FOTOS | David Garrett en el Teatro Municipal de Santiago: Técnica al servicio del pop


Fotos: Francisco Aguilar (@franciscoaguilar.ph)

El Teatro Municipal de Santiago es de esos edificios que gran parte de los santiaguinos conoce, pero nunca ha entrado. Aquel edificio que estrenó su primera obra hace más de 150 años ahora recibía a David Garrett, un artista alemán que se sale algo de la norma, uno que decidió tomar su talento con el violín no para convertirse en el más técnico del mundo, sino en el encargado de acercar su instrumento a las masas.

Un poco pasadas las 21:00 h., se apagaron las luces y empezó a surgir humo. Primero fueron sus músicos tomando posición, creando expectativa, para la salida de Garrett. Y para abrir su presentación eligió uno de los ritmos más conocidos de las últimas décadas, adaptados desde orquestas hasta canciones de estadio: «Seven Nation Army» de The White Stripes.

Contrastando visualmente con muchos de los presentes, vestidos acorde al recinto, el europeo se paró al centro del escenario vistiendo jeans con las rodillas rotas, un polerón con un dibujo de Spiderman y su pelo tomado en una cola. La formalidad no es lo suyo, algo que va de la mano con el acercamiento que tiene sobre la música.

La selección de sus canciones iba siempre acompañada de una pequeña introducción, donde también aprovechaba de señalar los autores clásicos que muchas veces inspiraban su selección. Sí, se podría considerar que solamente toca covers, pero la magia está en transformar las voces de cada una de ellas en melodías con el violín, en hacer prácticamente cantar a su instrumento. Ahí el mérito de Garrett, quien logra mostrar toda su técnica en un acercamiento mucho más pop.

Tras «Naughty Girl» -original de Beyoncé- presentó «Moves Like Jagger» de Maroon 5, claramente sin conocer la historia previa entre la banda y nuestro país. De todas formas, fueron solo algunos segundos de sorpresa antes de retomar la senda de sorprender junto a canciones que han formado parte de la cultura popular de los últimos años.

«Señorita» de Camila Cabello y Shawn Mendes, «As It Was» de Harry Styles y «Dance Monkey» de Tones and I fueron más inclinadas hacia un público joven, pasando después a saludar el folk de Hozier con una interpretación bastante bien acabada de «Take Me to Church». Esto último debido a la diferencia en el tono de la voz del irlandés en relación a la de los otros artistas, pero mostró un lado más ceremonioso de su violín que calzó muy bien. Ahí aprovecha de dedicar algunas palabras a músicos que se fueron jóvenes antes de pasar a otro hit del mainstream del hemisferio norte: «Wake Me Up» de Avicci.

 

Para «The Joker And The Queen» de Ed Sheeran hizo un comentario sobre la influencia de Rachmaninoff e incluso se subió a tocar sobre el piano, otro de los gestos que lo sacan un poco del prototipo que tendría alguien cuyo instrumento data de cientos de años y cuesta en millones de dólares. Tras bajarse del piano, reúne a su equipo de forma más íntima para cantar una de las canciones en español más escuchadas de la historia: «Despacito». Y ahí el primer quiebre con «Mein Herz Brennt» de sus compatriotas Rammstein para luego volver a Sheeran con «Shape of You», cerrando así la primera parte de su show.

Deben haber sido unos 10 o 15 minutos los que pasaron antes de que volviera, aunque esta vez lo hizo recorriendo el pasillo central en dirección al escenario. Con muchas cabezas girando sorprendidas, el músico comenzó con «Blinding Lights» mientras sostenía un arco que llamaba la atención por la luz que emitía. «Russian Roulette» de Rihanna y «Survivor» de Destiny’s Child nos llevaron de vuelta a la primera década de los 2000, regresando al presente con «THE LONELIEST» de Maneskin.

La parte más rockera la recorrió con un medley que incluyó a Nirvana –«Smells Like Teen Spirit»– y Aerosmith –«Walk This Way«-, pasando después a un éxito mundial como «Smooth Criminal» de Michael Jackson. Lo único «clásico» fue una pequeña demostración de la Sinfonía n.º 5 de Beethoven, pero también a su modo más llamativo, pero no por eso menos técnico. De ahí nuevamente a lo pop, con una canción que sale incluso en programas de TV: «He’s a Pirate» de Hans Zimmer, tema que aparece en la saga de Los piratas del Caribe. En medio de todo también entregó algo de tiempo a sus músicos para que cada uno entregara un solo, cada uno de ellos muy bien recibidos por el público, en especial con su pianista. Justo su visita a Chile coincidió con su cumpleaños.

Antes de continuar con «Titanium» de David Guetta, Garrett también jugueteó con algunos pasajes de Led Zeppelin. Fácilmente el músico podría hacer un show dedicado al rock. Para el final, eso sí, volvió al pop más pop de los últimos años: «Shake It Off» de Taylor Swift.

Cuando ya algunas personas estaban abandonando el Teatro, el músico regresó para una última canción, quizá una de las versiones más conocidas que existen de «Viva la Vida» de Coldplay. Esta, convertida prácticamente en un himno de las buenas vibras por los ingleses, cerró un espectáculo de más de dos horas de duración.

Hubiese sido genial poder ver más del poderío técnico de Garrett, artista que es especialista en la mezcla de velocidad con precisión, pero la elección de canciones debe haber dejado satisfechos a todos. Se notan las ganas del músico por servir de vínculo entre los artistas de hace siglos y la música actual, quebrando con la imagen de pulcritud y seriedad que debería tener un artista de su categoría.


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