Sigur Ros en Chile: Sin etiquetas


Fecha: 24 de noviembre de 2017
Lugar: Movistar Arena
Productora: Lotus
Fotógrafo: Carlos Muller / Lotus
Periodista: Diego Puebla

El trío islandés ante 11 mil personas hizo su debut en Sudamérica.

Bastante aceptación generó el anuncio de la primera vez que el enigmático grupo Sigur Rós (Rosa de Victoria en su lengua madre), pisaría Chile como primera parada del tour que sigue por Argentina y luego por el resto de Sudamérica.

Estos ex ausentes en la variada oferta de bandas que ya utilizan nuestro país como un obligado, llenaron un Movistar Arena un poco más acotado que entregó una dosis de intimidad a momentos. Los músicos que a eso de las 21:15 salieron a escena, demostraron rápidamente que a pesar de ser parte de una industria más de nicho convocaron una alta asistencia para este multi-género experimental que juega con el límite de lo mainstream.

“Á” y “Ekki Múkk” fueron las primeras interpretaciones que bajo una intensa oscuridad, acompañados de gráficas abstractas, unas especies de “andamios lumínicos” que sobre el escenario se encendían dependiendo de la intensidad de la música interpretada por Jón «Jónsi» Þór Birgisson en voces más guitarra acompañada de un arco de cello para su ejecución, Georg Hólm en bajo y Orri Páll Dýrason en batería y sintetizador.

Con un set que entregaba un repaso por el catálogo histórico de la banda como piezas de “Takk” (2005) como “Glósoli” o “Saeglópur” o “( )” disco de cinco años antes donde la ejecución de “E-Bow” o cerrando con “Popplagio” a eso de las 23:30 horas mostraba la intensidad por la agrupación por parte del público nacional, que concentrados fueron parte de un viaje que también embarcó parte del currículum más actual con temas inéditos parte de un próximo álbum aún en grabación y piezas de “Valtari” y “Kveikur” también estuvieron presentes para fundamentar lo más actual que registra la banda.

Interpretaciones extensas con momentos más tenues y otros de gran intensidad entregando un sonido perfecto para el espectáculo, cobijados por material lumínico y audiovisual que ayuda al viaje experimental, donde múltiples géneros musicales colindan con la opción de los islandeses por entregar situaciones sin la respuesta de su significado. Sigur Rós puede caer en la pasividad y probablemente en el aburrimiento para unos que no puedan digerir un estilo de música múltiple, minimalista y onírica. Pero para los amantes o seguidores de esta corriente, el disfrute de la muestra de aquella noche en Movistar Arena manifiesta que sin etiquetas es más cómodo disfrutar sin tanta explicación del porqué….

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Diego Puebla

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