FOTOS | Mac DeMarco en Chile: Tiempos más simples


Ocho largos años pasaron desde la última visita del canadiense Mac DeMarco a nuestro país. Desde entonces el mundo cambió radicalmente tras la pandemia del covid-19, incluyendo una serie de lanzamientos del músico que incluso lo llevaron a experimentar con un disco que incluye más de 100 canciones. Ante este nuevo artista, que trascendió aquella esencia del jangle pop, nos pudimos encontrar por primera vez sobre el escenario del Teatro Caupolicán.

Y la fiesta ya se avizoraba: en pocos días ya se habían agotado las entradas para sus dos shows, muchos meses antes de su llegada a nuestro país. Tener el recinto de San Diego sin entradas disponibles ya te asegura un ambiente distinto, en especial cuando DeMarco llega junto a un ambicioso trabajo: guitar (2025). Ambicioso porque toma aquello que lo hizo conocido y lo volvió minimalista, menos ruido, más emotivo.

Esa es la misión de su gira, el poder comprimir en menos de dos horas ese viaje que significa volver a sus primeros discos hasta entregar esta nueva versión de si mismo, una que se refleja en lo musical, pero que no tiene grandes cambios en lo performático. La apertura fue con una de ese nuevo trabajo, «Shining», pasando rápidamente a una más antigua de This Old Dog, «For the First Time». Y ahí llegó el primer golpe al tiempo que ha pasado, cayendo el peso de que aquel trabajo ya pronto va a cumplir una década de vida.

Como si fuera el amigo payaso del grupo, DeMarco se va paseando por el centro del escenario haciendo caras y voces, siempre con un característico jockey en su cabeza y un bigote que ahora lo acompaña. Minutos antes ya había presentado a su banda, un amplio número de músicos que le permite enfocarse en la interpretación durante gran parte del show, cada uno de ellos transmitiendo la misma sensación de música chill que el norteamericano.

Después pasamos de «Sweeter» a «On the Level», otro ida y vuelta del músico, una forma de ir mostrando esa evolución que ha tenido desde aquello que muchas veces se apoyaba en el lo-fi como el centro de su existencia, pasando ahora a un sonido más pulido, pero que mantiene aquella sensación de escuchar música para relajarse en el living de la casa. No es vacía, no es insulsa, solo es música que te guía hacia tiempos más tranquilos. Muchas veces estos caen en la nostalgia, pero sigue evocando momentos donde las cosas avanzaban a otra velocidad. Sí, incluso en un lapso de tan solo diez años.

 

Sin grandes pausas, DeMarco fue haciendo ese trabajo de mostrar lo nuevo y después aquello que lo originó. De «Home», uno de los singles de este nuevo disco, pasamos a «No Other Heart» de Another One (2015). Después de «Knockin» pasó a «Another One», metiendo entremedio también otros clásicos queridos por el público como «Ode to Viceroy», una de las tantas que fue coreada por gran parte del público.

Quizá fue el fervor o que el micrófono del cantante no tenía tanto poder, pero su voz más de una vez se perdió entre la del público. Más que un desperfecto, se toma como la efervescencia que provoca el artista, uno que presenta una fachada de relajo y tranquilidad, pero que a ratos provocó exactamente lo contrario en la cancha del Caupolicán.

El gran caos de la noche quedó con la clásica «Freaking Out the Neighborhood», con el canadiense colgando su guitarra eléctrica al hombro para interpretar una de sus canciones más movidas, la que quizá más se acerca al surf rock dentro de su mundo jangle que siempre coquetea con él. Ahí la gente de cancha se compromió, se pegó lo más posible a la reja y se movió como olas durante los casi tres minutos que dura. Saltar y cantar en un escenario así es casi un deporte extremo, con muchas personas saliendo pidiendo aire tras la experiencia de dejarse llevar, de simplemente entregarse a la masa durante 180 segundos.

Tras «Holy» -otro de los singles de guitar- y «Moonlight on the River» llegó quizá otro del top-3 de canciones favoritas del público con «Chamber of Reflection», una de las que mejor muestra su capacidad dentro de ese pop psicodélico-lisérgico. Un lindo cierre para la primera parte del show cuando todavía ni eran ni las diez y media.

Nadie creyó su despedida, quedándose en sus posiciones esperando aquel encore que entrera una nueva canción para cerrar la noche. Los grandes clásicos ya estuvieron presentes, pero faltaba otra de las regalonas, la que pudimos escuchar cuando la banda volvió al escenario a prácticamente dos minutos de haberlo dejado: «My Kind of Woman». Este fue otro de los grandes momentos de karaoke con el público, con DeMarco visiblemente feliz al escuchar la respuesta de la gente ante su música.

Tras cerrar aquel track, volvimos a algunos minutos con un repaso al guitarreo de «Freaking Out the Neighborhood» que nuevamente prendió a los asistentes que repitieron la lógica de agolparse lo más cerca del escenario posible. Ahí la banda aprovechó de hacer la mayor cantidad de ruido que sus instrumentos fueron capaces, una forma de agotar la energía tanto arriba como debajo del escenario. No es fácil despedirse, pero sí lo es cuando el cuerpo ya siente el paso de los minutos y las piernas ya piden algo de descanso.

Mientras varios se secaban el sudor de la frente tras aquel ejercicio de resistencia, el canadiense se despidió para ir a descansar para repetir el show la noche de este domingo. No siempre se logran dos sold-outs seguidos, pero lo que entregó el músico lo explicó rápidamente: una conexión con el público que va más allá de las frases de buena crianza junto a una propuesta minimalista que recoge lo mejor del pasado y muestra lo interesante que es el presente. Es difícil hacer enganchar un disco nuevo cuando hay clásicos que no se escuchan hace casi una década, pero lo logró. Un show cohesionado, rápido y contundente. Quizá qué sorpresas esperan en la segunda jornada.


Like it? Share with your friends!

0
agendamusical

0 Comments

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *