Thundercat en Chile: Un viaje que se debe repetir


Thundercat
Fecha: 8 de Mayo
Lugar: Teatro Nescafé de las Artes
Productora: Stgo Fusión
Fotógrafo: María Loreto Plaza
Periodista: Samuel Fuentes

Este martes, uno de los grandes bajistas norteamericanos del último tiempo fue parte de un
nuevo ciclo de Santiago Fusión: Stephen Lee Brunner, más conocido como Thundercat.
Con sus tradicionales trenzas, una polera a rayas, unas chalas blancas y calcetines rojos, el
músico se subió a un sobrio escenario junto a solo dos músicos: El tecladista Dennis Hamm y el
baterista Justin Brown.

Los tres fueron más que suficientes para llenar de música el Teatro Nescafé de las Artes,
entregando interpretaciones de una calidad que usualmente no se ve dentro de la música
contemporánea, haciendo guiños al jazz, soul e incluso al rock progresivo de bandas como Yes.
Mientras a algunos kilómetros de distancia algunos fanáticos despedían a Ozzy Osbourne, en el
recinto de Providencia se encontraba un bajista en un alto momento de una carrera que sigue en
ascenso, aunque recorrido no le falta: Desde el hip-hop de Kendrick Lamar hasta el crossover
thrash de Suicidal Tendencies lo han tenido en sus filas, lugares desde donde siempre recoge
algo para sumarlo a su sonido.

Si bien existió un pequeño momento de silencio tras un problema técnico, este fue utilizado por
Thundercat para marcar la tónica de la noche al mostrar su lado más cercano, bromista y
relajado. Desde allí se marcarían varios momentos de risa entre el californiano y la audiencia.
Con su Ibanez de seis cuerdas característica al hombro, Brunner parecía tener una competencia
consigo mismo, forzándose cíclicamente a presentar melodías de fácil digestión con momentos
de trance, en donde cada dedo se debe mover más rápido que el anterior.

Incluso tuvo un minuto para recordar el aniversario de la primera década de existencia de
Brainfeeder. Este sello pertenece a uno de sus amigos más cercanos, Flying Lotus, a quien le
dedicó una canción que tuvo un pequeño trozo de “Complexion (A Zulu Love)”, canción del disco
To Pimp a Butterfly de Kendrick Lamar, del que fue parte.

Seguido de eso, vino uno de los momentos más notables de la noche: Recitar la letra de “Tokyo”
–perteneciente a su aclamado último disco Drunk (2017)- como si estuviera contando una
historia, algo que se llenó de risas de todos los presentes y que lo obligó más de alguna vez a
repetir una nota en su bajo para seguir con el show, además de sacar su lado ñoño al profesar
su amor con Dragon Ball Z.

Minutos después, dejó el escenario para volver solo pasados algunos segundos. La pausa
prácticamente no se notó, el ánimo seguía siendo el mismo: Ver al virtuoso bajista comenzar
una canción de forma inocente, trasladarnos en dos segundos a un mundo de notas rápidas y
cambios bruscos para luego, tiernamente, volver al lugar desde donde partimos. En definitiva,
un viaje a repetir a cargo de un gran conductor.


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