Lollapalooza Chile 2023, día 3: Lento, pero entretenido


El domingo comenzó más relajado que otros días. Prácticamente sin música en los escenarios principales antes de las 13:30, pero con exponentes urbanos en los secundarios, los que llegaban por tercer día consecutivo al Parque Bicentenario de Cerrillos -la mayoría- lo hacían con mayor calma. La jornada anterior, con Rosalía y Drake, dejó muchas piernas cansadas.

Uno de los números de rock más pesados tuvo lugar en esta jornada: OTTTO. Con tres T y tres integrantes, el grupo desarrolla una mezcla de diversos sonidos relacionados al rock y al metal de las últimas décadas. Imposible que no rescaten cosas de Metallica al tener en sus filas al hijo de su bajista –Tye Trujillo-, pero no se quedan solo ahí.

Desde cosas del thrash hasta otras del metalcore, el trío propone un sonido que deja muy clara su intención: avanzar con nuevas mezclas mientras se mantienen vivas las viejas tradiciones. Allí tuvieron tiempo para solos de guitarra, gritos y llamados para hacer mosh ante el público que de a poco se sumaba a uno de los shows más ruidosos de toda esta edición del festival.

Llegando recién a la mayoría de edad, a OTTTO claramente todavía le queda mucho por avanzar, pero experiencia ya tienen. El propio Tye Trujillo con tan solo 12 años acompañó a Korn en su gira sudamericana hace algunos años. Ahora ya se preparan para presentar Life is a Game, su álbum debut, del cual nos mostraron algunas canciones durante su presentación. Falta pulir, pero material hay.

Y de las guitarras pesadas pasamos a los sonidos más populares de Argentina con DT.BILARDO, una de las mentes maestras detrás del resurgimiento del género de la mano de la vertiente cumbia-420. Acompañado por amigos, tomando champaña y fumando sobre el escenario, lo del argentino fue una demostración de cómo vive la música sin ser precisamente músico. Partiendo desde ahí, presentó varias de las canciones hechas junto a L-Gante, precisamente una de las voces con las que mutuamente se llevaron al estrellato.

Entre canciones como «Pistola» del mismo L-Gante, «MERCHO» de LiL CaKe, un guiño a Américo, «Yendo No, Llegando» del trío El Noba, Perro Primo y R Jota y mucho más, el productor le puso algo de movimiento de una tarde que comenzaba con mucho calor.

Así fue la mitad de su show, antes de incluir a sus acompañantes en vivo, momento donde cambió el ambiente de lo que se presentaba. La interacción con el público es más que necesaria, en especial cuando los escenarios no son los más grandes, logrando que el par de miles de personas que ahí llegaron disfrutaran una probada de lo que este género provoca al otro lado de la cordillera.

Con «Trucho» (original de Perro Primo y acompañantes) y «Champagne Francés» se cerró un set cortito, donde DT.BILARDO mostró parte de las cosas en las que ha trabajado, pero dejando el gusto con ver algo completamente de él.

Así como pasamos del rock a la cumbia, ahora nos fuimos a una mezcla muy extraña: la de Sofi Tukker. El par de amigos se subió al escenario Axe cuando ya había una cantidad considerable de gente en el Parque Bicentenario de Cerrillos, proponiendo desde el comienzo una mecánica que -críticas más, críticas menos- siempre funcionará en Chile: hacernos competir con Argentina.

Allí sobre el escenario, ante un potente sol, apareció Sophie y Tucker. En un primer momento solo los dos, junto a muchas luces y pantallas con la que interactuaron constantemente. Allí nos anunciaron que al otro lado de Los Andes habían logrado 20 puntos de este juego inventado por ellos para medir la participación del público durante su show. En solo 10 minutos, la versión chilena ya había alcanzado la mitad de eso.

Así pasaron por varios de sus temas más conocidos, como «Drinkee» o «Emergency», aprovechando de jugar a una versión de Simón Dice llamada Sofi Dice, con la que nuevamente se demostró la buena disposición que tiene el público de Lollapalooza a lo largo de todos los días. ¿Quieren que el público salte y grite? Lo logran. ¿Quieren que se agachen? También. Desconozco cómo será en otros países, pero este público se entregó y ellos lo disfrutaron. Por algo antes nos comentaron que llegar a un evento así era de sus principales objetivos.

La mezcla de electrónica con humor, sus entretenidos bailarines, la cercanía que ambos tienen con el público y el talento con la guitarra de Sofi hicieron que este show fuese un total acierto, hasta quizá para haber sido parte de los escenarios principales.

Lamentablemente, los tiempos en el festival son acotados y muchas veces hay que dejar algunos sin terminar. Esto ocurrió por el choque horario con Sofi Tukker de parte de uno de los DJs y productores más promisorios de los últimos años: Fred again...

El comienzo fue más tibio que contundente. Fred, sentado frente a un piano, mostraba parte de lo que hace: exponer su vulnerabilidad en base a samples realizados con voces de amigos, conocidos e incluso desconocidos. Lamentablemente, algunas miradas impávidas aparecían en la gente que se agolpaba en ese escenario, quienes querían que ya comenzara la fiesta que ha mostrado en diversas grabaciones, como el Boiler Room del cual hablamos con él algunos minutos antes del show.

Pero eso duró poco y el tech se tomó el Perry’s Stage por asalto. Esto ya se notó con «Rumble», canción de su amigo Skrillex en la que participó y que ya marcó el tono del resto del set.La mezcla de «Chanel vs. A New Error», canción donde se usa la voz de Frank Ocean, y la favorita de los fanáticos «Sabrina (I Am A Party)» volvieron una caldera el espacio justo frente al escenario, donde una vez más fuimos testigos de la imprudencia de cierto tipo de fanático.

Los moshpit, slam, ollas o cómo les quieran llamar tienen un lugar privilegido en el rock y el metal, en especial durante los solos de guitarra. ¿Era necesario que lo quisieran replicar en un evento de electrónica con espacio tan reducido y sin un motivo aparente? Mucha gente debió abandonar las partes más cercanas al escenario ya que algunos hombres -sí, solo hombres- decidieron que empujar y armar círculos era entretenido. Si bien no hubo detenciones en el show, la cara de hastío de quienes tuvieron que salir de ahí por los empujones lo decía todo.

Dejando de lado eso y enfocándonos en el show, Fred logra lo que faltó en el show de Claptone: que no solo sea un subir y bajar, sino que sumarle sorpresas e improvisación. Allí mete imágenes de las personas donde saca sus samples, él también aprovecha de cantar, interactúa con su compañero Tony y más.

Y de nuevo, lo mismo, los tiempos apremian y hay que salir de aquel lugar mientras se acerca la hora de uno de los nombres más esperados del festival: Tame Impala.

Con la característica intro del medicamento ficticio Rushium, los australianos empiezan a marcar el tono que tendrá el resto del espectáculo: música con muchos efectos y numerosos tipos de iluminación. Muchas. Hay luces de diversos tipos, laser, proyectores y más. Todo junto a humo y después confeti. En la parte de estimular los sentidos, los de Kevin Parker están en el top 3.

Luego de un inicio con «One More Year» y «Borderline», ambas de su último trabajo The Slow Rush, pasaron a los hits más conocidos de su repertorio. Allí nos encontramos con «Mind Mischief», «Let It Happen», «Feels Like We Only Go Backwards» y más. Ahí ya se veía que este set tenía toda la calidad de festivalero, dejando momentáneamente de lado las canciones más lisérgicas que lo hicieron conocido. De hecho, su primer disco Innerspeaker solo tuvo una representante.

No vamos a descubrir ahora, en el 2023, todo lo que hace Parker. Dentro del estudio literalmente es el que hace todo: escribe, graba y produce todos los instrumentos. En vivo no puede, pero cuenta con el apoyo necesario para que todo salga como él quiere, por algo elije a esos músicos con pinzas. Y también por lo mismo es que, a pesar de su lesión que lo obligó a llevar muletas, se movía de lado a lado en el escenario. El resto tiene que hacer las cosas lo más cercano a como su mente lo imaginó, solo él puede darse el espacio para improvisar muy levemente.

Cuando todavía quedaban 10 minutos, se fueron. Mientras aparecían algunas pifias y otros simplemente se movían a los otros escenarios, Parker y compañía volvieron para unas últimas dos canciones: «The Less I Know the Better» y «New Person, Same Old Mistakes». La despedida sería acompañada de la promesa de volver, pero con menos años que los pasados entre esta visita y su paso por el mismo festival el 2016.

Ojalá esta y otras promesas no queden en nada. Después de tres días, otro Lollapalooza acabó, dejando cientos de canciones que no saldrán en mucho tiempo de la mente de las miles de personas que fueron a Cerrillos, enfrentando tanto el calor como la dificultad de trasladarse de vuelta a sus domicilios. El cambio de horarios de último momento no afectó tanto como se podría pesar, además que son cosas que nunca se tienen presupuestadas, solo quedará en la anécdota.

Se agradece el tomar en consideración las críticas realizadas por muchas personas, periodistas y público general, de la edición anterior. No hubo problemas con el agua, tampoco con la alimentación. Quizá en baños, pero tampoco se vieron colapsados, solo llenos. El dejar el escenario Axe sin protección en el suelo, dejando enormes piedras a la vista a pocos metros de los escenarios, no pasó a mayores solo por el contar con un público que (al menos en eso) se supo comportar, pero sigue siendo algo con lo que tener ojo.

¿Qué nos espera en la próxima edición? Ojalá un cambio de fecha. Marzo sigue siendo un mes demasiado caluroso y los lugares de sombra y decanso no dan abasto en el Parque Bicentenario de Cerrillos. Se entiende que por temas logísticos, y especialmente económicos, el festival se desarrolle prácticamente en paralelo con el argentino, pero es necesario dar un paso más en dirección hacia el bienestar del público.


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