Los cuernos rojos se tomaron las calles cercanas al Estadio Nacional. Algunas en jockeys, otras en cintillos con un AC/DC de plástico pegado, todo para seguir sumando elementos al show de los históricos australianos que llegaron al país después de varias décadas de espera. El lugar elegido fue el Parque Estadio Nacional, lugar elegido -según la producción- por el tamaño del escenario que allí se dispuso para esta gira, celebración de una extensa carrera mezclada con un último lanzamiento con ya algunos años de existencia, Power Up (2020).
Lamentablemente, el comportamiento del público marcó negativamente la espera. En las afueras se reportó alguna avalancha, mientras que el sector de pit -el más cercano al escenario- estaba a una capacidad que incluso se podría considerar peligrosa. Al menos dos personas cayeron desmayadas antes de la salida de la agrupación, convirtiendo en una misión gigante el poder acercarlas a las rejas para recibir ayuda. El agua, en vasos pequeños desechables, no llegaba más allá de la cuarta persona delante de la reja en momentos donde el calor humano ya provocaba problemas.



Con empujones de ida y vuelta por parte de hombres impacientes e incapaces de entender que no se podía seguir avanzando entre la , a las 21:30 se fueron las luces y apareció un video en las pantallas gigantes acompañado del clásico rolinga «Can’t You Hear Me Knocking». A los costados eran cuatro torres de sonido las que acompañaban, quizá de las más grandes que he visto en shows que no sean festivales, necesarias para llegar hasta el último de los asistentes de la cancha general. Esas explotaron con «If You Want Blood (You’ve Got It)», canción nacida cuando Bon Scott seguía siendo la voz de la agrupación en aquella etapa de los 70 donde todavía terminaba de cuajar esa mezcla de blues con hard rock.
«Back in Black» fue el primer clásico que sonó, entrando recién en el show. Con algo más de calma entre el público, que a punta de presión logró encogerse algunos metros, logramos vivir la experiencia de estos gigantes del rock: la boina de Brian Johnson acompañado de su vest brandeado de Harley Davidson o el traje de escolar de terciopelo de Angus Young. En ellos dos giraba el espectáculo, el resto de la banda en un segundo plano aportaba con gran técnica a crear un lienzo donde los otros dos pudiesen brillar.
Fue durante aquel hit que pudimos ver en vivo uno de esos movimientos icónicos del género, el duckwalk de Young que lleva haciendo por décadas cuando le tocan sus solos de guitarra. Es un personaje, uno que empieza con el clásico traje de escolar en un terciopelo rojo que brillaba ante los focos y que luego va cambiando en la medida que el show va avanzando, una especie de señal del avance del show. Por su parte, Johnson empuja un poco el límite con su voz, que a sus 78 ya siente el paso del tiempo, pero que mantiene la misma impronta de rock, motocicletas y chaquetas de mezclilla que siempre.
Quizá fue en «Thunderstruck» el único momento complicado para el guitarrista de la banda, quien batalló para seguir el ritmo del punto que abre la canción. Con el apoyo de Stevie Young y Chris Chaney esto pasó casi desapercibido para un público que acompañó con gritos desde el inicio aquella proeza de la guitarra, una de las más reconocibles de la época de oro del género. La campana gigante que se apostaba pegada al techo del escenario descendió para «Hells Bells», siendo otro de los momentos más capturados por las cámaras presentes. Mucho más lenta y oscura, sirvió para presenciar esa otra cara de AC/DC que muchas veces se pierde en las rápidas guitarras de Young, una en la que Johnson no debe forzar tanto su voz y que permite algo de descanso.
El término de «Stiff Upper Lip» dio paso a lo que sería casi como la segunda parte del show, una en donde la trayectoria se nota en una mezcla de manejo escénico y técnica. Es verdad que desde ahí, que coincidió con la apertura de las pantallas centrales, el show también bajó en algo de intensidad con pausas más largas entre canciones. Tras irnos a negro durante unos segundos, «Highway to Hell» nos revivió a todos del cansancio. Angus Young, ya con la vestimenta en otro estado, tocaba guitarra con cuernos para luego ocupar su corbata de la misma forma que Jimmy Page ocupaba un arco de violín para tocar su guitarra, notas distorsionadas que nos llevaron de vuelta a los 80.



«Shoot to Thrill», «Jailbreak» o «Dirty Deeds Done Dirt Cheap» también fueron parte de un set que se enfocó en lo histórico, repitiendo calcado lo que hicieron hace pocos días en Brasil. Las canciones «nuevas» quedaron en la primera parte del set, dedicando esto a hacer un repaso por esos tracks que instalaron a la banda dentro del olimpo del rock. «High Voltage» es prácticamente una de las canciones que define a la banda, siento uno de los puntos altos con una ejecución que deleitó a todos. El norteamericano Matt Laug, ahora dueño de las baterías, también se lució con un timing perfecto que hacían recordar los mejores años de Phil Rudd.
El cierre fue de lujo: tras «Riff Raff» y «You Shook Me All Night Long» apareció otro clásico como «Whole Lotta Rosie». Aquí la voz de Johnson ya había mostrado cuáles eran sus límites con los altos, pero incluso con eso se dio el lujo de mantener la misma potencia durante casi todo el show. Otro gran himno llegó con «Let There Be Rock», una de las canciones icónicas del periodo de Bon Scott a la cual Johnson le hizo bastante honor. Esta fue seguida de un extenso solo de guitarra de Young, uno que quizá se alargó un poco más de lo debido al afirmarse del cierre de esta canción y no explorar su guitarra por separado. Allí aprovechó de tirarse al suelo en una plataforma que se elevó mientras se lanzaba confeti por cañones, luego corrió y se subió a un segundo piso casi ignorado el resto del show para luego cerrar junto a sus compañeros. A cada pausa que parecía el final del solo, el gesto de escuchar al público lo alentaba a volver a gritar, despertando otro solo más en un ciclo que se repitió muchas veces. Gran talento, gran técnica, pero después de un rato se perdía el sentido.
Tras aquella exhibición, la banda pareció despedirse, pero tras un par de minutos volvieron para el último par de canciones: «T.N.T.» y «For Those About to Rock (We Salute You)», esta última siendo prácticamente una declaración de principios sobre lo que propone la banda. Al show se fue para rockear, para disfrutar, para sentir ese sentimiento colectivo esperado por muchos años. Padres con hijos, grupos de amigos y personas en solitario: todas unidas ante el grito de «we salute you», un saludo a aquellos que aguantaron el calor, los empujones y todo aquello que no siempre es muy agradable, pero que forma parte de la experiencia de la música en vivo. Ellos abandonaron el escenario con fuegos artificiales en el cielo, demostrando que son parte de la elite del rock. Lastima tener que haber esperado tantos años para ver este espectáculo en nuestras tierras, ya sin Malcolm Young, pero cada uno de los más de 80.000 presentes se fue feliz. Algunos machucados, pero felices.
Fotos: Andie Borie y DG Medios





























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