FOTOS | Lollapalooza Chile, día 1: Right here, right now


Tras largos meses de espera, llegó la versión nº14 de Lollapalooza Chile en su flamante regreso al Parque O’Higgins. Como buen viernes, el movimiento comenzó ya llegada la tarde con los metros abarrotados -incluso forzando el cierre del andén momentáneo en la estación Los Héroes- y filas de ingreso que avanzaban bastante eficientemente.

Viagra Boys fue una de las primeras agrupaciones que logramos ver, en aquel Alternative Stage que se mezcla entre los árboles cercanos a la Av. Viel. Esta es una banda que transita entre la técnica de sus músicos y la calculada desprolijidad de su voz, Sebastian Murphy, quien termina traspasando un mensaje que va más allá de lo musical.

Si bien sus orígenes en el punk -y otros relacionados como el post-punk o el garage- los hacen mantener guitarras rápidas y letras filosas, lo llevan un paso más allá incluyendo flauta y sax en manos de Oskar Carls que claramente sacan de la rutina de este tipo de shows. Y poco demoró Murphy en llevarlo al ámbito político, enviando mensajes contra el nuevo gobierno, contra el auge del fascismo en el mundo y la demanda por una Palestina libre.

Por suerte una nubosidad parcial bajó la temperatura entregando una tarde más que agradable, todo mientras cientos y cientos seguían llegando por los tres accesos al festival. Como dato: el de Rondizzoni puede conllevar una mayor caminata, pero era el más expedito.

Uno de los grupos que se repitió el plato -ya por tercera vez- fue Interpol. Con su clásica estética que hace pensar en un tipo moderno de cine noir, llegaron con baterista suplente tras la lesión de Sam Fogarino. Este trabajo recayó en Urian Hackney, quien entregó una versión algo más potente de lo que estamos acostumbrados para ciertas canciones, algo que le entregó algo de novedad a un set cargado a los éxitos.

«All the Rage Back Home» prendió el ambiente tras su aparición sobre el escenario, siendo seguida por «No I in Threesome», canción que forma parte del disco que los trajo por primera vez al país allá por el 2008. De hecho, lo más nuevo que se escuchó fue «The Rover» del 2018, sin tocar nada de The Other Side of Make-Believe (2022). Es verdad que este año planean lanzar nuevo disco, pero no deja de ser llamativo que hayan ignorado completamente su último lanzamiento, aunque probablemente la ocasión de tocar en un festival los lleva a los éxitos.

Y funcionó. Cerca de una hora, 11 canciones, todo muy parejo en un show que incluyó un atardecer de fondo que también sumó a canciones como «Evil» o «Narc». La agrupación liderada por Paul Banks sabe a lo que viene, conoce a este público al que ya ha enfrentado al menos en una decena de oportunidades difefentes, siempre en un español que permite una mayor comunicación. A estas alturas ya no tienen nada que demostrar, un espectáculo sin grandes luces, pero de gran nivel.

Doechii era una interrogante. Tiene varias canciones virales y un ascenso dentro del pop/hip-hop como pocas artistas han tenido, todo en base a un talento crudo y una determinación que la llevaron de su habitación hasta grandes escenarios del mundo, pero en vivo la cosa siempre cambia. Al llegar al escenario, muchas telas colgaban de fondo para ver algunas siluetas bailando y una intro centrado en el personaje de Ms. Chi Chi leyendo tarot.

Esto ya nos sacó de una duda: no será solo una presentación de canciones, hay un relato. Más allá de una historia -como hizo Sabrina Carpenter- era la instalación de una idea, de un mundo personal donde había un podio para cantar en solitario, una tarima para compartir coreografías e incluso un sillón/cama, todo dando espacio para todas las facetas de la artista.

La norteamericana no se queda solamente en un lugar dentro del hip-hop, con canciones que muestran claras influencias del mundo queer –«Alter Ego»– incluso llegando a hacer voguing sobre el escenario. En otras recurre más a su lado emocional –«anxiety»– y en otros a uno agresivo –«Nosebleeds»-, sin dejar de moverse ni bailar en casi ningún momento. Esa es la energía que muestra alguien a quien le ha costado sudor y lagrimas ascender. Hasta un cover de Beyoncé metió en su set. Un espectáculo sólido, sin dudas.

Deftones era uno de los más esperados de la tarde, tanto por los fanáticos que repletaron el Parque O’Higgins con sus poleras como también por el público más joven seducido por la curiosidad. Eso sí, es una versión diferente a la banda que vimos el año 2018 por última vez en el país, ocasión donde tenían otro bajista y contaban con la presencia de su guitarrista Stephen Carpenter.

Por motivos personales, Carpenter decidió no acompañar a la agrupación en sus giras fuera de Estados Unidos. Para suplirlo, dos guitarristas más se sumaron a la alineación: Lance Jackman tomando su lugar y Shaun Lopez al rincón del escenario, casi escondido. Cualquiera que nunca los hubiera visto en vivo antes podría no haber notado diferencia, pero la hace para aquellos que los siguen hace más años. El hombre de la guitarra de ocho cuerdas es fundamental en el sonido de los norteamericanos.

Dejando de lado aquel cambio, que también se suma al de Fred Sablan por Sergio Vega en el bajo, todo giró en torno a Camilo «Chino» Moreno. Incombustible, corrió, saltó y gritó igual que hace 20 años cada vez que fue requerido. Eso sí, la misión era una: mostrar que se mantienen vigentes y cada vez para escenarios más grandes, llegando con su último disco private music (2025) bastante fresco.

De hecho, este disco fue el que se llevó más canciones de un set bastante extenso para el tiempo que les encomendaron. Así fueron cruzando clásicos como «Be Quiet and Drive (Far Away)» con «my mind is a mountain», dejando también una sección para tres canciones seguidas de este trabajo: «ecdysis», «infinite source» y «cut hands».

Los californianos nos llevaron por donde quisieron, tanto en la intimidad de canciones como «Sextape» o «Cherry Waves» como en la fuerza de «Swerve City» o «Rocket Skates». De la misma forma, dejaron casi olvidado al regalón del público White Pony, pero tienen un repertorio tan amplio que se pueden dar el lujo de ignorar completamente un álbum y seguir llenando de clásicos.

En esta oportunidad, Moreno y compañía presentaron un show que podría considerar como ampliado. No sé si será solo por este festival o también en solitario, pero hay ciertos gestos o actos -alargar las guitarras, por ejemplo- que no se veían tanto en sus anteriores presentaciones. ¿Estamos viendo a la versión madura de Deftones? Probablemente, una evolución necesaria en una agrupación cuyos integrantes ya superan loso 50 años. No cambiar es morir, está bien.

 

Toma pocos minutos para notar lo gran showgirl que es Sabrina Carpenter. Siguiendo la escuela de Dolly Parton, la norteamericana vende una mezcla de sensualidad, naturalidad y simpatía que hace enganchar rápidamente con todo lo que propone. El escenario también ayuda, con estructuras de varios pisos que le entregan más posibilidades de desarrollar un show que emula la fantasía de «Sabrina Carpenter Live!», un show de variedades donde ella es el centro.

Acompañada de numerosos bailarines, la norteamericana basó su espectáculo en sus últimos dos discos, trabajos que han impactado la escena del pop con una imagen y sonido que regalan muchos guiños a los años 70. Lanzados en años seguidos, Short n’ Sweet (2024) y Man’s Best Friend (2025) consolidaron esa imagen que muchas veces es difícil de catalogar como empoderada o conservadora, pero que deja en ese gris lo divertido de la propuesta.

Dentro de este show de variedades, la artista se tomó la licencia de hablar largo y tendido, similar a la propuesta de Miley Cyrus hace algunos años. Los videos que aparecían en las pantallas entre canciones, con algunas señas a los títulos de sus canciones, también ayudaban a calentar el ambiente en momentos que usualmente reina el silencio. De esta forma jugó con el público haciéndolo competir entre lado a lado, repitiendo varias veces el «chi chi chi» o incluso bromeando con otra artista del festival como

Aprovechando una competencia entre sus bailarines, llegó un cambio de vestimenta que también llevó el espectáculo hacia otro lado. «Bed Chem» marcó una diferencia mostrando algo más directamente un lado de Carpenter que solo suele insinuar, yendo luego a «Juno» y luego éxitos mundiales como «Please Please Please» y el cierre con «Espresso». Incluso, para celebrar su primera visita a la región, Carpenter entregó la primera vez en vivo de «Never Getting Laid».

El tiempo pasó muy rápido gracias a lo bien planificada de la presentación, sin vacíos de tiempo y con constantes apariciones de elementos que ayudaban en la historia, como sus iniciales en gigante o una cama que contaba con cámara zenital. Entretenido y contundente.

 

Ya era tarde y varios eligieron irse, pero quienes se mantuvieron en el Parque O’Higgins pudieron ver el cierre de la primera jornada en la voz de uno de los grandes nombres de la música nacional actual: Young Cister.

El artista de música urbana se presentó junto a una escenografía de estación de servicios brandeada como «Xulo Express Market», sumando una decena de bailarines junto a él y una cámara que lo fue acompañando como si fuera un video musical en vivo y en directo.

Levantar una fiesta a esa hora no es para nada fácil, pero con canciones como «janeiro» u «OH LA LA» lo logró. En la medida de lo posible, claro, que después de medianoche ya las piernas comienzan a pesar. Aprovechando la oportunidad, también agradeció la posibilidad de cerrar el día dentro del festival, en especial siendo un artista chileno.

Este factor horario no hizo que la reacción del público fuera mayor, pero por parte del artista fue impecable. Se nota el crecimiento que ha tenido desde su último paso hace tres años, tiempo en el que no solo ha lanzado discos, sino que también fue capaz de repletar el Estadio Bicentenario de La Florida. Y así, varios minutos antes de lo anunciado en los horarios, el artista urbano dejó el escenario. Quizá su lesión en la rodilla jugó un papel, pero de todas formas ya había entregado un show más que completo.

Así se fue el primer día. Si bien todos los años la producción entrega algo con mejorías respecto del pasado, esta versión la diferencia se notó todavía más. Desde los puntos de agua, la distribución de los espacios o poder contar con árboles y sombra hasta el hacer los escenarios y pantallas más grandes, asegurando visibilidad a largos metros de distancia. Todas mejoras que hacen la experiencia todavía más disfrutable. No hay duda que la casa del festival es en este parque.


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