Por Vicente Flores
Pese a que habían venido hace muy poco, con dos tremendos shows en diciembre de 2024, Dream Theater volvió al Movistar Arena para celebrar sus 40 años de existencia, como también para interpretar su último álbum Parasomnia y su insigne tema de más de 20 minutos A Change Of Seasons. Y vaya qué regreso. Este show tuvo algo distinto desde antes de que sonara el primer acorde. No era solo otra visita de una banda que ya conoce bien el país, sino que era una noche pensada para quedar en la historia. La propia agrupación lo había anticipado antes, confirmando que Santiago sería el escenario donde registrarían su próximo Blu-ray en vivo. Y considerando la relación que han construido con Chile desde 2005, la elección parecía inevitable.
Porque lo de Dream Theater con el público chileno ya dejó de ser una simple conexión de gira. Desde aquel debut masivo en la Pista Atlética del Estadio Nacional ante miles de personas que ya entonces entendían su lenguaje, hasta este presente, la banda ha vuelto una y otra vez, consolidando una base que no solo llena recintos, sino que entiende cada sonido y letra de su propuesta. Anoche, además, sumó otro elemento clave, porque el Movistar Arena fue el lugar donde decidieron inmortalizar en video sus 40 años de historia.
Y esa historia se sintió en las casi tres horas de música que ofrecieron los maestros del metal por excelencia: John Petrucci, James LaBrie, Jordan Rudess, John Myung y Mike Portnoy. A través de un setlist que combinó su más reciente repertorio en conjunto a clásicos de antaño, los estadounidenses ejecutaron a la perfección cada pieza, lo que no sorprende, pero aún así no deja de maravillar el viaje onírico que representa semejante experiencia.
El primer acto, full centrado en Parasomnia, fue un verdadero espectáculo del horror, tal como narran las letras y temáticas del disco. La banda apostó por trasladar al escenario la sensación de una pesadilla. Y lo logró. “In the Arms of Morpheus” abrió el viaje con un tono atmosférico y potente, perfecto para adelantar lo que se vendría durante toda la noche. Luego, “Night Terror” explotó aún más al público sediento de atronadores riffs y solos de Petrucci.
El disco, pensado en torno a trastornos del sueño, pesadillas y figuras inquietantes, fue muy bien pensado para ser tocado en vivo por completo. Y es que cada canción se enlaza de muy buena forma con la siguiente, de manera que el intenso descenso al terror máximo no da respiro y provoca una atención constante hacia las pantallas y luces del escenario.
“Midnight Messiah” se transformó en uno de los puntos más altos de esta primera parte, con un coro que, contra todo pronóstico, fue bastante coreado como si llevara décadas en el repertorio. Ahí también apareció un John Petrucci particularmente inspirado, cargando buena parte del peso emocional y técnico del show.
Tras un intermedio de 20 minutos (donde varios salieron a comprar un bebestible), el segundo acto trajo consigo temas icónicos de la banda. La siempre pedida por sus fans, “The Enemy Inside”, prendió a todos los allí presentes, incluso a quienes estaban más adelante y con sillas a su disposición, lo que no fue impedimento para que saltaran como si estuvieran en cancha.
El tramo de al medio continuó con “A Rite of Passage”, donde cada integrante volvió a demostrar por qué Dream Theater sigue siendo referencia dentro del género, con cada uno brillando con luz propia, y como si estuviesen en su época de oro noventera. Aquí destacó especialmente el rol de Rudess, cuya capacidad para generar atmósferas fue clave durante toda la noche. Su presencia escénica, al igual que la de Portnoy, aportó dinamismo y cercanía.
Otro gran y emotivo momento se vivió cuando sonó “The Dark Eternal Night”, que no solo fue celebrada por la obra maestra que es, sino que también llevó el show hacia su lado más pesado. Inmediatamente después, el contraste vino con la hermosa y melódica “Peruvian Skies”, cuyos fragmentos especiales rememorando “Wish You Were Here” de Pink Floyd y “Wherever I May Roam” de Metallica, la vuelven un imperdible de sus shows.
El cierre del segundo acto con “Take the Time” fue, en muchos sentidos, un resumen de su historia, o sea, un tema que remite a sus primeros años con James LaBrie y que, en vivo, destacó por la química entre Petrucci y Portnoy, la misma que tanto se extrañó durante la década que el baterista estuvo fuera de la banda con sus “hermanos”, como él mismo acostumbra a llamarlos.
Finalmente, y con más de dos horas de show, llegó la hora de “A Change of Seasons”, extenso tema de más de 20 minutos y subdividido por diferentes partes, cada una con distinto significado. Esta ambiciosa obra, precedida por un clip de la película “La Sociedad de los Poetas Muertos”, consta de siete partes, donde se recorre el ciclo de la vida, desde la inocencia hasta la pérdida y la aceptación, con una carga profundamente personal en su origen.
Desde la apertura con “The Crimson Sunrise”, pasando por la reflexión de “Carpe Diem”, inspirada en la célebre escena de la película antes mencionada y protagonizada por el legendario Robin Williams, hasta la intensidad emocional de “The Darkest of Winters”, cada pequeña pieza fue interpretada con una precisión y una sensibilidad que, difícilmente, pueda ser capturada en video.
Con este broche de oro, no es exageración decir que lo ocurrido anoche fue más que un concierto. Fue la consolidación de una relación construida durante más de 20 años, una celebración de su historia y, al mismo tiempo, un registro pensado para dejar en video la importancia de nuestro país para una de las más grandes bandas de metal de todos los tiempos. Dream Theater eligió Chile para inmortalizar este momento, y la respuesta del público dejó claro por qué. Por más que hayan habido asientos o que no hayan entonado algunos clásicos infaltables, el show fue espectacular, y nuevamente nos demostró la calidad irrefutable del quinteto.
Fotos: Ramón Gómez / Lotus





























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