Lollapalooza Chile 2024, día 2: A veces menos es más


La segunda jornada de Lollapalooza Chile traía grandes desafíos, en especial el enfrentar el día que quizá más público llevaría al Parque Bicentenario de Cerrillos. Además de los potentes números en torno a la música chilena, donde brilla Francisca Valenzuela, Pablito Pesadilla o Kidd Voodoo, estaba la deuda pendiente de la edición anterior con Blink-182.

Antes de llegar a todo eso, uno de los nombres que se suman a la lista de debutantes en Chile fue el de RaiNao, puertorriqueña de la misma generación de artistas que otras que ya visitaron el festival en años anteriores como Tokischa, Villano Antillano o Young Miko.

Tras una potente presentación de DJ Tee que contó con invitados como Liricistas, Portavoz o Matiah Chinaski, la puertorriqueña salió junto a su banda a un escenario que ya acumulaba un par de miles de personas. Además de sus bases, un bajista, un baterista y un multiinstrumentista de instrumentos de viento la acompañaron para darle un sello distintivo a su show.

En este aprovechó de presentar canciones de su última producción CAPICÚ como «navel point», «(des)enfocá» y «logout». Con esto fue llamando la atención de la gente que se seguía agolpando en el Perry’s by Cenco Stage, gente que reaccionó inmediatamente al escuchar el nombre de Mora o Tainy, dos reconocidos de la música urbana con los cuales RaiNao ya tiene colaboraciones.

“Esta es pa’ perrear” dijo la cantante luego de sacar otras canciones como «readysita» de su último disco, una buena carta de presentación que terminó de convencer a la gente y caer en el baile a pesar de los más de 30° que ya se sentían en el parque. Seguido también mostró “Gualero REFF12.31”, canción con la que rescata sus raíces caribeñas.

Con algunos minutos de diferencia respecto a lo que proyectaba el nuevo horario, se despidió ante un público que no se movía de su lugar en la espera del siguiente número: Pablito Pesadilla.

Partiendo con mensajes en recuerdo de Galee Galee, el llamado «mejor DJ de la música urbana chilena» generó el caos desde que puso sus manos sobre la tornamesa. «Perrea KTM» y «UNA NOCHE EN MEDELLÍN» fueron algunas de las que se escucharon al comienzo de su set, marcando cómo se vendrían sus 45 minutos de presentación: baile y sorpresas.

Y es que Pablito no deja un momento para descanso, aprovechando cada minuto en lo que fue su segunda aparición solista dentro de Lollapalooza Chile, algo de lo que también hablamos en una entrevista posterior. Con cambios precisos de tiempo y de canción, mezcló clásicos de la electrónica como «Better Off Alone» con Bad Bunny y con otros nacionales como Los Bunkers.

Y las sorpresas no pararon ahí, ya que invitó a varios cantantes a sumarse a su show, con una lista que incluyó -entre otros- a Ethan NY, Young Cister, Julianno Sosa y más. Sorpresas que prendieron todavía más al público, que disfrutó un set que incluso incluyó canciones de reggaetón old-school.

Así como ya llegó el momento de Young Cister de realizar un show en un estadio y el de otros numerosos artistas urbanos con shows en el Teatro Caupolicán o el Movistar Arena, también ya es momento de que la popularidad de Pablito Pesadilla lo lleve a un escenario mayor por su cuenta. La capacidad de hacer una mezcla de tantos mundos en tan poco tiempo no es algo que se pueda ver todos los días.

El final de su show también provocó un éxodo hacia los escenarios principales, donde Francisca Valenzuela ya estaba en la parte final de su repertorio mientras en el escenario espejo se preparaba uno de los shows internacionales de peso de la jornada: The Offspring.

Emblemas del punk rock californiano de la década de los 90, se subieron al Cenco Malls Stage con la personalidad de quienes ya han hecho una vida sobre los escenarios. Comandados por el siempre carismático Dexter Holland, golpearon de entrada con tres clásicos: «Come Out And Play», «All I Want» y «Want You Bad».

A pesar de compartir parte de su público con el que poco después vería a Blink-182, la música de The Offspring lleva tantos años sonando que es casi imposible no reconocer al menos algunas de sus melodías. «Original Prankster» fue otra de las que mantuvo al público moviéndose constantemente, con uno que otro circle pit entre el público que aguantaba el calor, que por suerte para esa hora ya iba en baja.

Incluso apareció un rápido cover de «Blitzkrieg Bop» de los Ramones, canción clásica del punk que se acopló de gran forma a un set que no apeló a la nostalgia, sino que a la potencia que tienen y seguirán teniendo estas canciones que han acompañado los grandes festivales del mundo por décadas.

Quizá en algunos momentos el audio se sintió algo ahogado, pero nada que impidiera que el show se desarrollara normalmente. Con «Why Don’t You Get a Job?» aparecieron incluso algunas pelotas de playa, pequeños detalles que también suman a las presentaciones en vivo.

Tras un buen cierre con «The Kids Aren’t Alright», la banda se fue del escenario y el público se empezó a mover hacia el escenario donde aparecería Arcade Fire. Fue sorpresa que volvieran, entregando dos canciones más en un encore que pilló a mucha gente ya caminando: «You’re Gonna Go Far, Kid» y el clásico «Self Esteem». Un show sólido, con experiencia y cargado a los éxitos, un acierto de esta edición.

Arcade Fire era otro de los grupos más esperados del día. A más de seis años desde su última visita, los canadienses ya contaban con We, álbum lanzado en el 2022 que no habían tenido la oportunidad de presentar en estas tierras.

El set comenzó con un par de temas antiguos para salir con confianza: «Ready to Start» y una versión extendida de «The Suburbs» que también marcaría el resto del show, donde no todo sería tal cual suena en la versión del disco. Y esto se agradece en el modo festival. Tras esto mostraron la primera canción nueva, «Unconditional I (Lookout Kid)», para luego dar paso a otro de los clásicos de la agrupación con «No Cars Go», una que no apareció en la presentación que el día anterior entregaron en Argentina y que contó con un llamativo atardecer de fondo.

Cuando hay muchos músicos en el escenario, es importante que cada uno de ellos se escuche, similar a lo ocurrido con Hozier en la jornada anterior. Y en esta oportunidad, en una alineación que contó con muchas percusiones, guitarras, violín y más, también se cumplió. Esto permitió que canciones como «Reflektor» o «Creature Comfort» se apreciaran incluso desde lejos, algo necesario en una tarde que ya tenía varios decenas de miles de personas rondando el parque.

Además la relación de sus dos líderes Win Butler y Régine Chassagne con el público es muy cercana, ambos con momentos para acercarse a la gente de la reja que esperaba ahí desde temprano para darle un broche de oro a lo que ya era una fiesta. 

Este ánimo se mantuvo en especial con «Everything Now», tema con el que luego dieron paso al mismo cierre que tuvieron al otro lado de la Cordillera, también en compañía de Javiera Parra: «Gracias a la vida» y «Wake Up». Si bien careció del elemento sorpresa, sí quedará como una de las postales más bonitas de esta edición. Un cierre sólido, propio de un festival de esta envergadura.

Cuando ya se acercaba el reloj a las 21:00 horas, la ansiedad empezó a aumentar. El primer encuentro de Blink-182 con el público chileno tuvo un año extra de espera y las expectativas estaban altísimas. Ya con las luces en negro, los gritos no se hicieron esperar para recibir al trío de Mark Hoppus, Tom DeLonge y Travis Barker luego del clásico «Así habló Zaratustra» de Strauss.

Ya con ellos en el escenario, se generó una especie de viaje en el tiempo. Tanto el público como la banda retrocedieron quince o veinte años, provocando el caos con dos clásicos «Anthem Part Two» y «The Rock Show». El público se comprimía más en la medida que uno se acercaba al escenario, lo que no impedía que algunos grupos de desadaptados empujaran para intentar acercarse al escenario, algo imposible de conseguir ya a esa hora de la noche. Lamentablemente, este comportamiento era esperable.

Incluso con eso ocurriendo e incomodando a quienes ya llevaban horas en su posición, la presencia de Blink-182 hizo olvidar todo. El rápido tema «Family Reunion» marcó la tónica de la jornada: irreverencia, bromas adolescentes, insultos y pop-punk. Y todo esto se recibió de la mejor forma posible, era precisamente lo que el público quería.

El sonido del trío fue de otro nivel. A pesar de que se pueda pensar que el pop-punk no requiere de gran nivel técnico, la precisión y potencia con la que interpretaban hacían sentir que estábamos a comienzos de los 2000. Caso aparte el de Travis Barker, que toca cada canción en su batería como si fuese la última vez, con una fuerza que hacía difícil quitarle los ojos de encima.

Con mucho movimiento de Hoppus y DeLonge por el escenario, además de canciones que salían una tras otra, se sentía que todo tiempo era bien aprovechado. Las bromas recurrentes de «…tu mamá» entre los dos también le daban algo de respiro a un show que debe haber servido fácilmente de ejercicio. Hasta con algunas palabras en español tiraron la talla, aprovechando que la atención la tenían sobre ellos en un escenario que solo los tenía frente a una pantalla gigante. Pantalla que, además, fue muy bien utilizada con videos y gráficas que apoyaban cada una de sus canciones.

Ya con «Reckless Abandon» se consolidó esta sensación de momentánea juventud, con los músicos -ya cercanos a sus 50s- cantando sobre temas adolescentes y un público -muchos de ellos sobre los 30- cantándolas como si todavía estuviesen en el colegio. Esa fantasía no es fácil de lograr y es precisamente lo que se quería disfrutar.

Ya con el público en el bolsillo aparecieron canciones de ONE MORE TIME…, su último disco lanzado recién el año pasado y que contó con DeLonge en la grabación después de cerca de siete años. Tras algunas de ellas como «MORE THAN YOU KNOW», «EDGING» o «DANCE WITH ME», volvimos a escuchar un clásico: «Aliens Exist», tema que DeLonge también utiliza para bromear consigo mismo. Aquí se desaprovechó la oportunidad de haber realizado algo con drones similar a lo de la noche anterior con Feid, pero -como se dice popularmente- es solo una queja de lleno.

Tras el gran momento que significó «Stay Together for the Kids», llegó un problema recurrente en los actos finales de Lollapalooza: gente desmayada y muchas apretadas. En esta oportunidad no fue solo en el área cercana a las rejas, sino que incluso detrás de las carpas que controlan audio y luces. Esto detuvo el show algunos minutos, con la banda incluso teniendo que interceder para que fuese más seguro.

El show nunca decayó en potencia ni emotividad, algo que incluso aumentó con el clásico «I Miss You». Y el final fue de lujo, contando con otros éxitos como «What’s My Age Again?», «First Date» y «All the Small Things», con lo que el alma adolescente de muchos debe haber quedado más que satisfecha.

A pesar de tener algunos minutos por delante, la banda abandonó el escenario provocando los gritos de los miles que no querían dejar esta fantasía. Blink-182 respondió, entregando una sentida versión de “ONE MORE TIME” junto a imágenes de sus primeros videos de hace ya 15 o 20 años, una forma de dar un cierre con algo de realidad. El tiempo pasa, pero las emociones se mantienen. 

No sería difícil que volvieran y se generara algo similar nuevamente, ya quedó en claro que material y fanáticos tienen de sobra. A pesar del show de Diplo que ya se preparaba, se sintió como el cierre del segundo día, un cierre que demoró un año en aterrizar en el país, pero que valió cada segundo.

No deja de dar vueltas la letra de «Volver a los 17» de Violeta Parra: «Lo que puede el sentimiento, no lo ha podido el saber». Esa sensación en el estómago que se provocó no tiene comparación, sin dudas uno de los puntos altos de todas las ediciones de Lollapalooza Chile.

Al igual que el primer día, el agua y los baños respondieron de buena manera, pero la salida fue un caos. Sin ser ni las 23:00 hrs. el Metro de Santiago ya anunciaba por parlantes el colapso de la estación Cerrillos, mismo destino que tuvo la Av. Pedro Aguirre Cerda con el transporte en superficie. Este no deja de ser uno de los puntos débiles de cada edición.

Lo mismo la cantidad de público, con un Parque que en la teoría resiste 100.000 asistentes, pero que en la práctica termina en shows con gente que no alcanza a ver los escenarios y que tampoco escucha por audios que terminan acoplados unos encima de otros. Esto, sumado a la oscuridad presente en las últimas presentaciones, no solo termina en conciertos que se disfrutan a medias, sino que en riesgos de seguridad. A veces menos es más.


Like it? Share with your friends!

0
agendamusical

0 Comments

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *