fenómenos musicales… yo respeto y me parece genial, pero un fenómeno musical es un boom donde tienes mucha gente que te conoce.

Hostia tío, yo prefiero saber lo que es volver a tu casa llorando porque no tienes dinero para el bus de vuelta o para el hotel a dormir, ahí vas a valorar mucho más lo que tienes, vas a entender que esa gente que viene a verte… vas a recordar cuando estabas solo en un bar. Cuando dicen «tienes que venir a Chile y hacer entrevistas», joder, benditas entrevistas. Quizá gracias a ti a lo mejor me conoce una, una persona. Si me conoce una persona por ti, te debo una copa. Para mi esto es este oficio. No es llegar y cantar para miles de personas.

AM: Comenzaste con pocas personas y tu música es súper personal, quizá ahí era más fácil conectar con ellas al verlas cara a cara. ¿Cómo se logra eso cuando ya son de 100 personas para arriba?

AS: Podría irme a hacer canciones, marcharme a un lugar remoto y lejano, para hablarte de planetas lejanos, cosmos, estrellas y tal. Yo prefiero describir un abrazo, un sexo en un hotel o la historia de la siembra de mi abuelo. Por eso creo que la gente se queda. No soy distinto de ti. Me considero un artesano, un creador de canciones, pero canto a lo cotidiano, al dolor, fracaso, éxito, el amor, sexo, en todos los sentidos. Este último creo que salió muy bien, porque coincidió con el peor momento de la pandemia, para todos. Es un disco que tiene mucho sexo, mucha risa, paseos por la playa, amistad. Necesitamos eso. Si te digo que voy a sacar un noveno disco y te digo que voy a hablar de la muerte, la pandemia y tal… no lo vas a escuchar. No podemos más.

En España llevo 39 años conociéndola, desde marzo del 2020 que es difícil encontrar una noticia alegre, positiva. Las hay, pero joder, lees los titulares y escuchas sobre la guerra y tal, la nueva pandemia, todo eso. Si me apetece hacer una canción sobre una noche loca en un bar y salimos borrachos, nos liamos… por favor, un poquito de vida, de sexo, de risa y una cerveza. No podemos más.

AM: Me nombraste varias personas con las que has colaborado. Aparte de lo musical y lo que te puedan haber aportado ahí, ¿qué más aprendiste de ellos? Cada uno tiene un estilo diferente.

AS: Musicalmente es la maestría. De hecho, creo que en España nos estamos olvidando de lo nuestro. Si alguien no hace el trabajo de que escuchen, no se escucha. Hay gente que no sabe quien es Sabina o Serrat. Está muy difícil a la hora de aprender o crear, cantar. ¿Qué es lo que aprendo? Casi todo. El temple. Yo he visto a mi amigo Joan Manuel Serrat cantar para 22.000 personas, nervioso sin que nadie se de cuenta. No digo que le de lo mismo su trabajo, en absoluto, todo lo contrario. Cada sonido y luz tiene que estar en su punto. Raphael también es así. Pablo Milanés… los maestros que conozco son así, por algo será, pero son gente que no se deja llevar por la pasión. Cómo carajos no te dejas llevar por la pasión y la locura si tienes 22.000 personas delante. Yo estaría así (temblando). Nunca he cantado para tanta gente…

AM: Todavía, jajaja.

AS: Gracias, jajaja. Una vez canté en el WiZink Center en Madrid, miles y miles. Estuve una semana sin dormir. Un tío decía «no puedes perder la visión, esa gente pagó por verte. Si no puedes dormir, anda al psiquiatra, toma unas pastillas, pero no estropees la noche a esa gente que lleva esperando por tu concierto. Tienes que ser quien guíe a esas personas esa noche». Eso lo aprendí. Yo soy un tipo nervioso, inquieto, sobre todo por el jueves al ser la primera vez. Luego puedes llegar acá al hotel, rompes y gritas, vale, pero frente al público… dales una buena noche.

AM: Decías que hay muchos jóvenes que no conocen a esos maestros, pero hay otros que los reivindican en la música urbana, como C Tangana. Él muestra mucho sus raíces flamencas. ¿Qué te parece esa mezcla entre música moderna y las raíces que dices que no quieres que se pierdan?

AS: C Tangana es extremadamente inteligente. Su proyecto me parece enriquecedor. Yo no estoy en contra de nada. A veces en el periodismo se cae en el encasillamiento, que el cantautor, trovador, el tipo melancólico, cuando después son los tipos más peligrosos en los bares. Que somos los más tristes, aburridos, gente depresiva, es muy jodido salir de esa casilla en la que te mete un periodista. Para ellos yo soy cantautor.

Para mí, C Tangana es un cantautor, también Juan Luis Guerra, Rubén Blades, Rubén Iniesta de Extremoduro, todos son cantautores. A mi me da lo mismo en qué formato utilizas tu voz, tu autotune o que sea una banda de hardcore, me importa un carajo. Es un creador de una historia, una melodía, capaz de llenar un estadio de fútbol con una voz, afinada o no, da igual. El comienzo de C Tangana es un paso enorme. Lo ha escuchado mi abuela y bisabuela. En lo único que no estoy de acuerdo es, según la música que suena allá (España), no respeto la música, sea urbana o lo que sea, que degrada a la mujer. Eso me parece que no debería aceptarse.

AM: Volviendo a tu música. Con tu última gira diste más de 80 shows, eso deja la vara muy alta. ¿Tienes alguna meta para la siguiente o es más paso a paso?

AS: Algo que aprendí con la pandemia es no hacer planes a futuro. Llevo tocando con mi bajista y mi baterista unos 12 o 13 años, no tengo idea. Mi sueño es que mi equipo, mi staff, el año que viene cuando saque un disco, que estén conmigo. No sé si van a estar. No sé si van a querer estar. No sé si habrá gira. No quiero sonar dramático, pero es real. Puede que haya un covid-22, que no sé nada. Mi plan es ese. Cuando pienso «ya, ¿qué hay que hacer el año que viene?», me dijo que haré una canción, luego otra, luego otra.

Ahora vine a Chile, a lo que hay que hacer, después me voy a Perú. Aprendí a organizar eso. Si voy a dar un paseo hoy, vi un mercado artesanal acojonante, estoy ahí esa media hora. No me hablen de otra cosa. La vida es ahora, no sé si mañana vamos a estar. Ojalá nos veamos en el 23 con una gira maravillosa, hay que ser positivos. No quiero ser pesimista, pero joder, que dos años que llevamos.

AM: Entiendo lo de querer vivir siempre el presente, ¿pero cómo lo hace un cantautor para no pensar en el futuro?

AS: Es muy jodido, pero se da algo muy interesante. Volvamos al principio de la entrevista: cuando cantaba en un bar para tres personas, yo dormía… si es que dormía, porque no me acuerdo mucho, solo que fui muy feliz. Esa era mi historia, mi movida, dependía de mi. Ahora necesito llamar un técnico de luces, un técnico de sonido, montador, backliner. Ya llevo a más de 10 personas de gira. Entonces piensas en ellos. Yo fui afortunado, porque fui con guitarra y voz a los bares. Ellos estaban en casa. No tenía que pensar en que esas personas debían llevar un jornal a sus casas. Comienza el concepto de presión, ansiedad, no puedo fallarle a los míos o al público. Te mueves en un círculo.

Cuando te va más o menos bien, puedes tener una banda en directo. Tampoco puedes fallarle a la excelencia, al arte, a lo que para mi es excelencia, el hacer la mejor canción o el mejor disco. Tampoco puedes dejar de trabajar, esa gente está esperando llevar algo a casa. En ese ámbito, en esa presión, trato de no fallarme a mi mismo, de serme fiel, no venderme, de algún modo. Voy a ser yo, con las mejores canciones que enorgullezcan a mis nietos. ¿Cómo salir del presente y no agobiarte con el futuro? Es muy difícil. Empieza en el empresario y termina en el artista, es muy jodido.

AM: Dices que llegas con un equipo, más maduro, ¿cómo describirías lo que haces ahora?

AS: Hablaba con un amigo psicólogo, me dijo «démosle la vuelta a todo esto». Cuando quedas con alguien para componer, los conceptos son «muerte», «despedida», «soledad». Es lógico. Yo no soy capaz de hacer una rumba, de reírme, pero me dijo que tenía que hacerlo. No solo eso. Veamos la música, ¿qué le ha pasado? Es acojonante. Ahora tenemos internet. Antes yo en un bar cantaba para 10 y eran los únicos que me veían. Ahora nosotros nos sacamos una foto y nos ven en Tokio. Es una droga, una superpotencia, que ni manejamos nosotros. Estamos en una nube, que ni sé qué nube es, pero nos puede conocer cualquier persona.

En medio de toda esta locura, aparece el que haya gente que me conoce de Chile, porque hicimos directos desde nuestras casas. A veces me escribía gente de Chile. Pues bueno, veamos. Por primera vez, al menos en España, ya no hay esta estúpida rivalidad de yo contra ti, mis likes, quien gana más… no, yo contigo. La cantidad de duetos, discos a medias, giras a medias… Entonces, me apetece ver el lado bueno de todo esto. Yo vengo con mi guitarra. Yo venía muy mal acostumbrado desde España, que iba a tocar, me subía a una camioneta, me llevaba un chofer, todo está apuntadito y preparado, cantas y te vas. Hermano, esto no va de eso. Es que tomes tu guitarra y cantes para cinco, que montes tú los pedales, que salgas y luego le des un abrazo a cada uno en la puerta. Yo quiero venir a Chile solo a cantar. Si no te convenzo así, no lo haré con luces ni nada.

AM: Lo último: ¿un mensaje a esa gente?

AS: Rompamos los teléfonos a la vez. A la cuenta de tres, los rompemos y nos abrazamos. Que se acaben los directos de Instagram. Nada contra ellos, pero vamos a abrazarnos, a emborracharnos y vivir. No sé cuánta gente habrá, si son más de dos es un éxito, pero toda esa gente que me hablaba y me escribía de Chile… un abrazo y las gracias. Ellos me decían que gracias por acompañarlos, pero no, gracias a ustedes por entrar en el salón de mi casa, que yo lo pasé solo el confinamiento. Esa gente también me acompañaba, desde Chile me mandaban un corazón, un mensaje, una canción. Esa gente estaba conmigo. Por eso estaba 10 horas al día con el móvil, porque hablaba con la gente. Es el momento de conocerlos, darles un abrazo y las gracias.


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