Entrevista a los fundadores de Lollapalooza Chile en tiempos de coronavirus


El 2020 ya no fue como lo esperábamos en los últimos meses del año pasado. Ya eran varias decenas los conciertos confirmados y varios los festivales que estaban listos, entre ellos el más grande: Lollapalooza, que en esta ocasión celebraría su décimo aniversario con un lineup que consideraba nombres gigantes como Guns N` Roses, Travis Scott, The Strokes, Gwen Stefani, Martin Garrix, Lana Del Rey, entre otros.

Pero como todos sabemos la situación cambió y la industria de la música en vivo sufrió la cancelación de todos los espectáculos por el covid-19. A solo 14 días de su inicio el Ministerio de Salud notificó a Lotus, productora a cargo del festival en Chile, que el festival no podría ser realizado.

La revista Capital logró conversar con los fundadores de la productora, Matías Awad, Maximiliano del Río y Sebastián de la Barra, quienes no habían hablado públicamente desde entonces. Es por esto que les solicitamos poder compartir esta entrevista entre nuestros lectores.

El nuevo escenario Lollapalooza

Periodista: Trinidad Infante
Fotos: Lotus Producciones
Agradecimientos: Revista Capital

¿Lollapalooza parte desde cero?
-¡Para nada!

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El 12 de marzo las cartas ya estaban echadas. Era el mediodía cuando el propio ministro de Salud, Jaime Mañalich, se contactó con los socios de Lollapalooza para confirmar el rumor que daba vueltas hacía días: se cancelaba la décima edición del festival del Parque O’Higgins para prevenir contagios por coronavirus. Pese a que la notificación a esas alturas era algo más que evidente, el equipo de Lotus Producciones sintió pena. “Era algo que teníamos que aceptar y acatar de la mejor manera, siendo responsables con los fans, con los artistas y las más de ocho mil personas que trabajamos cada año para hacer posible este festival”, cuenta Sebastián de la Barra, el fundador de Lotus, quien tras un viaje a la India en 2005, tentó a dos amigos –Maximiliano del Río y Matías Awad, ingeniero comercial de la Chile y agrónomo de la UC– a formar una pequeña empresa para realizar recitales. La llamaron Lotus.

No tuvieron mucho tiempo para digerir la noticia: el mismo día que se tomó la decisión de cancelar el show, los tres emprendedores se pusieron en contacto con los representantes de los artistas que integraban el line up; entre ellos, Guns’n Roses, The Strokes y Gwen Stefani. “Lo entendieron. Ninguno se había bajado antes que nosotros les avisáramos, ya que las bandas suelen ser súper leales a menos que alguna fuerza mayor les impida asistir, como el caso de Snoop Dog que se le murió un familiar o Yeah Yeah Yeahs que canceló su show en el primer Lolla del 2011 por complicaciones de salud en las cuerdas vocales de su vocalista Karen O”, indica De la Barra, quien confiesa que ahora, a casi tres meses de ese particular día, dice tener sentimientos antagónicos. Por un lado está consternado por el freno en la industria a nivel global. Y por otro, asegura haber obtenido lecciones y aprendizajes, como “valorar lo importante”. “Hay que aprovechar a tus seres queridos, a dedicarle tiempo al espíritu y al desarrollo holístico”, dice el ingeniero comercial de la Universidad Diego Portales, quien desde que llegó de la India, medita con frecuencia.

Es la primera vez que uno de los Lolla habla públicamente. No habían querido hacerlo. De la Barra cuenta que en marzo comenzaron a hacer modificaciones en el equipo, integrado por 50 personas y que tiene como sede una casa que arriendan en Rosa O’Higgins. La misma que por estos días está vacía. “El año pasado realizamos 50 conciertos, entre el Cirque du Soleil, Lollapalooza y otros festivales, y tuvimos que hacer ajustes sin duda. Hay muchos gastos que bajamos y estamos como todas las productoras en modo sobrevivencia. Tuvimos que, lamentablemente, dejar partir a un 15% del personal y bajar nuestros honorarios porque los ingresos se fueron a cero y todavía no sabemos cuándo va a ser el regreso”.

-¿Cómo se viven estos días en la productora?
Con tristeza, pero con la tranquilidad de que el festival muy pronto va a suceder nuevamente en Chile y que vienen muchos años más por delante. Lollapalooza vino para quedarse y ojalá como un recital de Glastonbury (evento que se organiza en Inglaterra desde 1970), puedan pasar cincuenta años y sigamos celebrándolo. Vamos a ser la generación de abuelos que iremos con nuestros nietos al festival.

“No somos tan groupies”

Lollapalooza partió como una idea de tres amigos, dos de ellos –Awad y Del Río– compañeros de colegio. Soñaban con traer Lollapalooza a Chile y en 2010 tomaron un avión a Los Ángeles para negociar directamente con sus fundadores, Perry Farrel y Marc Geiger. Según Sebastián de la Barra, hay momentos inolvidables en la productora y “muchos que quedan por vivir”. Su sueño imposible es haber traído al fallecido cantante de reggae Bob Marley y anhela concretar el aterrizaje de los ex Pink Floyd David Gilmour o Roger Waters, de Tool, de los Rolling Stones, de Robert Plant e incluso tener una hipotética reunión de Led Zeppelin.

Uno de los momentos que más atesora, cuenta al teléfono, es haber conocido a los integrantes de Pearl Jam y viajado a Lollapalooza Chicago para convencer a Foo Fighters, en medio de una fuerte tormenta en la ciudad estadounidense, que viajaran a Sudamérica. “Para nosotros, como fans de la música, haber traído a Pearl Jam al Nacional y el concierto en 360 del Movistar Arena es un orgullo”, dice. De todas formas, considera que en el equipo “no somos tan groupies” e intentan ser lo más funcionales frente a figuras tan emblemáticas. Con algunas de ellas incluso han logrado entablar amistades, como es el caso del cantautor de folkrock hawaiano Jack Johnson, quien en su último concierto en Espacio Riesco, en 2017, viajó a Punta de Lobos invitado por el surfista Ramón Navarro a conocer la fundación conservacionista del presidente de EuroAmerica, Nicholas David, Patricio Mekis, Mauricio Godoy y Arturo Roa, que busca resguardar el borde costero. Allí compartieron fogatas, Johnson surfeó todos los días junto a su esposa Kim y sus hijos, e incluso realizó un par de relajados recitales con su ukelele.

Por estos días, en Europa y Estados Unidos, miembros de la industria comienzan a analizar diferentes alternativas para reactivarse. El artista danés Mads Langer realizó un concierto al aire libre en Aarhus, Dinamarca, en el que el público se encontraba dentro de sus autos en una gran explanada. “Nosotros estamos explorando otras ideas y esa no nos parece tan atractiva a desarrollar para los meses que vienen”, asegura De la Barra. “Es súper válido reunirse de esa forma en torno a la música, pero a mí en lo personal no me convence tanto”, dice.

El bosque y el recital benéfico tipo Together at Home

Cada semana, el equipo analiza la situación internacional y la transición a una nueva normalidad. Una de las tareas en la que invierten gran parte de su tiempo estos días es el desarrollo “de algún evento online” benéfico a corto plazo, en conjunto con otras productoras y artistas. La idea es apoyar la golpeada industria nacional. “Estamos preparando un proyecto que pueda generar un aporte económico. Es un evento online al que vamos a invitar a algunos artistas y a otras productoras a que se sumen para generar algunos ingresos”, adelanta.

-¿Así como Together at home, versión chilena?
Algo similar. Estamos estudiando un par de alternativas para poder crear valor y generar un pequeño fondo. Y, por otro lado, estamos participando junto a varios otros promotores relevantes en generar los puentes con el gobierno para poder visibilizar el problema que vive nuestra industria. Fuimos los primeros en parar y vamos a ser los últimos en regresar.

“Muchos tenemos la esperanza de que sea más pronto que tarde,” asegura. Sin embargo, De la Barra dice que aún no están las garantías mínimas para que eso ocurra. Y que algunos lo van a resentir más que otros. “Hay grupos como los Rolling Stones que quizás tardarán aún más en volver a los escenarios, al estar dentro del grupo de riesgo del virus. Lo mismo ocurre con la música clásica. Debido a su rango etario, ellos mismos quizás se van a querer guardar unos pocos meses más que otras bandas con audiencias más jóvenes como, por ejemplo, Twenty One Pilots”, señala a modo de comparación. Y que, por lo mismo, debiera haber un acuerdo a nivel de industria: “Mientras no exista una vacuna para el Covid-19, y se sigan cancelando eventos, la responsabilidad de asistir a un concierto debiera ser asumida tanto por fans, como por artistas y productoras”.

Insiste en que el sector está “profundamente dañado” desde el estallido social y que ha sido impactado por unos 250 millones de dólares en la pandemia, con la que cerca de 200 mil empleos podrían perderse, es decir, un 25% de los que genera la industria de la entretención en Chile.

Hoy, los ojos están puestos en lo que pasará con Lollapalooza Chicago, que aún no confirma su cancelación, y una eventual realización del festival Coachella en California en octubre. “Tenemos la última esperanza puesta ahí, y de que podamos volver antes de lo esperado”, agrega.

Link a entrevista completa: https://www.capital.cl/el-nuevo-escenario-lolla/


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