Babasónicos en Chile: Esa amada arrogancia


En lo musical, Chile tiene la gran suerte de contar como vecino con Argentina. El listado de bandas nacidas en aquel país es enorme, siendo también una constante que uno de sus primeros pasos de internacionalización sean cruzando la Cordillera, probando suerte ante este público con el que comparten el fervor y que, por la cercanía, también responde bien a sus modismos, códigos, humor y más.

Entre las grandes bandas de las últimas décadas, sin duda tenemos que poner a los Babasónicos dentro de las primeras. Nombres calados para visitas individuales o como parte de festivales, dueños de grandes hits que ya han cruzado más de una generación. Es decir, algunas surgieron cuando todavía MTV era relevante, otras cuando la radio seguía siendo un medio consumido por sub20 y cuánto cambio más han visto en cada una de sus visitas.

De todas formas, la de este sábado era especial: su primer Movistar Arena. Uno de los recintos más importantes a nivel nacional albergó este encuentro de larga duración, el que comenzó con algunos minutos de retraso. Como si fuera una cita amorosa, cada minuto de espera aumentaba una ansiedad por gritar, saltar, cantar y apreciar el show que pone en escena Adrián Dargelos y compañía.

«Tajada», uno de sus últimos singles recién presentado el 2023, fue la primera que se escuchó ante la emoción colectiva de verlos nuevamente en el escenario. Su última visita, como parte del festival Fauna Primavera, dejó una más que grata sensación, pero los sets festivaleros suelen dejar cosas de lado. Entonces, ahora era la oportunidad. La siguiente fue «Fizz», ya mostrando que la orden de la noche sería generar un ir y venir mental, un ida y vuelta entre diferentes etapas. Allí vamos cruzando las canciones con periodos de nuestras vidas, viéndonos como espectadores de cómo musicalizaron distintos momentos, saboreando de distintas formas esas letras que más de alguna persona debe haber dedicado en determinado tiempo.

Adrián, como ya es costumbre, se mueve con soltura como si fuese su propia habitación de hotel. Pantallas enormes, tanto al fondo como a los costados, hacen sentir que realmente están jugando de local con todo su equipo disfrutando el espacio que aquel amplio escenario les entregaba. Así, con sus clásicos coqueteos, siguió estrechando esa complicidad necesaria para que el truco funcione.

Así fue avanzando el setlist con una fuerte presencia de su último trabajo Trinchera, pero sin dejar de lado esos clásicos que la gente quería escuchar y por los cuales a ratos se dejó la voz. Y es que el mismo líder de la agrupación estaba consciente de que esta relación de larga data generaba aquello, una química que no se da fácil. Nos traían al presente con «La izquierda de la noche», luego atrás con «En privado». De nuevo con otra de las «más recientes» (del 2018, pero igual) con «Adiós en Pompeya» y después «El colmo». Para elegir tienen cientas.

«Hace 30 años empezó en La Batuta» comentó la voz de los bonaerenses, recordando aquellas primeras visitas durante los 90. Desde entonces han pasado por lugares que van desde el Teatro La Cúpula o Lollapalooza Chile, conociendo prácticamente a todos los públicos y horarios, alimentando esta mitología del atrevimiento, de decir esa frase sobre el amor que muchas veces está cruzada en la garganta. «Hagamoslo igual, pero en privado» enmarca muy bien aquella idea.

Y de la misma forma reconoció que aquella noche era quizá una de las mejores que han tenido en el país, con más de 10.000 personas llenando un Movistar Arena cantando éxitos como «Putita», uno de los puntos altos de la noche, quizá por la capacidad que tuvo de trascender los años y meterse en la mente tanto de los sub20 como de los sobre 40.

Si bien sus más recientes composiciones mantienen el alma de los Babasónicos y fueron disfrutadas a plenitud, fueron otras como «Risa», «Microdancing» -con el momento estelar de Diego Rodríguez– o la entrega seguida de «Carismático» más «Yegua» las que prendieron más al público. Y está bien, ellos lo saben, por algo se dieron el lujo de tirar un repertorio de 27 canciones solo antes del encore. Como decía, canciones tienen de sobra y se notaba en cada pausa, con fanáticos gritando con fe el nombre de la canción que esperaban como «Sol Naranja», «Solita», «Los Calientes» y muchas otras que quedarán para la siguiente oportunidad.

La voz de Dárgelos permite que cualquier canción encaje perfectamente con la noche. Él les entrega el sentido, le pone ese componente de sensualidad que genera gritos tan solo con una mueca o un guiño. Rodríguez de hype-man a la derecha con un inspirado Mariano Domínguez a la izquierda, le permitían juguetear todavía más al líder, moverse por todo el escenario con sus anchas ropas negras para cautivar miradas y celulares.

Ya para este tramo final, «Deléctrico» y «La pregunta» mantuvieron los ánimos bien en alto. Con el fin de la segunda, la banda salió provocando inmediatos gritos exigiendo el retorno. Solo un par de minutos, que sin duda se sintieron más largos durante la espera, para que los seis ocuparan nuevamente sus posiciones para volver a sus últimos lanzamientos: «Ingrediente» y «Cicatriz #33». Después de eso ya se desató todo con «¿Y qué?», una canción que resume bien a Babasónicos: sensualidad y arrogancia. Pero no es una arrogancia que caiga mal, sino una llamativa, una que inunda de confianza para que luego se transforme en intimidad.

De este setlist, varias no habían aparecido mucho durante el año. «Rubí», «Sin mi diablo» y «Tormento» solo dijeron presente un par de veces, así que no queda más que considerarlo como un gesto de los argentinos hacia un público nacional que siempre responde. Quizá este primer Movistar Arena vive el mismo destino que el de Miranda! el año pasado: que se deba repetir y por partida doble. Hay carisma y canciones, ¿qué más se necesita?

 


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