Tras un par de años alejada de nuestra región, Kali Uchis anunció fechas de The Sincerely, Tour que la llevarían nuevamente a Santiago. Esta vez no era un festival, sino un escenario para ella sola, eligiendo al Movistar Arena como el lugar indicado para presentar este show que sin dudas se instalará entre los mejores del año.
Quizá fue el atraso del público, que seguía ubicándose en sus asientos ya pasadas las 21.00 h., lo que hizo que la colombiana-estadounidense demorara su aparición. Una cortina satinada blanca, disfrazada de rosado gracias a las luces en su base, servía de telón mientras los minutos pasaban. Uno de los miembros del equipo de la artista tuvo la misión de limpiar una última vez el suelo, aprovechando de entregar un pequeño baile y coqueteos con el público que calmaron lo que en otras oportunidades habrían sido gritos y pifias.
Así, pocos minutos después de lo señalado, aparece la cantante colgando en un columpio sobre un escenario llamativamente más bajo de lo normal. Y considerable, no menos de 30 centímetros en comparación con otros ubicados dentro del mismo recinto del Parque O’Higgins. Quizá fue para facilitar el ingreso y salida de utilería (que fue bastante), pero a cambio muchas personas del público estuvieron obligadas a seguirlo a través de las pantallas dispuestas sobre la tarima.
Para ir poniéndonos a tono, una mezcla de clásicos de Plan B («Frikitona», «Por qué te demoras?») junto a su canción «Muñekita» fueron las elegidas mientras ella perreaba sobre una silla. Así, rápidamente, dejó aquel momento atrás para ir por «Labios mordidos» y «Me pongo loca». La tónica era golpear rápido, seguido, sorprender y no profundizar. Aquí hablamos de una cantante que tiene una voz bastante potente y con un rango amplio, pero eligió extraer las secciones que se han vuelto más virales como si fuese una sucesión de trends de redes sociales. ¿Es esto un concierto tradicional? Para nada, pero a sus seguidores y seguidoras les gustó.
La pantalla gigante de fondo pasaba por muchas escenografías diferentes. A veces servía de ayuda para mantener la fantasía de Barbie latina, con una Kali Uchis vestida de dorado con brillos que aparecían hasta en su micrófono. De la misma forma, esa pantalla se apagaba cuando la artista -en compañía de sus bailarines- se arrojaba al centro del escenario con una teatralidad dramática que le entregaba un extra a algunas canciones. Precisamente fue en esos momentos que incluso desde la cancha frontal se perdía de vista a la artista, algo que empeoraba cuando los teléfonos se alzaban como si fuesen periscopios.
A veces podía sentir como si el show estuviese más planeado para las cámaras que para el público, pero solo bastó un par de sonrisas y miradas para entender la conexión que logra la cantante latina con la gente. De hecho, todas sus intervenciones llegaban en un español que solo guarda algunos pequeños sonidos del inglés, pero se nota que lo habla bastante seguido.
Si bien tuvimos menos de un minuto de «fue mejor», quedó claro que es una de las canciones más populares de la artista. A veces incluso costaba escuchar debido a los miles de gritos que se tomaban el Movistar Arena, uno donde los vestidos y flores en el cabello fueron una constante. Lo mismo con «Diosa» antes del paso al primer guiño exclusivo a nuestro país con «SI NO ES CONTIGO», canción donde comparte con Cris MJ y Jhay Cortez.
Cuando sonó «Dame beso // Muévete» ya teníamos un montón de cosas más para apreciar en la parte visual. Vimos pasar la cama que apareció en muchas gráficas promocionales, sofás, una especie de palanquín e incluso una taza gigante. Esta primera parte del show cerró con «Igual que un ángel», canción para la cual vistió las alas de aquella criatura mítica mientras una kiss cam se apropiaba de las pantallas laterales. Lamentablemente, nadie entendió mucho el propósito de este tipo de juego con el público, algo muy común de las transmisiones deportivas norteamericanas.
El segundo acto no tuvo respiro alguno: «Speed», «Loner», «Melting» y otras dieron vida a un medley que no superó los tres minutos de duración. Este lo cerró con otros dos grandes éxitos, como «See You Again» (canción junto a Tyler, The Creator) y «Moonlight».
A esto se sumó más de un cambio de vestuario, aprovechando para uno de ellos la inclusión de un video donde habla de su llegada a Estados Unidos como migrante y cómo esa población es la que hizo de aquel país lo que es actualmente, una respuesta a los ataques de odio del actual gobierno norteamericano en contra de la población no nativa del país, en especial latinos, de manos del ICE.
Cuando muchos ya se preguntaban si la artista saldría por tercera vez al escenario, una moto sorprendió a todos. Sobre ella interpretó otro medley que fue coreado por prácticamente todo el recinto del Parque O’Higgins, siguiendo su espectáculo teatral incluso sacando una pistola -también llena de brillos- para añadirle más dramatismo al asunto.
Esta mezcla de usar utilería, pantallas, ropa con brillos y otros elementos resultaba en una mezcla muy interesante entre lo moderno y lo vintage, casi kitsch. Kali Uchis es una cantante pop que recoge elementos de aristas que van desde Selena hasta Shakira, pero muchas veces con códigos de música urbana o reggaetón al momento de presentarla en vivo. De ahí que seleccione solo sus mejores momentos en vez de darse el tiempo de interpretar una canción en su totalidad.
Un primer comienzo coreado de «telepatía» luego le dio paso a su versión abreviada, lo que cerró otro de los actos mientras algunas personas ya miraban hacia las salidas del Movistar Arena. Pero la regla es una: si no hay luces prendidas y música envasada, siempre hay esperanza de que vuelva. Y así fue, con un encore que se realizó frente al telón satinado, ya sin las pantallas de apoyo. Ahí apareció el nacional Easykid, con quien presentó «Y si peleamos». Eso sí, el debut en vivo de esta canción no logró ser en nuestro país, sino que algunos días atrás en Brasil, pero se disfrutó de todas formas.
Ya con su tercer outfit de la noche, un corto vestido negro con mucho encaje, repasó tres otros éxitos: «I Wish You Roses», «no eres tu(soy yo)» y «quiero sentirme bien». Así, con el set ya finalizado, aprovechó los minutos para entregar las palabras clásicas de cualquier visita («ustedes han sido el mejor público», entre otras), más el recoger una bandera chilena y también darse el tiempo de autografiar discos, pósters y vinilos de aquellos que alcanzaron a estar cerca de la reja.
A pesar de caer en uno que otro lugar común (¿quién no?), el espectáculo de Kali Uchis tuvo todo lo que se espera de un número de grandes escenarios. La utilería, la selección de canciones, su coquetería frente al público y coreografías, todo sumó a que fuera un show de pop de primer nivel. Quizá ya queda acostumbrarse a ese tipo de espectáculo donde se intenta condensar una vida en solo 90 minutos, incluyendo el sacrificio de canciones para rescatar solo una fracción de ellas, pero es innegable que el vértigo que consigue hace que el tiempo vuele.



















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