FOTOS | Knotfest: Se extrañaba algo así


Desde su anuncio, hace bastantes meses, que se veía como algo muy ambicioso de lograr. Cuando se dio a conocer el listado final de las bandas, eso aumentó todavía más. El sold-out solo terminó de elevar las expectativas a un nuevo nivel. Knotfest es una marca ya reconocida dentro del género, naciendo hace ya una década de la mente de los miembros de Slipknot. Y era su primera vez en Chile, ¿en qué terminó?

Para hacer un pequeño spoiler, el festival cumplió y dejó números positivos. Es imposible negar eso después de ver tantos shows de alta calidad, pero el demonio está en los detalles y ahí nuevamente la producción se cayó.

Pero desde el comienzo. Eran dos los nombres nacionales que debían abrir los fuegos en la calurosa jornada del domingo: Rama y Weichafe. Ninguno de los dos se pudo subir al escenario. Las personas que llegaron temprano al Estadio Monumental no entendían mucho lo que pasaba con estas bajas, además de los cambios en los horarios que desajustaron a más de uno.

Esto recién se supo después y de forma extraoficial: Diferentes demoras en producción hicieron que sacar a estos dos grupos del festival fuese la única solución para no generar demoras en los invitados internacionales. Mal por las Rama, Weichafe y sus fanáticos.

Sin ellos, estuvo a cargo de Tenemos Explosivos y Vended el recibir a quienes desde temprano se empezaron a presentar en el recinto de la comuna de Macul. Unas pocas nubes ayudaron a que el sol no golpeara desde tan temprano, pero difícil hacerle frente a algo así en un terreno con muy pocas sombras. Y eso no solo dentro, ya que en los sectores donde se hacían las filas tampoco había mucho donde esconderse del sol. Algunos comentarios decían que estas mismas filas demoraban hasta dos horas. Demasiado.

El primer gran nombre en llegar al escenario Knot, ubicado a la izquierda de la cancha, fue Sepultura. Viejos conocidos de los amantes del género en el país, la banda nacida en Brasil se fue gran parte a la segura. El desconcierto generado por el cambio de horarios hizo que muchos llegaran por sobre la hora a verlos, perdiéndose algunas de las canciones del comienzo.

Eso sí, lo potente estaría en la segunda parte de su corto set. «Refuse/Resist», «Arise» y «Roots Bloody Roots» ayudaron en algo a ignorar una temperatura que todavía no alcanzaba su mayor punto durante el día. No hubo innovaciones, ningún tipo de salida de libreto, todo muy apegado a un set corto -11 canciones- y un horario no muy favorecedor. Pero cumplieron. Sepultura siempre cumple. Veremos si el lunes, cuando toquen junto a Pantera, será igual.

Trivium le siguió en el escenario Circus. Así pasamos desde el thrash sudamericano a uno de los nombres más importantes dentro del metalcore norteamericano. A diferencia de otros invitados, los encabezados por Matt Heafy aprovecharon este festival para presentar su último álbum In the Court of the Dragon… y esa, la que le da nombre a su trabajo, fue la única canción que tocaron de aquel disco, elegida para partir su set.

¿Fue una buena decisión? Súper buena. Una vez descomprimido aquel trámite, el cuarteto se dedicó a presentar algunas de sus mejores composiciones. «Pull Harder on the Strings of Your Martyr», «Down From the Sky» o «A Gunshot to the Head of Trepidation» fueron solo algunas de las elegidas, todas dentro de las más interpretadas en toda su carrera. Y para eso son los festivales, usando solo el primer corte de su show para abrir la curiosidad sobre su último disco.

Heafy se paseó por varios micrófonos sobre el escenario con una vestimenta que sobresalió frente a la clásica indumentaria metalera de sus compañeros Corey Beaulieu -guitarrista- y Paolo Gregoletto -bajista. Podrá ser un detalle, pero todo cuenta. Al menos en el sonido los tres estuvieron muy parejos. Pasar de un sonido más «primitivo» como el de Sepultura a uno con más detalles interpretativos hizo que su técnica se notara más, dejando ver que hay influencias desde Judas Priest hasta Foo Fighters. Buen show.

Con «In Waves», el único tema de su encore, le pidieron al público que hiciera el mayor circle pit posible. Dudo que lo haya sido, pero los dejaron muy felices. Un rato después Gregoletto comentaría en su Twitter, después de ver al público nacional, que ahora entendía el motivo por el cual las bandas grababan DVD en Chile. Heafy aseguró que no solamente era el mejor público de la gira, sino que uno de los mejores de su carrera. Suena a venta de humo, pero al menos tenía razones para sostener algo así.

Pocos minutos después fue el turno de los británicos de Bring Me The Horizon, quienes también tendrán su show por separado en la noche de este lunes 12 de diciembre. Si bien están junto a Trivium dentro del metalcore, aquí lo vemos con tintes mucho más cercanos al hardcore y al screamo, tanto en sonido como en la forma de mostrarse al público.

El show estuvo cargado al disco Post Human: Survival Horror, presentando varias variantes respecto de sus predecesores. La irrupción de dispositivos electrónicos, que no volveríamos a ver hasta Slipknot, les dieron algo de frescura, yendo muy de la mano con la mixtura entre gritos guturales y cantos melódicos por parte de Oliver Sykes.

Tras un regular desempeño de «Dear Diary,», dieron paso a dos canciones influenciadas por videojuegos que nuevamente los llevaron al carril correcto: «Parasite Eve» y «Shadow Moses». Aquí fingieron un pequeño corte de luz para traer nuevamente sus gráficas a las pantallas -que también parecían sacadas de algún Resident Evil de PS2- para volver con «Kingslayer».

Uno de los mejores momentos de su show, y también de la jornada completa, fue con Sykes bajándose del escenario para interpretar «Drown», momento en donde terminó cantando abrazado a una fanática que estaba en la reja. Fueron largos segundos que claramente quedarán en la memoria de la joven, tras lo cual el líder y voz de los ingleses se llegó a subir a la estructura metálica al centro de la cancha del estadio. Entretenido concierto, con el sonido más «diferente» al resto de las bandas que componían el cartel.

Con Trivium ocuparon el mismo recurso en algún momento: pedirle al público que se agache, para luego saltar cuando den la orden. Sé que probablemente no hablan mucho de estas cosas entre ellos, pero el repetir el mismo tipo de mecánicas también es algo que las debilita. Otro spoiler: no sería la última vez del día que desde el escenario solicitaran aquello.

Tras su salida, en escenario Circus ya estaba todo dispuesto para que saliera a jugar uno que ya es de la casa: Mike Patton y Mr. Bungle. O como lo presentó: el Señor Bungle.

Con un gorro cubriendo su cabello, una mascarilla, un micrófono blanco y una camiseta vintage de la selección con el 9 de Suazo en la espalda, el norteamericano desde el primer minuto se echó al público al bolsillo. Y eso que nos llamó «chamos», mostrando que su cariño por Chile todavía no se refleja mucho en el uso de modismos del país.

Además, esta visita no era cualquiera, ya que la alineación elegida para esta seguidilla de conciertos en Chile contaba con Scott Ian y Dave Lombardo. Y en un show de metal es difícil que las cosas vayan mal con aquellos dos nombres sobre el escenario, quizá de los músicos más reconocidos en sus instrumentos en los últimos 30 años dentro del género que nos convocó al estadio de Colo-Colo.

Si bien se les considera una banda de metal experimental, el show estuvo muy cargado al thrash. Y el thrash es uno de los tipos de metal que mejor llegada tiene en Chile, justo donde brillaron Ian y Lombardo. Es decir, imposible que les fuera mal. Los bruscos cortes que hacían entre canciones lograba que el público estuviera más pendiente a lo que pasaba, casi como tomando curvas en velocidad.

Lo presentado en el show fue 50% para The Raging Wrath of the Easter Bunny Demo, trabajo grabado el 2020 a partir del demo de la banda que se lanzó en 1986, junto a la otra mitad de rarezas y covers donde tuvimos a «Hell Awaits» de Slayer, «World Up My Ass» de Circle Jerks, «Gracias a la vida» de Violeta Parra y a otro de los mejores momentos del festival: la invitación a Andreas Kisser y Derrick Green de Sepultura para tocar, entre todos, «Territory». Tremendísimo momento.

El show del Señor Bungle se hizo cortísimo. Fue ver una reunión de amigos que se juntaron a revivir las canciones que escribieron en su juventud, pero que se dieron cuenta que lo seguían pasando igual de bien, que mantenían la misma vibra al interpretar esas canciones con más de 30 años de vida. Un acierto, desde todo sentido. También un aplauso a Trey Spruance y Trevor Dunn, dos que no brillan mucho junto a figuras que se llevan todas las miradas como Patton, pero que cumplen en cada una de las funciones que se les entrega.

Mientras el caos de Patton se desarrollaba en el escenario Circus, el Knot tenía la misión de parar la escenografía para otro de los shows más esperados del día: Pantera. Y fue bastante trabajo, siendo uno de los shows que más espera generó en un horario que mostraba números ininterrumpidos cada hora.

A casi 25 años del show que dieron en el Velódromo del Estadio Nacional, el último que habían dado en Chile, solo uno de los miembros originales estaba sobre el escenario. Rex Brown, el bajista fundador, no pudo estar presente al contraer covid durante su paso por Colombia, por lo que debió ser reemplazado por Derek Engemman, músico de Anselmo en su proyecto junto a The Ilegals. Pero, como el mismo vocalista dijo, el show debía continuar.

«In Heaven», canción que se hizo conocida con Eraserhead de David Lynch, acompañó la silueta de los fallecidos hermanos Abbott en las pantallas. Esa sería una de las tónicas del show: servir de memorial para los dos músicos, de los más influyentes dentro de la historia del alicaído groove metal.

Como era de esperar, el clásico Vulgar Display of Power fue quien se llevó una gran parte de las canciones seleccionadas. La gente quería escuchar «Fucking Hostile», aunque también se emocionaron con «I’m Broken» o «Cemetary Gates» con el tributo explícito a los Abbott, aprovechando de proyectar imágenes en las pantallas mientras los músicos estaban al centro del escenario.

¿Y quienes ocupaban los puestos de los Abbott? Aquí nuevamente hubo invitados de lujo. En la batería fue otro de Anthrax, Charlie Benante, mientras que la guitarra cayó en manos de una de las pocas personas que podría tocar esas canciones: Zakk Wylde.

La misión de Wylde no era menor. El estilo de Dimebag Darrell fue el que dio forma a un subgénero del metal, pero no se dedicó a homenajearlo ni a imitarlo. Lo que hizo fue tomar esa música e interpretarla desde su vereda. Lo hizo desde que partió todo con «A New Level», mostrándose con su propio sello, incluso con su insigne guitarra GBS con círculos.

«Walk» es un tema aparte, con uno de los riffs más identificables de todos los tiempos dentro del rock. Desde el primero de ellos, la gente se preparaba para el caos. El coro debe haber sido el que más fuerte se había escuchado hasta el momento, hasta bengalas se prendieron. Lo más cerca que habíamos estado de esto fue cuando Anselmo visitó Chile con Down, solo haciendo un guiño a la canción y dejando con todas las ganas a quienes estuvieron en el Club Hípico allá por el 2011.

Hasta un cover a Black Sabbath hubo con «Planet Caravan», cerrando todo con un clásico que hizo retumbar el estadio completo: «Cowboys From Hell». ¿Cómo será el show que realizarán con Sepultura en el Movistar Arena? ¿Incluirán alguna sorpresa? Pronto sabremos eso. Por ahora, Pantera se va entre ovaciones. De todas las edades, en todas las posiciones, la gente aplaudió. No se sintió como si vinieran solo a apelar a la emotividad, lo musical estaba en plena forma.

Lo de Judas Priest no fue sorprendente, pero sí una pequeña clase de historia del metal. Su apertura va de la mano con «War Pigs», clásico de Black Sabbath, el que rápidamente aviva los ánimos algo apagados por los minutos de espera. El escenario tiene una temática industrial, pero nada sobrecargado, todo ya dispuesto para que el llamado Metal God aparezca en escena.

Halford llega junto a un bastón, quizá más por el estilo que por realmente necesitarlo. Ya son 71 años en su cuerpo y se nota en una voz que requiere algo más de calentamiento antes de funcionar a plenitud. A pesar de eso, no demora mucho en llegar a aquel punto y entregar esos gritos agudos que lo posicionaron dentro de los mejores cantantes del género de toda su historia. Nada más y nada menos.

Además, estamos presenciando lo que es su gira de aniversario por 50 años de vida. De ahí que el setlist esté cargado a sus mejores trabajos, como Screaming for Vengeance, British Steel y Painkiller. De hecho, el primero de esos tres discos es el que entrega las tres primeras canciones del espectáculo.

Fue un pequeño repaso por lo más selecto de su repertorio, esa es la mejor definición del show. El trío final, con «Hell Bent for Leather», «Breaking the Law» y «Living After Midnight», selló un nuevo paso de los ingleses por Chile. Otro exitoso paso, pero sin brillar como otras veces. El talento y la magia sigue estando presente, pero no hubo mucho tiempo para apreciaciones.

Se pueden decir muchísimas cosas de Corey Taylor, líder de Slipknot, pero dos de ellas quedaron clarísimas en este paso por Sudamérica. Lo primero es el nivel de conocimiento que tiene de sus fanáticos, sabiendo cuánto presionar un poquito más para conseguir los resultados que espera. En eso hace magia. Un par de gritos y gestos para tener al público a sus pies. Y aquí tenía a miles de ellos, ya cansados por el calor y la hora, todavía saltando por su música. En eso nada que decir.

Lo segundo ya es más complejo y, claramente, también cosa de gustos: al norteamericano le gusta repetir sets. Es decir, lo que presentaron en Chile fue exactamente el mismo espectáculo que montaron en Argentina. Quizá la única diferencia fue que al otro lado de la Cordillera le cantaron el cumpleaños feliz, pero nada más. Y no es nuevo en él: hace años, en una visita con Stone Sour, hizo lo mismo.

Digo que es cosa de gustos porque hay platos que se podrían repetir varias veces seguidas sin generar nada de cansancio ni aburrimiento, pero esperaba más de la banda que estaba encargada de cerrar su propio festival. «Caballo ganador repite», podrían decir, pero aquí estaban corriendo solos y ganarían tocando cualquier cosa.

En lo musical, el show se sostiene en cinco de sus nueve miembros. Algunos, como Michael Pfaff -que llegó a reemplazar al icónico Chris Fehn– o Shawn Crahan, funcionan más como animadores del show. Son ellos quienes más se mueven sobre el escenario, golpeando barriles y haciendo una que otra marioneta que no se traduce en algo por los parlantes. ¿Esto los hace menos importantes? Para nada, son parte fundamental de la puesta en escena, pero no con instrumentos en sus manos.

Llamó la atención el poco movimiento de Taylor en el escenario, al centro y adelante, pero en su voz estaba todo lo que se necesitaba. Sus juegos en un español roto ayudaron también a alivianar en algo la presión de cerrar el festival. Sorprendentemente no fue mucha la gente que abandonó el estadio antes de su show, prácticamente tenia unas varias decenas de miles esperando a verlos. No por nada esto llevaba su nombre.

De la forma que sea, funcionó. Un show sólido, pero sin espacios para improvisaciones ni cambios que hagan sentir que fue un show único. No lo fue, pero tampoco necesitó serlo para coronar uno de los festivales de metal más destacados de los últimos años.

Antes de terminar, imposible no dejar por escrito los graves problemas que tuvo la producción. La falta de agua, con una temperatura de 35° y más, pudo provocar más de algún problema de salud. Eso no debería depender de los y las guardias o de las mangueras que se encontraban en el camino. Lo mismo con los ingresos, con filas que demoraban más de una hora. Eso solo termina tensionando las cosas.

Falto más gente a cargo, más baños, más puntos de agua y mejor comunicación con los cambios de horario. Afortunadamente nada de eso empañó la jornada para los miles que llegaron al Estadio Monumental. Eventos así no pasan todos los días, lo que puede hacer que se pasen por alto muchos detalles, pero son cosas que simplemente no deberían ocurrir.

Knotfest 2022

Fecha: 11-12-2022
Lugar: Estadio Monumental
Productora: Transistor
Fotógrafo: Nelson Galaz   @nelsongalazphoto
Periodista:    @


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agendamusical

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