Fotos de Emperor por primera vez en Chile: 18 de mayo de 2022


Emperor

Fecha: 18-05-2022
Lugar: Teatro Caupolicán
Productora: XPansion
Fotógrafo: Victor Galvez   @fotogalvez
Periodista:    @pablocerda1

A veces la espera fiel tiene sus recompensas. Con la carga de una pandemia que aún se cierne sobre los hombros de la humanidad, Emperor debutó en Chile tras una serie de reprogramaciones que tenía atentos a sus seguidores. La efervescencia por el primer encuentro de los noruegos con sus fanáticos nacionales no se hizo esperar y lo que sería una embestida musical de proporciones en el Teatro Teletón, pasó a ser un lleno total en el Caupolicán, lugar que nuevamente protagonizó una de esas jornadas trascendentales que alimentan nuestra historia de conciertos.
Los locales de Vilú encararon el comienzo de la velada con todo el vigor de un  death thrash metal que contó con una respetuosa bienvenida de las almas que a las 19:30 ya pululaban por el recinto de calle San Diego. Presentando cortes de su debut “Üden Vilú” (2021), el cuarteto demostró que su oficio está cimentado en una descarga de riffs que atrapan desde el comienzo. La ejecución comandada por Gricelius y Karina Ugarte en las cuerdas desbordó poder en ‘Victims of Life’ o ‘Vilú’. Cortes como ‘Black Fire’ probaron el manejo de atmósferas en guitarras limpias bastante siniestras, con un bajo omnipresente que le ganó terreno incluso en las partes de distorsión intensa, lo que a veces no permitía apreciar el solo de Gricelius de manera tan nítida, pero dejando en claro que la intención compositiva era establecer un viaje hacia los extremos del espectro musical.
Por su parte, Tralkan impuso su personalidad acompañando una introducción de trutruka con un invitado del pueblo mapuche que tuvo un gran recibimiento para después desnucarnos con las baterías veloces de ‘Con Fuego’. La prestancia de Aline Snow en ‘Divide y Gobernarás’ coronó una actuación precisa que no solo mantuvo la temperatura del show, sino que resguardó con gracia la vigilia del respetable, dejando una postal final de puños en alto en la que la vocalista agradeció el apoyo al metal chileno y especialmente a la gente de región por estar presentes. Interesante momento y vitrina para Vilú, que solo con solo un primer disco tienen ganado un espacio en eventos de alta gama como este, pero que deja con ganas de saber lo que pueden lograr si le hincan el diente aún más a elementos satelitales, como ciertos toques de grindcore muy bien logrados, que solo harían crecer su propuesta.
Tras el huracán de Vilú y un lapso de una hora, la espera fiel a la que remitimos en un comienzo llegó a su fin. Sin un disco nuevo que mostrar, pero con un catálogo portentoso a sus espaldas, Emperor impartió la disciplina del fuego y la muerte para remecer al Teatro Caupolicán hasta sus cimientos. Registros como “IX Equilibrium” (1999) o “Prometheus: The Discipline of Fire & Demise” (2001) se vieron poco representados durante el setlist, pero canciones como la infernal ‘Curse You All Men!’ o la inaugural ‘In the Wordless Chamber’ estuvieron ahí para hacerle un guiño al período más tardío en la discografía de los noruegos, caracterizada por su crecimiento en términos cualitativos con una composición aún más rica y una mejora en la producción que se traduce en la muralla de sonido que se pudo apreciar con creces en el directo.
Aunque incluso hubo espacio para el EP “Reverence” (1996) en ‘The Loss and Curse of Reverence’, que emocionó a los más leales gracias a los blast beats luciferinos de Trym, la pulpa del show de Emperor se extrae de sus dos primeros discos: “In The Nightside Eclipse” (1994) y “Anthems to the Welkin at Dusk” (1997). Los juegos de luces sobre el escenario no eran un detalle menor, ya que predominaba el azul cuando se hacía referencia al debut en dupletas cómo ‘Towards the Pantheon’ y ‘The Majesty of the Nightsky’, y el verde para resaltar a ‘Thus Spake the Nightspirit’ y ‘Ensorcelled by Khaos’ del sophomore, lo que permitió al espectador sumergirse de lleno en una experiencia de variados estímulos tanto técnicos como emocionales.
Se notó que la banda lo estaba pasando bien sobre la tarima, especialmente en las interacciones que Ihsahn tuvo con el mítico Samoth en las guitarras de ‘The Acclamation of Bonds’, mientras Ole Vistnes hacía headbanging en círculos desde las cuatro cuerdas o cuando se echaba al público al bolsillo en las partes lentas de ‘With Strength I Burn’. De hecho, fueron esos momentos los que demostraron que Emperor es capaz de regalar instancias de absoluta contemplación y valorar su complejidad compositiva casi sinfónica, en la que Ihsahn recorría el diapasón de punta a cabo mientras rotaba entre gritos gélidos y voces limpias que invitaban al coro masivo.
Tanta fue la participación del público que Jørgen Munkeby no paraba de reír cuando sus intervenciones de teclado se reproducían en las cuerdas vocales de 4.000 “amigos chilenos”, como escribieron en sus redes sociales tras el show. Mientras el mosh se tomaba el Caupolicán en ‘I Am the Black Wizards’, Munkeby tomó la bandera nacional que recibió desde la cancha y la puso a los pies de la batería de Trym, lo que visualmente proporcionaba un espectáculo alucinante con la banda y la gente en el punto máximo de éxtasis que continuó con ‘Inno a Satana’. Tras la fanfarria de ‘Alsvartr (The Oath)’, ‘Ye Entrancemperium’ y ‘Cosmic Keys to My Creations & Times’ cerraron una impecable presentación que no tuvo puntos bajos y que estuvo marcada por la intensidad de un concierto que muchos soñaban con vivir y que hasta este momento no se había hecho realidad. Mientras el quinteto se tomaba las fotos de rigor, incluso con las banderas chilenas en las manos, era difícil no pensar en que lo vivido fue tal y como se imaginó en tantas veladas acompañadas por su música.
Si tomáramos una máquina del tiempo a los 90 y le contáramos a cualquier metalero de la época que dos décadas después una banda de black metal noruego llenaría el Teatro Caupolicán, de seguro nos tiraría la cerveza en la cara por tamaña osadía. El ascenso del género desde las catacumbas del underground hacia los grandes escenarios es una tendencia hace años, capturada en películas que se pueden consumir en plataformas de streaming o apreciada por agrupaciones que no tienen miedo a mezclar esta vertiente extrema con sonidos que se encuentran en las antípodas como el folk, el shoegaze o la electrónica, inserte el que quiera.
Es por esta resurrección eterna que la llama del black metal se encuentra en un momento de imponente fervor y el debut de la escuadra noruega en Chile fue una clase magistral que impartió los argumentos precisos para reforzar esa afirmación en una hora y media que pasó volando. Tal y como si fueran hechiceros de magia negra, Emperor logró embrujar al público nacional con su sonido caótico, bestial y frenético, himnos imperecederos que llegaron a lo más alto del firmamento en una ceremonia difícil de olvidar para los espíritus de la noche.
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