The Unholy Trinity en Chile: La perpetua llama del death y black metal en el fin del mundo


Por Vicente Flores

En Chile el metal extremo siempre ha sido un género popular. Es sabido que el hemisferio sur tiene devoción por las letras oscuras, paganas y hasta satánicas. Hay quienes dicen que, al igual que en los países nórdicos, el clima de Chile, hostil y atípico para el resto del mundo, es la razón del enigmático gusto por el metal más oscuro. 

Basta con recordar que en 2024 Mercyful Fate solo llegó a Sudamérica a través de Chile y Brasil. Y es que en esta tierra austral las influencias del metal más duro, tanto musical como líricamente hablando, han repercutido de gran manera. Y prueba de ello es la llegada de The Unholy Trinity en el Teatro Caupolicán la noche del 2 octubre reciente, cuando Nidhogg, Deicide y Behemoth dieron un espectáculo de primera, cuya atmósfera oscura y sonidos demoledores reafirmaron el gusto de los chilenos por el death y black metal.

Primero fue el turno de Nidhogg, músico polaco que, tras más de un año siendo vocalista y letrista de la banda de black metal Wilczyca, se lanzó a su proyecto solista. En poco más de media hora, el europeo encendió los fuegos de una noche larga, con una dosis de black metal ideal para calentar los motores. Adelantó parte de su nuevo disco “Narcissus”, y pese a que comenzó su show a las 19:00 horas ( horario complicado para un día de semana), ya había buena cantidad de gente en el Caupolicán.

Ya cerca de las 20:00 horas el recinto ubicado en San Diego estaba lleno. Y es que se venía el regreso de una banda muy esperada por la fanaticada nacional. En 2023 hicieron temblar el Teatro Cariola, y esa atmósfera violenta y ardiente se replicó en esta ocasión. Deicide se presentaba una vez más en suelo nacional, con una mezcla entre lo mejor de su repertorio clásico y lo último de su música.

La agrupación norteamericana liderada por el polémico Glen Benton (bajo y voz) tocó cerca de una hora, lo que se hizo poco para el hambre que tenía el público por digerir más dosis de death metal. Los originarios de Tampa, Florida, no decepcionaron, y sonaron como en su mejor época, aquella escena de a principios de los noventa en que fueron comparados con la icónica banda Death, y que también fueron compañeros de ruta de Cannibal Corpse, otro grupo insigne del género.

Benton se acompaña de su fiel amigo Steve Asheim (batería), ambos miembros originales, y Taylor Nodberg y Jadran González (guitarras). El inicio fue demoledor, con la clásica “When Satan Rules His World”, que rememoró la época de oro del death metal, aquella que sigue muy viva en Chile. 

Desde sus inicios, Deicide adoptó una estética provocadora, con letras explícitamente blasfemas y anticristianas, por lo que fueron objeto de censura en varios países. Esa cosmovisión sigue viva en el grupo, dado que Asheim en más de una ocasión simuló una cruz invertida con sus baquetas, y las pocas intervenciones de Benton fueron alabando al anticristo

El show de la banda repasó lo mejor de sus más de 30 años de carrera, desde su disco homónimo de 1990 hasta el Banished by Sin (2024)

Los guturales de Benton siguen impermeables al paso del tiempo, y es que su paso de agudos a graves, en tan solo segundos, son increíbles de escuchar, teniendo en cuenta los años que el músico lleva en escena. 

Temas como “Carnage in the Temple of the Damned” son reflejo de los inicios de la agrupación, con guitarras crudas y rápidas. El mosh apareció apenas sonó el riff inicial del tema, la que conjugó muy bien con la canción siguiente: “Bury the Cross… With Your Christ”, de 2024. Su último trabajo demuestra madurez, pero sin perder el toque de dureza y suciedad clásica del death.

Otro punto alto fue “Scars of the Crucifix”, un tema relevante dentro de su discografía. Las manos en alto, las cervezas volando y los cuerpos saltando por los aires no pararon en ningún momento.  

Finalmente, “Dead By Dawn” y “Homage for Satan” cerraron un show impecable, con la única salvedad de que fue muy corto. La adrenalina  a mil no dio tregua a los pasajeros minutos del show. 

El cierre de oro negro

Finalmente llegó el turno de Behemoth, la banda polaca de blackened death metal formada en octubre de 1991 en Gdańsk, originalmente con el nombre Baphomet. Liderados por el histórico guitarrista y cantante Adam “Nergal” Darski y junto a Seth (guitarra), Orion (bajo) e Inferno (batería), los polacos partieron con todo. Como es de costumbre, Negal se mostró pintado de blanco y con tintes negros, en compañía de su inigualable energía y euforia para prender a los fanáticos. 

La experiencia de ver en vivo a esta banda es brutal. Tanto a nivel simbólico como musical no tiene precedentes. Y es que solo con una imagen de fondo del demonio Behemot ( que da nombre a la banda) y sus instrumentos, los polacos saben cómo arrasar con todo a su paso. Con golpes en el pecho y cambiándose de atuendo frecuentemente, Nergal es todo un frontman. De un lado a otro, con máscaras y la satánica mitra, el espectáculo es total. 

Desde el arranque con “The Shadow Elite”, tema adelanto de su álbum The Shit Ov God, quedaba claro que no se trataba solo de repasar viejos éxitos, sino de presentar una versión viva de la evolución de la banda; Nergal y los suyos canalizan ahí la furia moderna del grupo sin traicionar su esencia fundacional. Luego, “Ora Pro Nobis Lucifer” se constituye en un puente entre lo espiritual y lo visceral: la liturgia blasfema característica de Behemoth se hace palpable, el público corea, el escenario se tiñe de fuego y sombras.

Cuando cobran vida canciones como “Demigod” o “Ov Fire and the Void”, se siente la densidad de las etapas medias de su carrera, donde lo técnico se combina con pasajes de agresión más crudos de su historia. En esos momentos, la guitarra de Seth se entrelaza con la de Nergal, mientras Inferno y Orion sostienen una base que retumba en las entrañas del recinto. “Conquer All” suena casi como himno de afirmación: fuerza bruta, estructura casi marchosa, empuje total para que el público retumbe en unidad con la banda. “The Shit Ov God” — el tema que da nombre a su disco reciente — aparece como moneda nueva en ese ritual, un acto de presentación que no se impone sobre los clásicos, pero exige respeto por su potencia renovada.

Finalmente, “O Father O Satan O Sun!” materializa el cierre ceremonial: una invitación final al abismo, una corona sombría para la noche. El público lo recibe como un símbolo de pertenencia, como si la comunión entre Behemoth y Chile no tuviera cierre.Entre mohs y brazos en alto, coreando al innombrable y recibiendo la bendición de Nergal, The Unholity Trinity cerró una noche espectacular. Una verdadera misa negra que quedará en el recuerdo de todos los allí presentes. 


Like it? Share with your friends!

0
agendamusical

0 Comments

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *