Interpol en Chile: Una década de crecimiento


Interpol

Fecha: 21 de noviembre de 2019
Lugar: Teatro Caupolicán
Productora: Lotus
Fotógrafo: Ramón eMe Gómez   @el.eme
Periodista: Samuel Fuentes   @

Con el aire aún con olor a lacrimógenas y muchas piedras en las calles, Interpol llegó a Chile para servir de bálsamo ante el convulsionado ambiente que se vive hace semanas.
El Teatro Caupolicán, mismo recinto que recibió a la banda en el 2008 durante su debut en el país, fue el recinto elegido para este show, el segundo de los neoyorkinos en lo que va de este 2019. Al igual que con Patti Smith esta misma semana, la gente llegó sobre la hora para ver a la agrupación que se convierte en quinteto durante sus presentaciones en vivo.
El escenario se veía negro, solo con los instrumentos encima. Esto cambió radicalmente con la aparición de Paul Banks y compañía, siendo acompañados de juegos de luces que le daban diferentes atmósferas a las canciones presentadas. La primera, “Untitled”, fue un corte más tranquilo e introspectivo. Un pequeño cariño dentro de días llenos de ruido de balas y sirenas.
«C’Mere» fue otro de los tracks que se repitió con aquel show de marzo del 2008, pasando posteriormente a «If You Really Love Nothing», parte del disco Marauder lanzado el año pasado. Entre una y otra se veían cambios de sonido, parte de una maduración por la que han pasado otras bandas contemporáneas como The National.
De esta forma, se fueron intercalando canciones nuevas con los clásicos que todos esperaban. Esta mezcla fue bien recibida, sirviendo de transición entre bloques donde posteriormente encontramos «The Heinrich Maneuver», «NYC» y «PDA».
Banks al centro, Daniel Kessler a la izquierda y Sam Fogarino al fondo cierran el trío de la formación original. Por el otro lado del escenario, Brad Truax cumplía una gran labor en el bajo y Brandon Curtis ayudó cuando fue necesario en los teclados, mostrándose algo distraido cuando no era requerido. Todos vestidos sobriamente, primando el negro en su vestimenta y pocas interacciones con el público.
Interpol es una banda que sigue un libreto bien establecido. No hay mucha conversación con el público, sin palabras a lo que sucede en las calles, pero responden en lo musical. Si hay que hacer saltar al público, lo hacen plenamente. Lo mismo al llevar a los presentes hacia otro mundo, más melancólico y contemplativo.
«Stay in Touch» fue otro relajo antes de la aparición del hit «Evil» y «Take on a Cruise». Con «The Rover» -otro de los singles de Marauder- se cerraron los temas nuevos para pasar solo a los más antiguos. «Rest My Chemistry» y «NARC» sumaron en ese sentido, llevando a la gente a un viaje a un pasado que se siente más lejano que nunca.
El cierre de la primera parte del setlist fue con «The New», «Slow Hands» y «Obstacle 1». Recién había pasado un poco más de una hora y los 15 temas se hicieron pocos. «Faltan canciones» se escuchó más de una vez, mezclado con gritos contra los carabineros y el ya tradicional «ya van a ver, las balas que nos tiraron van a volver».
Pocos minutos estuvieron fuera del escenario para tocar «Leif Erikson». Kessler mostró parte de su evolución, con algunas mayores libertades en la guitarra en comparación con sus comienzos. Fogarino, por el otro lado, mantiene su imagen algo rígida, pero con una precisión casi mecánica.
El último tema se esperó durante años, siendo esquivo en todas sus presentaciones anteriores: «Stella Was a Diver and She Was Always Down», clásico de Turn Off the Bright Lights (2002). Varios se quedaron en silencio en los segundos iniciales, como no creyendo el regalo que nos estaban dando. Después de más de una década de su primer show en Chile, llegó esa canción y se agradeció mucho.
Interpol funciona como una máquina muy bien engrasada. Todos saben cuándo ser ruidosos y cuándo guardar silencio. Banks, en español, agradeció más de una vez y el resto asintió en silencio tal como lo requería la ocasión. Lo presentado fue un viaje al pasado con ciertos guiños al presente, en momentos donde los años anteriores se ven con un ojo mucho más crítico. A pesar de lo corto del show, más cercano al de un festival que a uno en solitario, fue bastante redondo. Vimos la madurez que logra el paso del tiempo y la convicción de mantener un sonido característico. Interpol apostó, ganó y probablemente vuelvan a triunfar en una hipotética sexta visita.


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