Fotos: Kenia Castillo
No ha pasado ni un día desde el término de Fauna Primavera en su edición 2025, cita que nuevamente nos llevó a visitar el Parque Ciudad Empresarial. Con una nueva disposición sobre el terreno, que privilegió los escenarios gemelos por sobre opuestos, llegaron varios miles de personas justo en días soleados, pero no tan calurosos, todo después de la lluvia que apareció junto a Yo La Tengo.
Desde el anuncio de su cartel que llamó la atención el cariño hacia lo histórico, dejando de lado la compulsión de querer llenar de nombres virales. Celebraciones de discos (el disco azul de Weezer, los 20 años de Silent Alarm de Bloc Party) y bandas con más de 30 años de carrera (Yo La Tengo, Stereolab, Massive Attack) mezcladas con interesantes debuts, como el de Otoboke Beaver. Había de todo.
Para comenzar esta versión, la misión fue entregada a los Fother Muckers. Ya con algún tiempo de vuelta en los escenarios, la banda encabezada por Cristóbal Briceño se paseó por todos sus éxitos cuando el público llegaba poco a poco, pero con una larga fila por fuera del recinto. De la misma forma, Héctor Muñoz -quizá el guitarrista más atrevido de los numerosos que estaban en el escenario- nuevamente se llevó gran parte del cariño del público.

«Justo y necesario», «Explorador», ”Fuerza y fortuna» y «2022» sobresalieron en un setlist lleno de éxitos, que nuevamente comprueba el estatus que tienen en la música nacional de las últimas décadas. Hasta se dieron el lujo de hacer un guiño a Los Prisioneros e invitar a Javiera Mena para un sorpresivo cover de “Otra era”. Si los ponían más tarde funcionaba igual o mejor, pero buen nombre para comenzar recién la jornada.
Yo La Tengo se repitió el plato desde el día anterior, cuando anunciaron que su repertorio cambiaría completamente al día siguiente. Así, sabiendo que ahora serían parte de un festival y no un show en solitario, aprovecharon de meter uno que otro clásico más.

«Stockholm Syndrome», «Autumn Sweater» y «Sugarcube» acompañaron otras canciones en las que pudieron explorar esas improvisaciones que pusieron a Ira Kaplan y sus guitarras en aquel sitial dentro del rock alternativo. Georgia Hubley siempre impecable en la batería, lo mismo James McNew en el bajo, ambos teniendo que mantener ritmos repetitivos durante largo rato para permitir que Kaplan hiciera lo suyo. De valles más calmos a la estridencia, el trío fue un gran número para sumar a este cartel. Y podrían tocar diez shows más sin repetir canciones, lujo de pocos.
Una pequeña caminata nos llevó a El mató a un policía motorizado, encontrándonos con un Santiago Motorizado más maduro que aquellos shows de hace más de una década. Con gran control de lo que ocurre en el escenario, el vocalista y guitarrista guió a la banda por una serie de éxitos que tuvo su punto más alto en esa tierna canción que es «El tesoro». Originalmente pensada para su perro, ahora fue dedicada a Rivers Cuomo, líder de Weezer.

Aprovechando también metió algunas de Súper terror (2023), álbum que se ha consolidado bien dentro de su discografía. Un muy buen nombre latino para sumarse a este festival, también mezclando momentos de canto con otros de entregarse al sonido de las guitarras.
La ausencia de Mogwai en Chile, país que no visitaban desde el Fauna Otoño del 2018, era una que se notaba dentro de los seguidores del post-rock. Y este no es un género ajeno al festival, que tuvo en una muy buena edición a Explosions in the Sky. Eso sí, lo de Mogwai ya se movió un poco más allá de esa etiqueta utilizada para la música instrumental con guitarras y muchos pedales.
El cuarteto, que en vivo se transforma en quinteto, entregó una clase de lo que es hacer música fuera de la caja. Con el liderazgo de Stuart Braithwaite, cuyas guitarras incluso deleitaron a Ira Kaplan que llegó a sentarse al borde del escenario, la banda intercaló parte del material clásico con otras de su nuevo álbum: The Bad Fire, salido recién el 2025. De hecho fue una de este disco, “God Gets You Back”, la que abrió el show ya sorprendiendo con voces.

Se entiende que por la época del año es difícil acompañar un espectáculo con la luminaria clásica en plena tarde soleada, porque la atmósfera que fueron creando con el paso de las canciones daba para pensar en una noche estrellada y luces de colores. Todo esto lo acompañaron con una bandera de Palestina. Una experiencia que se debe vivir, en especial para aquellos que vieron el documental «If the Stars Had a Sound».
Desde Manchester llegó James, agrupación que rápidamente llamó la atención por el número de integrantes que tenían sobre el escenario. Dos baterías, a la usanza del prog rock, además de muchos músicos repartidos por toda la tarima con Tim Booth a la cabeza de todo el proyecto, uno de los que nació a comienzo de los 80 y pasó toda la transición de la música británica: del indie, al movimiento madchester, al rock alternativo y más. Camaleones.

Eso sí, aplaudiendo la capacidad de moverse entre varios sonidos característicos de la isla en las últimas décadas de los 1900, algo faltó. Lo intentaron remendar con cercanía con el público, juegos con las voces, subirse a las rejas y estrechar manos. Vocalmente lo de Booth cumple, pero no deslumbra. En lo musical también entretienen, pero no para el impacto que -al parecer- pensaban tener.
Sin ser un mal show, se saltó el clásico que es «Say Something», pero entregó otras como “Come Home” y el cierre con “Laid”. Yummy, disco del año pasado, pasó rápido con dos canciones, entonces queda la duda: ¿Vienen a mostrar lo nuevo? ¿Es show de éxitos? No fue ni lo uno ni lo otro. Pero igual fue entretenido.
Poco hay que se pueda decir de Stereolab que ya no se haya dicho. Es música de nicho, pero uno que ha ido creciendo con el paso del tiempo y el crecimiento de su leyenda. Esa mezcla que entregan de rock, krautrock, art rock, noie y cuanta mezcla más que surgía en la Europa, incluso sacando cosas del bossanova que Brasil popularizó. El paraguas de «experimental» aguanta mucho, pero es quizá lo que más sirve para describir al quinteto.

Es casi como una instalación artística, con una Laetitia Sadier que se lleva oídos y miradas, mientras todo el resto cumple un guion que entrega un show impecable. Sin sorpresas, ya que es el mismo repertorio que mostraron al otro lado de la Cordillera, pero no es necesario. Stereolab no impacta por sorpresas de último momento, improvisaciones o pirotecnia, sino por su prolijidad, su orden, su capacidad de resistir al paso del tiempo.
La forma de aguantar el paso de los años es mantenerse activo y ellos lo saben. De su último disco escuchamos casi un 50%, canciones que terminaron con más de una década de espera por música nueva y que se fueron mezclando con otras clásicas como “Miss Modular” o “Cybele’s Reverie”. Otro de los shows que entra en el espectro de las experiencias.
El paso de los años le ha hecho muy bien a Weezer. Nacidos en años donde todos se peleaban por parecer lo más cool posibles frente a las cámaras de TV, desarrollaron una música que no tenía miedo de moverse entre el pop y el rock cuando lo de moda era el grunge. De ahí nace el homónimo que ha sido rebautizado como Álbum Azul, trabajo que se llevó gran parte de la presentación.
Ahora, a pesar de tener éxitos como “Holiday”, no fue necesario recurrir a la nostalgia ni otras artimañas para mantener el espectáculo en un gran nivel. La guitarra y voz de Rivers Cuomo siguen manteniendo ese toque especial, uno que mezcla entre una voz característica con una guitarra que suena más ruda que su dueño.

Así fueron metiendo otros clásicos como «Hash Pipe», «Island in the Sun» e incluso un llamativo -y muy bien logrado- cover de «Enter Sandman» de Metallica que gran parte del público pudo seguir sin problemas. Aquella canción ya está inmersa en el mundo pop, siendo además ambas bandas californianas.
El cierre de la primera noche de Fauna Primavera no tenía nada que envidiar a otro evento del mundo. Weezer es un nombre más que probado, con una base de fans que disfrutó regalos como “Devotion”, canción que no aparecía en los setlist de los norteamericanos hace más de una década. Así, con un par de gestos, Cuomo y compañía crearon un show inolvidable. El cierre con «Buddy Holly» fue impecable, dejando en alto el nombre del cuarteto en la espera de una nueva visita.

















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