Santiago Gets Louder 2019: Sintiendo el jodido metal


SGL 2019

Fecha: 06 de octubre de 2019
Lugar: Estadio Bicentenario de la Florida
Productora: Lotus
Fotógrafo: Victor Santibañez   @fotogalez
Periodista: Samuel Fuentes   @

Pocas veces tenemos la oportunidad de presenciar espectáculos así. La idea de reunir a algunos de las bandas más selectas de un género para despedir a uno de sus estandartes pintaba como una ocasión única, una de esas citas que marcará una etapa dentro de la historia del metal en tierras nacionales.

Pero antes de llegar a ese punto, la jornada atravesó altísimas presentaciones. Ya las 15:00 hrs., cuando el sol se hacía sentir en La Florida, fue el turno de Pentagram. Los nacionales, reconocidos internacionalmente, presentaron lo más selecto de su repertorio con gran solidez mientras el público seguía repletando la cancha del Estadio Bicentenario de La Florida.

Posteriormente sería el turno de Kreator, uno de los nombres más grandes del thrash alemán. Mille Petrozza, único miembro estable de la agrupación, fue el encargado de comunicarse con el público, levantando cada vez los ánimos para un día que tenía tintes de celebración y despedida.

Tal como se requería, el set estuvo cargado a los éxitos y algunos guiños a su última placa, Gods of Violence. El inicio fue demoledor: desde “The Patriarch” hasta “Satan is Real”, la unión de la agrupación con el público se mantuvo siempre en una alta nota. La intensión de Petrozza era lograr movimiento en la cancha, la mayor cantidad de mosh posibles, instando a esto varias veces. Al parecer, ese pequeño caos es una de los combustibles de los thrashers.

«Hordes of Chaos (A Negrologue for the Elite) y «Hail to the Hordes» volvieron a levantar a una audiencia que disfrutaba con atención, pero que guardaba energías para lo que se vendría. Ninguno olvidó por un segundo que la noche era principalmente de Slayer, aunque no por eso habría que esperar sin moverse.

Petrozza tuvo bastante tiempo para hablar con el público, señalando hasta una pequeña anécdota del show en Chile que tuvieron que detener debido a la fuerza del público, algo que se repitió en las primeras filas frente a la reja, quienes no dejaron de gritar y saltar durante todo el día.

Cerraron con «Betrayer» y el clásico «Pleasure to Kill», con esta última siendo un resumen del show de los europeos: guitarras rápidas, mucha energía y la gente descontrolada por largos minutos, sabiendo que después tendrían una hora para descansar antes del siguiente show. Después de más de una hora, se despidieron y la gente tuvo un respiro.

El mar de poleras negras se volvió a mover minutos antes que Anthrax saliera al escenario. La expectación no era por lo que pudiesen mostrar en el escenario, ese era terreno más que conocido por las anteriores visitas de los norteamericanos, sino por la fiesta que se iba a desatar.

Primera canción: “Caught in a Mosh”. Así de simple, así de rápido. Se pasó de 0 a 100 en menos de un minuto, con un Joey Belladonna que mantiene la misma energía que hace 20 o 30 años, un Scott Ian que a estas alturas debería considerarse como un Dorian Grey del metal y Charlie Benante que golpeó la batería como si fuese una de las últimas veces que lo hacía.

Los círculos de gente corriendo, empujando y saltando se formaron inmediatamente y no se detuvieron, ya que bien pegada apareció “Got the Time”. ¿Y después? “I Am the Law” y “Madhouse”. Comienzo arrollador, ideado para calentar la fiesta antes de la aparición de las estrellas de la noche.

¿Y sobre el escenario? Ian con una gran sonrisa debido a la respuesta provocada y Belladonna hasta tomando una cámara para registrar lo que pasaba en primera persona, ambos eran las figuras que más miradas atraían en el escenario montado en el estadio.

Para ese entonces, volaban vasos plásticos y trozos del suelo plástico, ideado para proteger el pasto sintético de aquel recinto deportivo. Pocas horas duró aquello, ya que muchas se soltaron y terminaron siendo proyectiles dentro de la cancha. Si bien parece que nadie resultó con heridas producto de aquellos lanzamientos, fue algo que se podría haber previsto, pero por suerte solo quedó en la anécdota.

Previo a interpretar «A.I.R.», Belladonna recordó la presentación en el Teatro Caupolicán donde se grabó el DVD «Chile on Hell», algo que alentó nuevamente al público a desatar toda la energía posible para la parte final del set. Para la voz de Anthrax, Chile es un país que «siente la maldita música, siente el jodido metal». Y, al menos durante esa hora, lo fuimos.

«Antisocial», original de Trust, e «Indians» fueron las últimas dos de un setlist que se podría considerar corto, pero que cumplió con creces. Los norteamericanos sabían que la despedida era de otros, por lo que solo se dedicaron a animar la fiesta y no a robarse la jornada.

La siguiente hora de espera se hizo eterna para muchos. Otros aprovecharon el break para tomar aire, mojarse el pelo y tomar agua. La expectación aumentaba con los minutos, mientras aparecía más y más gente en la parte frontal del escenario.

Llegan las 21:00 y los gritos no se hacen esperar cuando se apagan las luces. «Repentless» suena en los parlantes y llegó el caos. Empujones, gritos, saltos, abrazos y círculos de gente, todo eso y más. Comenzaba la despedida, pero no se sentía como tal, considerando que es uno de los singles de su último disco.

Siguió clásico tras clásico: «World Painted Blood» y «Disciple» mantuvieron la potencia de la apertura, sin dar un simple respiro ante la mirada del cuarteto, que mantuvo su tradicional ubicación durante su última presentación en nuestra capital. Kerry King, inamovible por derecha, era el que manejaba el ritmo con el que se movía la gente. 

Por el otro lado, Gary Holt, con llamativos mensajes en su ropa. «No Lives Matters» en su polera y «Kill the Kardashians» en cada una de sus muñequeras, el también músico de Exodus mostró todo lo que tenía, tanto en lo musical como en lo visual, resaltando su guitarra pintada con su propia sangre y otra con el nombre de Jeff Hanneman en ella.

Ya desde los primeros temas, se notó un Tom Araya emocionado. Varias veces se quedó mirando como al público, el que le gritaba «chileno, chileno» y «no se va, Slayer no se va» una y otra vez. El resto de la banda no entró en la misma emotividad, pero sí tuvieron una potente respuesta: lo dieron todo sobre el escenario. Quienes hayan visto anteriormente a Slayer habrán sentido esa sutil diferencia, con King, Holt y Bostaph haciendo todo lo posible para que la música suene lo más fuerte posible.

Debajo de la tarima, el ambiente era perfecto para una noche así. La gente respondió a todo como si fuera el primer show de Slayer en nuestro país, sensación que se hizo presente en prácticamente todo el público. Se veían jóvenes y adultos, todos mezclados, con una energía casi de adolescencia que se mantuvo durante todo el set.

La lista de temas siguió con otros emblemáticos himnos de la banda, yendo desde «South of Heaven» hasta «Dead Skin Mask», pasando por «Raining Blood» y «Black Magic». Fue un pequeño repaso a sus más de 35 años de carrera, a los que le están poniendo fin con esta última gira mundial.

El final tuvo todo: desde emotividad hasta energía pura y dura. “Angel of Death”, escrita por Jeff Hanneman, fue la encargada de cerrar el setlist de su última presentación en Santiago y los miles de presentes la disfrutaron como tal, con mosh, bengalas y más.

Una vez terminó, llegó la emoción de Araya. De frente al público, con la cara cubierta por sombras, miró a todas partes, recibiendo las señales de cariño. Aplausos y gritos lo hacían sonreír, pero se notaba la tristeza en su mirada. “Los vamos a extrañar”, dijo el nacido en Viña del Mar, sintiendo la fuerte conexión de Slayer con Chile. Desde todos los rincones se hacía sentir la gratitud hacia el músico, quien acompañó a miles durante prácticamente toda una vida.

Luego de largos minutos donde la voz de Slayer miró a su audiencia, dejó el escenario. No es su última presentación en Chile, pero sí la última donde reúne tal cantidad de gente que responde a su música. El vínculo de Araya con nuestro país no es algo desconocido para nadie, traspasando incluso el mundo de la música, pero diferente es con el retiro. Un comentario que se repitió en la salida fue la energía puesta. No sonaba a despedida, generando sentimientos hasta contradictorios. De la forma que sea, la música y los recuerdos quedan. Slayer no se va.


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agendamusical

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